2016: el año en que las cenizas de Castro I fueron empotradas en un cambolo

Hemos tenido un gran final de año. Castro I murió finalmente, aunque en su cama, con 90 años y rodeado de los suyos, pero ya se murió. Fin de la oscuridad. Toda su mala energía, sus vibraciones negativas, su imagen diabólica desaparecieron por fin. 2017 sin el “monstruo” será un gran año.

Castro I sumamente disminuido física y mentalmente fue reducido a cenizas y empotrado en un cambolo, el más feo de todos los que encontraron, en el que incrustaron una lápida verdinegra con uno de sus nombre de pila. El verdadero nombre de Castro I es Fidel Hipólito, la combinación es espantosa, y ambos nombres por separado también son horrendos. No sé cómo pudieron los cubanos vivir tanto tiempo sobornados por un paluchero que llevaba un nombre tan espantosamente ridículo: Fidel Hipólito.

El símbolo de la piedra no puede ser más conveniente, Castro I no sólo fue una piedra en el zapato de mucha gente, ha sido el más pesado seboruco que aplastó el alma de los cubanos. Porque eso era Fidel Hipólito Castro Ruz, un gordito pesado con los dientes careados, al que llamaban Bolaechurre por su aspecto mal aseado. Más pesado que la piedra que hoy resulta su sepulcro.

El asunto es que muerto Castro I es muy probable que se lleve a Castro II en la golilla. Eso sucederá más temprano que tarde. Es lo que toca, episodio siguiente. Por el momento sigamos festejando la absoluta desaparición del primero. Yo además festejo por adelantado la del otro.

En Cuba no, nadie podrá celebrar su muerte, ni festejar nada de nada. Les han prohibido una vez más las fiestas. Pero esta vez no ha sido el tirano, sino el hermano del tirano en honor de la piedra que ahora deberán venerar como si fuera el tirano. Allá ellos con su condena.

El mundo, por otra parte, comienza a rebelarse por fin en contra de lo políticamente correcto. También era hora.

Feliz año 2017, una vez más salud, prosperidad, armonía, poesía, que con todo eso siempre llega el amor.

Zoé Valdés.