Nuevamente aquí vemos a las empresas GFR, los dueños del principal rotativo de PR, El Nuevo Día, publicando entrevistas que condenan la presente relación colonial. Y es la segunda vez que utilizan a un distinguido miembro de la administración actual, un gabinete que son virtualmente esclavos del ELA colonial.

Este tipo de entrevista y su publicación no es casualidad. Existe un plan, es que esas elites no juegan al azar, como tampoco arriesgan nada. En los medios de comunicación institucionales de la Colonia de PR ya están preparando el camino para un casi inminente cambio de estatus.

Y esta es la ventana para la reunificación. El tiempo apremia.

 

César Miranda creció como independentista. Pero en el 1968, de la mano del proyecto de país que construía el entonces gobernador Roberto Sánchez Vilella, que le ilusionaba, se unió al Partido Popular Democrático (PPD), al que desde entonces ha dedicado alma, vida y corazón.

Hoy, 48 años después de aquel momento, es el secretario de Justicia del Estado Libre Asociado (ELA), puesto desde el que le ha tocado mirar, con cierta impotencia, el derrumbe del proyecto que tanto le ilusionó y al que tanto le ha dedicado.

La inminente aprobación por parte del Congreso de Estados Unidos de una Junta de Control Fiscal que derriba cualquier ilusión de gobierno propio que hubiera aquí, más las posturas del Ejecutivo estadounidense de que aquí nunca hubo autodeterminación, le han dejado la amarga certeza de que el ELA se acabó y que a los puertorriqueños nos tocará dentro de poco tomar “la decisión final”.

Eso no lo dice cualquiera. Lo dice el secretario de Justicia, tercero en la sucesión para la gobernación, el “abogado del pueblo” al que le hubiera tocado defender al ELA de los planes del Congreso, con los mismos argumentos, si llegara el momento, que planteó en el caso Sánchez Valle: que en el 1952 Estados Unidos y Puerto Rico alcanzaron un acuerdo que está siendo violentado con la creación de un organismo cuyas facultades superan las del gobierno local.

En una mañana reciente, Miranda se sentó con El Nuevo Día y, en su usual tono pausado, pero con suma candidez, habló con franqueza del futuro del ELA, del PPD y de Puerto Rico, así como de  la poca estima en la que el país tiene en este momento a su atribulado sistema de justicia.

El Congreso está en vías de aprobar el proyecto que incluye la Junta de Control Fiscal y básicamente suspende el ordenamiento democrático en Puerto Rico.

¿Cuál es su opinión al respecto?

La propuesta de la junta va en contra de nuestra posición en Sánchez Valle, que era sostener el estado de derecho conforme se había expuesto, según nuestro entender, en los acuerdos de 1952-53. En el Supremo lo que hemos dicho es que se estableció un estado de derecho con relación a la relación jurídico-política de Puerto Rico y Estados Unidos en 1952-53 y eso fue lo que sostuvimos allí. Esa relación estaría siendo alterada por la aprobación de esta ley PROMESA. Si nosotros en Puerto Rico aceptamos esta junta, es una admisión nuestra de que carecemos de la capacidad para nosotros resolver nuestros problemas. Por tanto, yo entiendo que tiene que haber un sentido de gran frustración con nosotros, más que con nadie. Esto despoja al país de lo que fue la creencia de lo que era política y jurídicamente.

¿El gobernador Alejandro García Padilla no le pidió que estudie vías legales para evitar esto?

El gobernador en varias ocasiones sí me ha solicitado que estudie alternativas legales. En un momento dado me habló de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Pero verdaderamente no que hayamos acordado una gestión específica, porque, también hay que decirlo, ha habido una gran ambivalencia en el Congreso en términos de qué aprueban.

Pero hace ya unos cuantos meses que la ruta de la Junta de Control Fiscal se veía bastante clara. ¿No habría sido mejor prepararse?

Creo que si tomamos en cuenta todo el trabajo que hicimos para el caso Sánchez Valle, creo que estaríamos preparados para llevar una acción fuerte en la ONU.  Nosotros ahí hicimos un trabajo muy profundo sobre lo que  ocurrió entre los años 1950 y 1953 y yo hoy no tengo duda de que Estados Unidos hizo unas representaciones muy serias sobre el status.

Todos sabemos que hizo la representación de que en Puerto Rico se había alcanzado gobierno propio. Cuando usted dice que fueron representaciones serias, ¿quiere decir que usted las creyó?

