Un asesino, traidor a España y a Cuba llamado Máximo Gómez

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    La mayoría de las víctimas de los mambises, fueron achacadas a los españoles, con el único objetivo, de lograr la intervención norteamericana, como finalmente ocurrió.

    Fuente: Adaptado del El Veraz y Foro 1898, punto de encuentro.

    Los españoles de Cuba, en su locura independentista, fueron los primeros en iniciar una política de tierra arrasada. El principal arquitecto y responsable de su ejecución fue el mercenario Máximo Gómez.

    La realidad  de 1897 no es la aprendieron los niños en la escuela, todo lo contrario. El General Valeriano Weyler había conseguido pacificar la region occidental de la isla, la más rica y próspera (en las que se concentraba el ochenta por ciento de la riqueza productiva de Cuba), tanto que en la misma se asegurará la Zafra azucarera.

    Eso, sin olvidar que los rebeldes tampoco consiguieron el control de ninguna ciudad o pueblo pequeño en la parte oriental del país que seguían en su totalidad entre las manos del ejército regular o las tropas de leales a España.

    Pero lo que ignoran las nuevas generaciones de españoles de Cuba, y también los más mayores, es que los cubanos son tan (o más si cabe) condenables que los peninsulares en los crimenes que se cometieron durante la llamada ¨Reconcentración¨.

    No fue Valeriano Weyler, el primero en utilizar las técnicas y tacticas de la reconcentración como estrategia de guerra.

    La ¨Reconcentración Mambisa¨ fue en muchos aspectos, igual o peor por sus consecuencias, a la Reconcentración de Valeriano Weyler.

    Las víctimas en ese período, les corresponden en partes casi iguales, tanto a los españoles, como a los insurrectos cubanos.

    La mayoría de las víctimas de los mambises, fueron achacadas a los españoles, con el único objetivo, de lograr la intervención norteamericana, como finalmente ocurrió.

    La verdad es que la idea de lograr la intervencion norteamericana en la Guerra de independencia, estaba entre los principales objetivos de la dirigencia de la insurrección desde el mismo comienzo de la rebelión.

    Las víctimas de la furia incendiaria huían hacia las poblaciones dominadas por los españoles.

    Una de las causas de la derrota de los rebeldes, fue específicamente esa, que no lograron aglutinar a los habitantes de la parte occidental de la isla, a favor de la insurrección mambisa, en parte desde luego, por la crueldad y el abuso que utilizaron en esa región del país, cometiendo verdaderos crimenes contra la población civil, verdaderos asesinatos, hechos estos desde luego, nada heroicos, nada honorables.

    Veamos la siguiente circular de Máximo Gómez, del 1ero de julio de 1895, mucho antes de que llegara Valeriano Weyler a Cuba el 10 de febrero de 1896.

    “Circular del Cuartel General del Ejército. 1° de Julio de 1895.

    A los señores hacendados y dueños de fincas ganaderas:

    En armonía con los grandes intereses de la Revolución por la Independencia del país; considerando que toda explotación de productos, cualesquiera que ellos sean, sirven de ayuda y recurso al enemigo que combatimos, este Cuartel general dispone:

    1.° Queda terminantemente prohibida la introducción de frutos de comercio á poblaciones ocupadas por el enemigo.
    2.° Queda asimismo prohibida la introducción de ganados en pie.
    3.° Las fincas azucareras paralizarán su labor y las que intentaran realizar la zafra, serán incendiadas sus cañas y demolidas sus fábricas.
    4.° Los que infringiendo estas disposiciones, trataren de sacar lucro de la situación actual, evidenciarán desde luego poco respeto á los fueros de la Revolución redentora, serán considerados como desafectos, tratados como traidores y juzgados como tales, caso de ser apercibidos.

    —El General en jefe, M. GÓMEZ.

    Nota.- Los frutos cuya introducción prohíbe esta circular son: tabaco, café, maderas de labor y construcción, guano, cera, miel, cueros, demajagua y ganados de todas clases.

    Y esta otra, firmada por el mismo asesino el 6 de noviembre de 1895, mucho antes de que llegara Valeriano Weyler a Cuba, el 10 de febrero de 1896.

    “Circular. — Cuartel General del Ejército Libertador. Jurisdicción de Sancti-Spíritus. Noviembre 6 de 1895.

    Animado del mismo espíritu de inquebrantable resolución, en defensa de los fueros de la Revolución redentora de este pueblo de colonos, vejado y despreciado por España y en armonía con lo dispuesto sobre la materia en circular de 1.° de Julio, he venido en disponer lo siguiente:

    1.° Serán totalmente destruidos los ingenios, incendiadas sus cañas y dependencias de batey y destruidas sus vías férreas.
    2.° Será considerado traidor á la Patria, el obrero que preste la fuerza de su brazo á esas fábricas de azúcar, fuentes de recursos que debemos cegar al enemigo.
    3.° Todo el que fuere cogido infraganti ó resultase probada su infracción al art. 2. °, será pasado por las armas.

    Cúmplase por todos los Jefes de operaciones del Ejército Libertador, dispuesto á enarbolar triunfante, aun sobre escombros y cenizas, la bandera de la República Cubana. En cuanto á la manera de hacer la guerra, cúmplanse las instrucciones que privadamente tengo dadas. El honor de nuestras armas y el reconocido valor y patriotismo de usted hacen esperar el exacto cumplimiento de lo ordenado.

    — El General en jefe, M. GÓMEZ.

    Y estas circulares abarcaron no solo a los hacendados y dueños de fincas, sino también al más simple de los campesinos y no era solo contra personas de origen español, sino también contra personas de origen cubano, concretamente contra los que los mambises llamaban despectivamente ¨Los Pacíficos¨, que eran personas, que solo querían trabajar en paz y que no tomaban partido ni por los españoles ni por los mambises.

    En nombre de estas circulares se cometieron miles de asesinatos contra personas inocentes, contra la población civil, contra todo aquel que no queria unirse forzosamente a los mambises. Miles de campesinos fueron ahorcados en presencia de sus familias.

    Muchos campesinos fueron forzados al trabajo esclavo por parte de las tropas mambisas.

    El Diario de la Marina, publicaba el testimonio de un campesino secuestrado por los insurrectos, que fue obligado por éstos a penosos trabajos de carga.

    Cuenta el campesino que para su desgracia, se topó con las tropas de Maceo a su regreso de Mantua, que iban secuestrando a cuantos campesinos se tropezaban en su camino, a fin de que le sirviesen de acémilas, conduciendo sobre sus hombros los pertrechos de guerra.

    “Amarráronle codo con codo y después le cargaron dos arrobas y media de municiones. Estas estaban en un saco; a modo de alforja, agujereado por el medio para dar paso á la cabeza, de modo que la carga gravitase mitad sobre la espalda y mitad sobre el pecho”.

    Por ejemplo se sabe que el ejercito español en Cuba llego a tener 5,526 acémilas (Bestias de Carga que eran Mulos y Burros principalmente)

    Solo Maceo a modo de ejemplo, en su tropa llevaba más de 300 «acémilas» solo que las «acémilas» eran campesinos obligados a la esclavitud.

    Por otra parte hay que destacar que los mambises se ensañaron particularmente contra la región occidental de la isla, por la indiferencia que existía a la causa de los insurrectos.

    George Bronson Rea, corresponsal del Heraldo de NY, uno de los periódicos de mayor circulación para la época en Norteamérica, estuvo como corresponsal de Guerra, unas veces al lado de Máximo Gómez, otras al lado de Antonio Maceo.

    La verdad de la guerra fue contada por un periodista nortemericano pero su libro no puede consultarse en Cuba.

    George Bronson Rea formó parte de los mambises, desde el 29 de Enero de 1896 más o menos en la misma fecha, en que ingresó Carlos Mendieta a la guerra, hasta mediados de Marzo de 1897 y en su libro ¨Facts and Fakes about Cuba¨ (La verdad de la guerra. Revelaciones de un periodista yankee) cuenta con lujos de detalle los pormenores de esta etapa.

    Según el testimonio de George Bronson Rea con relación a la invasión a occidente nos dice:

    “… El principal propósito de Máximo Gómez era, establecer un estado de guerra total en esa parte de la isla, y el único medio de lograrlo era, según el, quitándole a la población, toda esperanza de ganarse el sustento”.

    Esta idea era la que presidía el plan de invasión. Los orientales estaban indignados por la indiferencia de sus paisanos en la parte occidental de la isla, y habiendo ellos sufrido los rigores de la guerra en la Guerra de los diez años en la parte Oriental de la isla, querían que los otros sufrieran ahora, la miseria y los horrores que consigo lleva la manera de combatir de las guerrillas y las partidas

    Según el testimonio del periodista, este era el estado de las tropas mambisas:

    “… Mis primeras correspondencias parecían todavía favorables a la causa cubana; pero cuando por mí mismo, pude enterarme de los procedimientos y tácticas empleadas por los insurrectos, me convencí de la verdadera descomposición moral que allí imperaba; y cuando en lugar del ejército que esperaba encontrar a las órdenes de Máximo Gómez, vi a 150 hombres, y cuando me convencí de que la gran marcha a Occidente no era sino una ficción, y que toda la estrategia del célebre caudillo consistía en jugar al escondite en la manigua, sin querer jamás vérsela con el enemigo, consideré mi deber, no sólo por respecto al Herald, sino por respeto a mi país, decir lisa y llanamente la verdad”.

    Y refiere:

    ¨… Cuando Máximo Gómez entró en la región situada, entre Sancti Spíritus y Artemisa, ordenó que se destruyera toda la caña, en cumplimiento de lo cual, quedaron arruinadas completamente millares de hectáreas, y con ellas las esperanzas de miles de familias campesinas.

    La tea insurrecta devoraba y saqueaba hogares y campos, fábricas y almacenes. ¿Qué fue de las familias a las que los rebeldes dejaron sin casa, muebles ni ropas?

    Unos buscaron refugio en los montes o en los bosques; otros corrieron a las ciudades, amparándose en las guarniciones españolas.

    Los corresponsales que estaban en las ciudades, escribían a sus periódicos describiendo, el lastimoso estado de millares de infelices, que en bandadas y aterrados entraban en las ciudades en todos los trenes, y hablaban de las multitudes que por los caminos huían dejando a su espalda el hogar y la fortuna entregados a las llamas¨

    Y señala con respecto a la actuación de los mambises:

    ¨… Desencadenáronse las venganzas personales y los que tenían algún resentimiento, se aprovecharon, para sus fines particulares, del pánico que inspiraban los procedimientos de la invasión.

    Pacíficos campesinos y gentes que vivían fuera de las poblaciones, fueron asesinados ó ahorcados de un árbol colgándoles en el pecho un cartel, con el nombre de alguno de los jefes insurrectos,

    Y pone de ejemplo:

    “… y era dicho corriente entre los campesinos cubanos, que su camino se hallaba fácilmente por el rastro de hombres colgados de los árboles que tras sí dejaban, llegando la barbarie a su colmo un día, en que 20 isleños (Canarios), fueron colgados de un solo árbol en Pinar del Río. Todo el mundo tuvo que refugiarse en los pueblos huyendo de la rabia de los rebeldes”.

    Y diría además el corresponsal norteamericano:

    ¨El 15 de Octubre de 1896 publicó el New- York Herald un mapa que le envié, poco antes de que Weyler promulgase su Decreto de reconcentración.

    Basta mirarlo para convencerse, de que es injusto hacer responsable a dicho General de la miseria que hoy existe, puesto que vemos que de 60 poblaciones o pueblos, sólo ocho escaparon a la tea insurrecta: unas 20 fueron parcialmente quemadas y 40 desaparecieron por completo.

    No se avisaba a los vecinos, ni se les daba tiempo para salvar nada; sino que como el rayo surge de la nube, así en las sombras de la noche caían los insurrectos y quemaban, saqueaban y arrasaban los pacíficos pueblos, y sus habitantes recibían la brutal orden, de buscar refugio en las ciudades guarnecidas, donde su sostenimiento, originaría mayores gastos al Tesoro español.

    El ejército español llegó al punto de pastorear los campos, buscando el ganado disperso, para llevarlo a las ciudades, para alimentar a la población en la indigencia total que había en las ciudades.

    A continuación el Incendio de todas las poblaciones realizadas por los insurrectos antes de la llegada de General Valeriano Weyler:

    • Los Arroyos (Pinar). —Destruía por la brigada Occidental insurrecta. *
    • San Juan y Martínez (Pinar). — Parcialmente quemada por la misma fuerza. *
    • San Diego de los Baños. —Lo mismo que la anterior. *
    • Boniato y Bejucal. —Parcialmente destruidas por Gómez. *
    • Santa Catalina de Güines (Habana). —Lo mismo que la anterior. *
    • Jaruco (Habana). —Destruida por Maceo. *
    • San Juan de las Yeras (Santa a Clara). —Destruida por Zayas. *
    • Paso Real (Pinar). —Totalmente destruida por Bermúdez. *
    • Los Palacios (Pinar). —Lo mismo que la anterior. *
    • Santa Cruz de los Pinos (Pinar). — Lo mismo que las anteriores. *
    • Bahía Honda (Pinar). —Destruida parcialmente por Sotomayor. *
    • Roque (Matanzas). — Destruida por fuerzas de Lacret
    • Los Abreus (Santa Clara). —Destruida parcialmente por los insurrectos. *
    • Cayajabos (Pinar). —Totalmente destruida por Delgado.
    • Cabañas (Pinar). — Destruida por y Maceo. *
    • San Diego de Núñez (Pinar). —Totalmente por Sotomayor y Gil.
    • Quielra Hacha (Pinar). —Totalmente destruida por Delgado.
    • San José de los Ramos (Matanzas). —Parcialmente destruida por Lacret. *
    • Bainoa (Habana). —Destruida por Cárdenas. *
    • San Nicolás (Habana). —Destruida por partidas locales.
    • Ceiba Mocha (Matanzas). — Parcialmente destruida por Cárdenas. *
    • Benavides (Matanzas). —Lo mismo que la anterior.
    • Ibarra (Matanzas). — Destruida por partidas locales.
    • Navajas (Matanzas). —Parcialmente destruida por Lacret. *
    • Corral Falso (Matanzas). —Lo mismo que la anterior. *
    • Cartagena (Santa Clara). —Partidas locales.
    • Melena del Sur (Habana). —Destruida parcialmente por Díaz y Castillo. *

    Los pueblos señalados con asterisco son los que aún conservaban los españoles como centros fortificados.

    Por esta lista se ve que en lugar de los españoles, son los rebeldes los responsables de tan espantosa destrucción¨

    Y ponía además el ejemplo:

    ¨El ganado era para los mambises, y enemigo de ellos, el infeliz campesino a quien se sorprendía, matando una res para su consumo particular, aunque fuera de su propiedad. Sólo podían matarse las reses que serían distribuidas entre las tropas mambisa¨

    El pillaje de los insurrectos igual era notorio y bastante generalizado según cuenta George Bronson Rea:

    ¨… He visto oficiales insurrectos jugando a las cartas, y él dinero que por la mesa pasaba excedió en muchas ocasiones los 5,000 duros, y como ninguno de ellos tenía un céntimo cuando tomaron las armas, necesariamente todo aquel dinero procedían del robo y el saqueo¨

    Todos los hombres que no se sumaron a la revuelta en el poblado de San Pedro fueron pasados a cuchillo

    Así lo cuenta George Bronson Rea nos refiere otro ejemplo:

    ¨Cuando desde el campamento de Máximo Gómez regresé a la Habana, me detuve en la prefectura de Pitajones, en las lomas de Trinidad, y mientras tomaba el fresco en la hamaca, oí a mi criado y a dos insurrectos heridos, que acaloradamente hablaban de sus hazañas:

    … relataban cómo habían sido heridos en la noche del ataque al pueblo de San Pedro, a las órdenes de Perico Díaz que mandaba la brigada de Trinidad, y entre otras cosas decían que, al comenzar el ataque, los oficiales comunicaron la orden de pasar a cuchillo a todos ¨los pacíficos¨ del sexo fuerte (personas que no querían la guerra y que no apoyaban ni a los insurrectos ni a los españoles), tan pronto como fuera tomado el pueblo.

    Como esto se compaginaba muy mal con la humanidad de que había visto alardear siempre a los jefes delante de los corresponsales extranjeros, llamé a los dos soldados para que me repitieran la narración.

    Tomáronme, sin duda, por uno de los americanos que como oficiales, servían a las órdenes de Máximo Gómez, y sin recatarse, repitieron, lo mismo que ya había yo oído, pero poniendo cierto orgullo y vanidad en la manera, de contar el hecho.

    Les dije que debían estar equivocados, pues no creía que Perico Díaz hubiese dado aquella orden, y que si se sabía que ellos propagaban tal rumor serían arrestados y castigados por hacer correr mentiras que desacreditaban su causa.

    Creía yo cándidamente que mentían, y los amenacé así, para ver el efecto que les producía; pero me sorprendí grandemente al ver, que ni se desconcertaban ni se asustaban, sino que, por el contrario, muy tranquilos insistieron en que, como decían la verdad, nada temían, agregando que no tenían inconveniente en acompañarme al campamento de Perico Díaz, donde podrían probarme la verdad de cuanto habían dicho.

    De aquí deduje que los insurrectos habían decidido, por lo menos uno de sus jefes, tratar como enemigo a todo el que no estuviera en el campo rebelde¨

    George Bronson Rea con respecto a Máximo Gómez diría:

    ¨La relativa inacción de Máximo Gómez en las dos últimas campañas, y la ausencia absoluta de hechos militares de importancia de parte de los insurrectos en general, quitó interés periodístico a la guerra, a menos que el chino viejo realice alguno de los temerarios movimientos, en los que siempre está pensando, pero que nunca lleva a cabo.

    Las grandes fundiciones de noticias de la guerra establecidas por los cubanos en La Florida, estaban muy apuradas buscando algo que Máximo Gómez pudiera conquistar, pues como ya lo habían hecho pasearse victorioso por todas las ciudades y pueblos de Cuba, parecía que el único recurso explotable era, dedicarse a confeccionar brillantes descripciones de columnas hechas pedazos en las montañas o en los sitios más recónditos, donde no fuera fácil que en mucho tiempo, pudiera nadie verificar tales embolismos.

    Esta era la situación cuando Scovel (corresponsal del NY World) y yo llegamos al campamento de Máximo Gómez, y con nuestra correspondencias pusimos de manifiesto, la campaña de sistemática falsedad, a que se habían entregado los mal llamados corresponsales en campaña, desde La Florida y la Habana, que nunca han estado en el lugar de los hechos.

    Se supo entonces que Máximo Gómez no había librado un sólo combate de importancia, desde que se separó de Maceo, y que en lugar de ganar las pomposas victorias que se le habían atribuido, no había hecho sino disputarse con el gobierno provisional, haciendo desesperados esfuerzos para imponer sus opiniones y autoridad a los miembros de la Cámara.

    Si el General Valeriano Weyler no pudo terminar de pacificar la parte oriental de la isla, fue debido a un golpe de suerte del destino, para los cubanos: el asesinato de Cánovas del Castillo.

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