Colón no pudo llegar a Guanahaní

Un novedoso descubrimiento histórico que demuestra que Colón nunca pudo llegar a Guanahaní

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A pesar de que el sevillano fraile don Bartolomé de Las Casas, único mortal que, hasta el momento, nos lego, según él, una copia fidedigna del perdido y afamado diario de Colón, el cual no se extravió, sino que está sepultado en el Vaticano junto con los diarios de a bordo que tuvieron que redactar por ley de obligado cumplimiento, fechada en Toro a 6 de diciembre de 1476,  por los reyes que el dictador español Franco insistió en volver a popularizarlos con aquello de los católicos, que no podía hacerse a la mar nao: “Que iban a Guinea, e aún delante de la Sierra Leona, sin que lleve en su carabela o navío un escribano, y haga traslado y copia por cuatro veces de sus itinerarios e incidencias sobre ellas” los capitanes de la “La Pinta” y de “La Niña” no iban a contradecir nada ni ponerse fuera de la ley. Y cuando el fraile está haciendo una trascripción – a su privado interés, sin rigor histórico alguno – del diario de a bordo del Almirante se guardó mucho de anotar, ni por descuido, en ninguna singladura, la latitud en la que se hallaban las naves en aquel primero y polémico viaje.

Ahora bien, en el comentario correspondiente al día 30 de septiembre de 1.492, sin proponérselo, el ladino fraile suministra, sin querer, una pista fundamental, de tal valor indiscutible, que sobran cualquier tipo de comentarios o teorías ante una realidad tan palpable como a la que se llega analizando lo escrito por Las Casas que dice así: ” En estos días notó Cristóbal Colón una cosa, de que se admiró: que Las Guardas, en anocheciendo, estaban junto al brazo izquierdo, que es la parte de Occidente, y cuando amanecía estaban en la línea debajo del brazo derecho, por manera que toda la noche no andaban sino tres líneas, que son nueve horas, y esto cada noche”.

Don Cristóbal Colón y cualquier piloto que mareara bajo el regimiento de la estrella Polar, para su navegación y precisar su cálculo de situación en latitud, tendría que estar por las noches de continuo observando las estrellas llamadas Guardas, las cuales, en su giro universal y rutinario de veinticuatro horas en torno de la estrella del norte o Polar, servían – y sirven – no sólo para  determinar si la Polar está “arriba”, o  está “abajo” del polo y, en consecuencia, sumar o restar el valor de unos grados al ángulo que la Polar hace con el horizonte, sino que también eran – y lo son – tales estrellas, un  infalible reloj nocturno y calendario para los navegantes en las noches estrelladas en el hemisferio norte de la Tierra.

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Cogiendo los ocho rumbos principales de la Rosa de los Vientos, tal y como se indica en el dibujo, trazándolos sobre la estrella Polar que la situamos imaginariamente en el centro o corazón de los dichos ocho rumbos principales.

Si  numeramos los rumbos principales del uno al ocho de la forma indicada, podemos entrar en las consideraciones que entraban – y pueden entrar ahora – los navegantes de aquellos años; según reglas cuyo nacimiento tuvieron lugar a bordo de las naves portuguesas principalmente, por ser las pioneras en la navegación atlántica y el único reino conocido que de un modo organizado y preciso tuvo dedicación a semejantes menesteres.

Los navegantes fueron observando que tan solo se daba una vez en el año, en un día determinado, el 15 de abril,  la coincidencia de que en la media noche (a las 24 horas exactas)  las estrellas Guardas estaban ellas dispuestas norte sur perfectamente alineadas con el viento o rumbo norte, que hemos representado y numerado con el número 1º.

Después, a la media noche del día siguiente, ya las estrellas Guardas habrán perdido tal alineación o enfiladura y se habrán dispuesto y se hallarán a la dicha media noche siguiente, desplazadas un tanto del cardinal norte, siguiendo su giro eterno, opuesto a como lo hacen las agujas de un reloj, entorno a la Polar.

