El fraude de Fidel

    0
    49

    José Legrá, boxeador cubano nacionalizado español muy querido por su carisma, nunca ha sabido ser falso, lo cual le ha costado alguna que otra antipatía e incomprensión.

    Antonio Moreno Ruiz 

    José Legrá, boxeador cubano nacionalizado español muy querido por su carisma, nunca ha sabido ser falso, lo cual le ha costado alguna que otra antipatía e incomprensión. Tal vez por ello nunca ha renegado de sus simpatías y agradecimientos hacia Franco (al contrario que muchos que decían ser antifranquistas de toda la vida a partir de la muerte del general), y recuerdo que una vez comentó que, yendo a Cuba y sin saber cómo lo recibiría Fidel Castro, para su sorpresa, fue muy bien recibido, diciéndole el comandante que en Cuba querían mucho a los gallegos, y al gallego que más querían era a Franco.

    Franco, como buen gallego, era implacable con sus enemigos mas agradecido con sus amigos. La variopinta amistad que mantuvo con Fidel sin duda merecería desde tesis doctorales hasta novelas. Empero, también se ha descubierto gracias a archivos desclasificados que Fidel tuvo excelentes relaciones con el argentino Videla.

    Definitivamente: El mundo de las ideologías siempre ha sido mentira. El siglo XXI nos despertará a la fuerza, más pronto que tarde. Ni los mismos ideólogos se la acabaron creyendo en su tiempo.

    Prosiguiendo con Fidel: En cuanto a su “galleguidad”, también creo que también hay mucho mito. Fidel era hijo de gallego, sí, pero cuando el político Manuel Fraga (hijo de gallego emigrado a Cuba) fue a Cuba y se encontró con el comandante, le dijo algo de “meigas” y a Fidel le sonó a chino. “Meiga” es probablemente una de las palabras más usadas en el noroeste de España, pues amén de “bruja”, se utiliza en según qué contextos. Pero Fidel no pareció estar muy enterado. Y es que si hay algo que califique la tiranía castrista, entre otras muchas consideraciones, ha sido el fraude. En todos los sentidos. Y su diarreico hijo, el llamado “socialismo del siglo XXI” propagado desde la surrealista tiranía bolivariana,  no iba a ser menos.

    Con todo, luego del apretón de manos entre Raúl Castro y Barack Hussein Obama, no pocos en Cuba se apresuraron para poder exhibir la bandera estadounidense. ¡Esta era la resistencia antiimperialista! Y uno no quiere ser muy conspiranoico, ¿pero acaso no escama que Estados Unidos, que ha metido las narices violentando más de medio mundo que ha considerado su tablero de ajedrez, no haya derrocado a los Castro cuando sí han derrocado a otros muchos? Se me viene a la mente un dato: J. Jairo Velásquez,  “Popeye”, uno de los sicarios más destacados del famoso narcotraficante colombiano Pablo Escobar, lleva años diciendo que el cartel de Medellín negociaba con Cuba. A lo mejor por ahí van los tiros.

    Aunque la verdad sea dicha, no todo empezó con el fraude de Fidel. La verdad es que Cuba y Puerto Rico constituyeron lo mejor de la América Española del XIX, porque aparte de su solera tradicional, allá fueron a confluir, entre otros, muchas familias realistas huidas del continente que se negaron a reconocer las repúblicas inventadas luego de desastrosas guerras cuyo mayor beneficiario fue el imperio británico. Aun con la ineptitud propia de los gobiernos liberales españoles del siglo XIX, no fue hasta la invasión estadounidense que estas perlas antillanas comenzaron a venirse abajo. Los que habían rechazado a Bolívar y compañía se veían ahora en la misma tesitura que el continente. Cuba, por una guerra cruenta donde en verdad los separatistas (siempre con deseos de ser anexados por Estados Unidos) llevaban las de perder; Puerto Rico, que ni guerra tuvo, y se vio forzada a ser extirpada de su patria de la manera más humillante, quedando como tierra de nadie.

    Estados Unidos no tocó las Antillas de Francia, Holanda o Gran Bretaña; y hasta hoy. Sin embargo, comenzó una ofensiva contra España, rescatando la Leyenda Negra, e inventándose que fue España la que explotó el barco “Maine”, que menos de un siglo después ya reconocieron como mentira. Un tragicómico antecedente de las armas de destrucción masiva de Irak.

