10 años de Raúl

Raúl Castro ha tenido el coraje político de pactar lo que aún no sabemos al detalle con USA; pero el miedo a que los cambios económicos se lo lleven por delante mantiene congelado el alcance real de las reformas planeadas

Con la habilidad propagandística habitual del castrismo y la complicidad de la izquierda sectaria que aún se emociona con el antiimperialismo ajeno, el raulato explica que no ha aplicado el programa de reformas porque no hará terapias de choques que afecten a la población.

Como en todo, es una verdad a medias. Pues las políticas de choque ya las han hecho desde 1989 hasta la fecha, período en que el noble pueblo cubano ha padecido hambre, exilio e inxilio; pese a ser uno de los mejores capitales humanos de la región.

Una ventaja que tendrán los gestores del postraulato es que el tardocastrismo ya ha pagado el desgaste político de la demolición de los programas sociales de la revolución.

Pero tendrán que lidiar con el inconveniente de la ansiedad lógica de la gente de conseguir vivir con la normalidad de poder desayunar, comer y cenar y de abrir el grifo sin temor a que no salga agua y darle al interruptor, sin temor a que no haya luz.

Los diez años de raulato han cambiado cosas en Cuba para bien; aunque se mantienen intacta la maquinaria represiva y la incapacidad del castrismo para construir un escenario de independencia real; pues la economía sigue dependiendo de un socio externo y caritativo; que es una especie en peligro de extinción.

Ahora que tanto se habla de paralelismos con la crisis económica de los 90; debido a que Venezuela ha dejado de mandar el petróleo que necesita la isla para funcionar; en aquella crisis, Cuba contaba con su “Reserva de guerra” intacta, que se sacó de almacenes militares y se distribuyó entre la población.

En este verano de 2016, Cuba no cuenta con reservas de guerra ni de paz; y la mayoría de los cubanos ya saben por dónde le entra el agua al coco; pero no pueden mojar el coco porque un gobierno antiguo y miedoso les impide vivir en libertad, tomar sus propias decisiones, aunque se equivoquen; es decir vivir la angustia de elegir.

El paternalismo estatal con réditos políticos solo tiene un inconveniente, que hace falta una economía productiva y eficaz, que posibilita la redistribución de la riqueza; el resto, son ensoñaciones disfrazadas de patriotismo hueco; como esa letanía de Baraguá.

Mientras el miedo anide en el Palacio de la Revolución; Cuba seguirá siendo un potencial de casi todo a 200 kilómetros del mercado más dinámico del mundo; pero con la incertidumbre perenne de lo que pudo haber sido y no fue.

Pero quien no se consuela es porque no quiere; la visita de Obama resituó a Cuba en el mapamundi y ya corren galgos y podencos a hacerse selfies en esa Habana tan pobre y fotogénica.