Para que la media noche – las 24 horas – que hemos iniciado el día 15 de abril, coincida con el segundo viento o rumbo (que hemos nombrado y numerado como 2º y corresponde con el NO), se necesitarán que pasen, por tanto, 45 días, ya que para que vuelva a darse la coincidencia de que la media noche coincida perfectamente con la situación norte sur de las Guardas en el punto 1º (N.), tendrán que pasar 360 días, y  45 días por 8 rumbos = 360 días, tiempo, por tanto, los 45 días, para que las dichas estrellas Guardas mantengan su perfecta enfiladura con el viento 2º (NO.), siendo, justo, la media noche.

Por tanto, ya podemos establecer que será media noche exacta cada vez que las estrellas Guardas se encuentren enfiladas perfectamente con los rumbos señalados; y que corresponderá con los días:

1º – N. -…..15 de Abril                              5º – S. -…..15 de octubre

2º – NO. -..30 de Mayo                            6º-SE.-……30 de Noviembre

3º – 0. -……15 de julio                              7º- E. -…….15 de Enero

4º – S0. -….30 de Agosto                         8º- NE.-…..1 de marzo

Al tiempo que observando durante la noche, desde el anochecer cuando empiezan a verse las estrellas hasta el amanecer, los rumbos o vientos que recorren las estrellas Guardas en su giro alrededor de la Polar, podían – y pueden – los navegantes perfectamente determinar la duración en horas de la noche, supuesto que para recorrer los ocho vientos principales considerados, las estrellas Guardas necesitan del paso de veinticuatro horas. Y así, sin necesidad, en aquel entonces, de recurrir a los incómodos relojes de arena, y estar huérfanos de que cualquier paje avispado o por efecto de lo jovial de su edad, se entretuviera en no respetar el vaciado de los embudos y le diera la vuelta cada vez que le viniese en gana, los navegantes en las noches claras, viendo la posición de las estrellas Guardas respecto a la Polar, sabían la hora de la noche en la que se encontraban.

Por tanto, si el padre Las Casas dice textualmente ” que las Guardas, en anocheciendo, estaban junto el brazo izquierdo, que es la parte de Occidente, y cuando amanecía estaban en la línea debajo del brazo derecho, por manera que toda la noche no andaban sino tres líneas, que son nueve horas, y esto cada noche.” Ya podemos saber con toda precisión – dejando de lado cualquier teoría u opinión – que la nave va navegando por una latitud en la cual la duración de la noche es de nueve horas. Y si la noche tiene una duración de nueve horas, el día, la luz, minuto arriba o abajo, será de una duración de quince horas.

En virtud del calendario perpetuo que son el giro de las Guardas alrededor de la Polar, se puede perfectamente determinar en qué fecha aproximada aconteció tal asunto, tal y como lo indicamos en el gráfico como punto (0), correspondiente al primero de Octubre.

Porque si el almirante manifiesta que la noche ha transcurrido con un “caminar” de las estrellas Guardas por tres líneas (rumbos), del Oeste (3) al Sureste (6), está claro que la media noche corresponderá al punto medio entre ambos rumbos: que será el marcado como punto (0), correspondiente, aplicando los días del calendario celeste, con los primeros días de octubre.

Y aunque  el “ladino” fraile dejó anotado “En estos días“, sin darnos fecha exacta, ya hemos podido entrar a saber qué días exactamente son aquellos en los que las noches les duraron a los navegantes nueve horas. Y con noches de duración de nueve horas, en el hemisferio norte, para los días finales de septiembre primeros de octubre, con días en los que la duración de las luces solares abarcan quince horas aproximadamente, a la fuerza las naves tendrán que estar navegando por lugares de latitud de, o por encima, de los 40º norte.

Y estos datos reales, que sobresalen muy por encima de cualquier teoría, están ahí abriendo un cúmulo de preguntas e interrogaciones susceptibles de desestimar todo y lo mucho barajado en cuanto al rumbo y viaje llevado por las tres inmortales naves. Entre muchos otros aspectos, porque navegando por latitudes de 40º norte, no les quedaban singladuras suficientes hasta el once de octubre, según el andar de aquella flotilla, para que las naves arribaran por los 24º y medio, aproximadamente, de latitud norte en la que se encuentra situada la isla de Guanahaní.

Por tanto, tendremos que aguardar a que alguna vez sepamos la verdad de lo realmente acontecido. Esta deducción expuesta, como es obvio, me llevó su tiempo, casualidad y estudio.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis

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Hispanista revivido.