    Cierto es que la primera época de la Cuba separada de España no se compara con el fraude castrista: Durante la primera mitad del siglo XX, ostentaba el nivel de vida más elevado de Hispanoamérica, llevando la primacía con Argentina. En los primeros años de su época republicana, había recibido una emigración masiva de españoles. Era una sociedad próspera y dinámica. Sin duda Batista no era el mejor de los gobernantes. Llegaron los hermanos Castro con sus barbudos. Rezaban el rosario si hacía falta. Pronto, sin embargo, empezaron las ejecuciones y las prisiones, labor en la que se destacó el argentino Ernesto Guevara. Ya la vaina no era contra Batista, sino contra todo aquel que les tosiera. Muchos hijos y nietos de aquellos españoles que habían llegado a la isla a laborar se tuvieron que ir a Florida. No es casualidad que Gloria Estefan o Andy García, o que hasta el mismo Fidel Castro, tengan ascendencia española tan directa.

    Fidel dijo que no era comunista. Chávez también negaría el comunismo. Y en verdad Fidel (así como sus esbirros), más que comunista, era fraudulento y oportunista. Mantenerse en el poder a toda costa fue su consigna. Y cuando estaba más debilitado que nunca, recibió el petróleo de Venezuela como el maná rojo.

    Hay quien dice que “en su día se hizo comunista por la presión de Estados Unidos”. ¿Pero acaso Estados Unidos no le dio la espalda a Batista y estaba en buenas relaciones con Fidel en plena revolución?

    También dirán: “Cuba es pobre por culpa del embargo del imperio norteamericano”. ¿Pero acaso Cuba no tenía excelentes relaciones con el imperio soviético? ¿Acaso no las tiene con el actual imperio chino? ¿Por qué no las aprovechó para sacar de la miseria a su gente?

    Y también dirán: “¡Pero es que Cuba tiene muy buena medicina!”. Entonces, ¿por qué Fidel hacía venir a médicos españoles cada vez que se sentía mal? Chávez se creyó lo que no se creyó ni Fidel sobre los médicos cubanos. Fidel ha llegado a los noventa años; Chávez no ha visto los sesenta. No me digan si la vida no tiene ironías contundentes…

    No se engañen más. No hay romanticismo que valga. El castrismo, aparte de inepto, es corrupto y ladrón por antonomasia. Aun comerciando con más de medio mundo, como lleva ya bastantes años, ha sido incapaz de sacar a su pueblo de aquel atolladero de miseria, donde lo mejor que te pueda pasar es trabajar de mesero para así arañar alguna que otra propina en dólares, mientras que la oligarquía dizque comunista lo único que ha hecho ha sido agrandar sus lujos.

    Eso sí: Para mandar soldados a terribles guerras africanas, Fidel nunca escatimó. Menos todavía escatimó para mandar espías y comisarios políticos que campan a sus anchas por lo que queda de Venezuela como si fueran los “sheriffs” de las películas del Lejano Oeste, y que ya están a placer en Colombia. El triángulo Obama-Castro-Santos, con las FARC como estrellas absolutas, no habría sido imaginado ni para un guión de película de Cantinflas.

    Fidel no es el único responsable, ciertamente, pero sí el que más y mejor remató la faena que en verdad empezaron los gringos. Tal vez por eso, y por otras cosas como ya señalamos, nunca lo derrocaron. Sin duda,  ha hecho muy bien el trabajo sucio: Las niñas se prostituyen a cambio de chocolatinas y desodorantes. La Cuba del comunismo hereditario es un tétrico cuchitril que apenas inspira ya ni para una novela de realismo mágico.

    Dijo Benito Mussolini: “La storia me dará la ragione”. Fidel Castro dijo algo muy parecido: “La historia me absolverá”. Pero “la historia” no es ninguna especie de “señora infalible y etérea”, y Fidel, desde luego, ha dejado demasiadas pruebas en su contra.

    Ahora Fidel ya es cosa del Altísimo. Sea Él quien se encargue de su alma.

    Deja un comentario