Le hizo unas representaciones al mundo para que el mundo las creyera, no era para que yo las creyera y de esa manera liberarse de informar de Puerto Rico como colonia. Hoy todos los indicios son que falseó entonces ante la ONU y ante el mundo en general con aquellas representaciones. Todo eso nos indica  que o mentiste ayer o estás mintiendo hoy.

¿Cuál usted cree que es la verdad, la de antes o la de ahora?

Fíjate, yo creo que todos vivimos en un momento dado la ilusión de que Puerto Rico tenía la posibilidad de tener plena soberanía. Soberanía aunque fuera al nivel del tipo de soberanía que tienen los estados. Estoy convencido de que no tenemos ese nivel de soberanía.

¿Hacia dónde debe evolucionar esto, ya que perdimos la ilusión de que teníamos gobierno propio?

Creo que nosotros como pueblo tenemos que llegar a una determinación categórica sobre la relación que queremos mantener con Estados Unidos. La situación real que nosotros tenemos es que el pueblo puertorriqueño se ha manifestado continuamente a favor de una relación permanente con Estados Unidos.

¿Se puede dar esa relación permanente en términos de la ampliación de los poderes del Estado Libre Asociado? Esa ha sido la teoría que por tiempo inmemorial se ha expuesto. Yo creo que estamos al borde de la definición final sobre si en verdad eso es viable o si nos tenemos que atener a las únicas dos consecuencias: la soberanía plena o de la unión con Estados Unidos por vía de la estadidad.

¿Usted en este momento apostaría a un desarrollo del ELA como parte del sistema constitucional de Estados Unidos y con soberanía?

Lo veo poco viable, tengo que ser cándido.

O sea, ¿usted piensa que el ELA como lo conocemos murió?

A base de los últimos eventos, pues creo que sus posibilidades de sobrevivir son muy pocas. Pero eso no quiere decir que no pueda entrarse en algún tipo de negociación como ha ocurrido con otros territorios, que nos den el nivel de soberanía que requiere un gobierno de dignidad.

¿Cuál es ese otro territorio en el que usted piensa?

El problema que nosotros tenemos en Puerto Rico es el apego inmenso a la ciudadanía americana. Eso se convierte en un impedimento para lograr algunos entendidos, viendo los acuerdos con otros lugares como el de American Samoa. Sus ciudadanos tienen libre acceso a Estados Unidos, pero no son ciudadanos.  Nosotros tenemos que repensar nuestras actitudes frente a la nueva realidad.

Hay un sector del PPD que postula el ELA soberano, que es básicamente una libre asociación, una independencia asociada. Pero quieren la ciudadanía americana. ¿A usted le parece que es viable que las personas de lo que sería un país extranjero mantengan la ciudadanía americana de nacimiento?

La opinión mía muy personal es que como ciudadano americano yo tendría a mi alcance alternativas para lograr que mis hijos advengan ciudadanos americanos si eso es lo que yo intereso. Un ciudadano americano que vive en España va al consulado de la ciudad donde sea e inscribe a su hijo y es ciudadano americano.

Usted fue independentista en su temprana juventud, pero ha sido popular desde 1968. ¿No siente alguna desilusión por la manera en que está terminado el ELA?

Siento que sencillamente nos ha pasado el tiempo de cambio por el lado y no le hemos hecho caso.  A mí me causa angustia  ver el estado en que está un instrumento de cambio social como ha sido el PPD, que fue un gran instrumento de cambio social, que tuvo como su agenda la atención de la pobreza en el país. Creo que la pérdida de esas aspiraciones son frustrantes.

Fíjese, que yo le pregunto por el ELA y usted me contesta por el PPD. ¿Son una misma cosa para usted? Al morir el ELA, o matarlo Estados Unidos, como lo querramos ver, ¿está el PPD también en una situación complicada?

El PPD se tiene que repensar a sí mismo. Se tiene que adaptar a la nueva sociedad puertorriqueña, que es muy compleja. Creo que ese norte se ha perdido y no puedo decir que el PPD no tenga la alternativa de retomarlo. Lo podría retomar. Requiere de un liderato que entienda que hay decisiones duras que tomar, difíciles, y que esas decisiones conllevan la pérdida de apoyo en unos sectores y la ganancia de apoyo en otros sectores.

A raíz del caso Lorenzo, el de Aguada, el de los proyectos de energía renovable en la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) que ustedes llevaron y se cayó en vista de causa para arresto, el caso de la jueza Grace Grana, que el FEI no acogió su recomendación de investigar, entre otros, hay una percepción muy grande en Puerto Rico de que en el Departamento de Justicia,que significa en última instancia  la justicia, no se puede confiar. ