1.000 millones para hacer inversiones en Cuba

  • El final del embargo da alas a un inversor cubano exiliado para entrar en empresas que apuesten por la isla
  • Un fondo con el objetivo puesto en la isla caribeña

 

José Oro, director de inversiones de la gestora Thomas Herzfeld.
José Oro, director de inversiones de la gestora Thomas Herzfeld

José Oro podría haber acabado de ministro en la Cuba marxista de Fidel Castro. En lugar de eso, se ha convertido en inversor en la Cuba postmarxista de Raúl Castro. Oro es el director de inversiones de la gestora de fondos Thomas Herzfeld, y está creando un fondo de private equity que cuenta con 100 millones de dólares, 94 millones de euros, comprometidos y espera llegar a los 1.000 millones de dólares en 18 meses con los que entrar en el capital de empresas que inviertan en Cuba.

«El respaldo de Wall Street es total», explica Oro, que con este fondo continúa una carrera que comenzó en 1991 con una huida de Cuba que el propio interesado califica de «antiheroica»: el Gobierno de Fidel Castro le envió a un congreso a Estados Unidos y, según cuenta, «viajé en primera clase de Toronto a Boston, y me quedé», recuerda Oro, que es ingeniero de minas y geólogo, y estudió en Cuba o Polonia. En aquel momento, ocupaba el cargo de director del Ministerio de Industria Básica.

Al llegar a EEUU, contactó con Thomas Herzfeld, uno de los inversores más respetados del país, y le explicó que el comunismo no iba a colapsarse en Cuba, como sucedió en Europa del Este y la URSS. Pero, también, que el castrismo no sería eterno. Así, en 1994, Herzfeld creaba el fondo Caribbean Basin Fund, que cotiza en el Nasdaq. Su objetivo: invertir en empresas que pudieran beneficiarse del levantamiento del embargo de EEUU a Cuba.

Pero los negocios en Cuba dependen también de otro país casi tan imprevisible como el que dirigen los Castro: EEUU. Apenas dos años después de haber sido creado, el Caribbean Basin Fund estuvo poco menos que contra las cuerdas cuando EEUU aprobó la Ley Helms-Burton, que otorgaba a Washington la facultad de actuar contra empresas de terceros países que invirtieran en Cuba.

José Oro dirige las inversiones del fondo estadounidense Thomas Herzfeld

Ese lado del embargo a menudo se soslaya en el análisis de la economía de Cuba. Como explica Oro, «no es sólo es importante el levantamiento del embargo a las exportaciones de EEUU, también lo es la autorización de importaciones». Un ejemplo de ello es Florida, el territorio estadounidense más cercano a Cuba. «Florida es llana y pantanosa. No tiene rocas. Así que consume 98 millones de toneladas de piedra al año. Cuba apenas consume 2 millones, y el norte del país es montañoso y tiene canteras», concluye el financiero.

Esas oportunidades de negocio dependen de la actitud de EEUU. Igual que el proyecto de Cuba de convertirse en un centro del tráfico marítimo gracias a la expansión del Canal de Panamá, la construcción del de Nicaragua, el nuevo puerto de aguas profundas de Mariel y la posible expansión del de Santiago. Para que Cuba consiga su objetivo, EEUU deberá derogar la disposición que hace que los buques que tocan puerto cubano no pueden entrar en un puerto estadounidense en 180 días.

Son muchas incertidumbres. Pero el mercado, a raíz de la apertura iniciada el 17 de diciembre entre Washington y La Habana, apuesta por Herzfeld. Tras dos décadas de su creación, el Caribbean Basin ha triplicado su valor, hasta los 100 millones de dólares. Pero no es ése su único vehículo para acceder a Cuba. Hace poco creó Virtus, un fondo de private equity con un valor de unas decenas de millones de dólares. El otro, de una escala mucho mayor, es el fondo que Oro está levantando y en el que la inversión mínima será de un millón de dólares para inversores individuales y cinco para institucionales. Sus áreas de inversión serán agroalimentación, construcción o transporte aéreo y marítimo, y se centrará sólo en Cuba. Tanto Virtus como el nuevo fondo son cerrados, es decir, los inversores deben aceptar ventanas de cinco o 10 años en las que no podrán sacar su dinero. Este financiero cree que la apertura económica en Cuba será «muy controlada», tanto porque La Habana va a seguir el ejemplo de Vietnam como porque el desmantelamiento del embargo de EEUU va a ser gradual.

En algunas áreas, el embargo ha desaparecido en la práctica. «Por ejemplo, en materia de industria alimentaria ya se puede importar a Cuba prácticamente todo lo que los cubanos puedan pagar», afirma.

Oro cree que la próxima industria a la que llegará el sector privado será la de la construcción. «Ya hay equipos formados por albañiles, fontaneros, carpinteros… que están modernizando viviendas para que sus propietarios puedan alquilar casas y habitaciones. Están realizando obras en unas 8.000 casas. Este sector ya recibió en 2014 préstamos de la banca estatal cubana por un valor que, al cambio, fue de 108 millones de dólares». No en balde, Airbnb, la empresa que conecta a través del ordenador o del móvil a personas que alquilan casas y a viajeros y que ha dinamitado el sector hostelero en Nueva York, ya opera en Cuba.

Las construcción y el turismo van de la mano en Cuba. Lo mismo que las infraestructuras. «Cada turista necesita en promedio 75 galones [cerca de 300 litros] de agua al día, si se tiene en cuenta desde el consumo hasta el aire acondicionado o la piscina», revela Oro. Por ello, la construcción va a ser una de las principales áreas de atención del nuevo fondo, además de la tecnología y telecomunicaciones.

El enfoque de Oro es ir empresa a empresa. Por ejemplo, está analizando invertir en una compañía de la región que tiene 15 aviones para 40-60 pasajeros, ideales para aterrizar y despegar con turistas en aeródromos pequeños. Sería algo más que una inversión de cartera. «Si sale adelante, les ayudaríamos a comprar aviones, a negociar con los cubanos, etc,», dice. Es una muestra de cómo el fondo ha tratado de cultivar buenas relaciones con La Habana. «Herzfeld tiene credibilidad entre los funcionarios cubanos. Saben que es serio. Y no estamos haciendo lobby, ni en EEUU ni en Cuba», explica Oro.

Pero Cuba tiene riesgos adicionales. Por ejemplo, las reclamaciones por las expropiaciones masivas tras la Revolución. Eso ha obligado a Oro a realizar una due diligence extra, al crear una base de datos de 1.200 empresas, en cuya elaboración «hemos sido muy cuidadosos al distinguir entre las que pueden ser objeto de reclamaciones por las expropiaciones de la Revolución y las que no». No quiere que el dinero de sus fondos vaya a empresas blanco de litigios.

El director financiero de Herzfeld, sin embargo, cree que esos obstáculos no empañan el futuro de Cuba. Cita como ejemplo el país de sus ancestros: España. «La primera vez que estuve en España fue a finales de los 70»; volvió en 1983. «El país había cambiado tanto que no lo reconocía. Había pasado de ser como un país latinoamericano a un país europeo. Lo mismo pasará en Cuba».

Hispanista revivido.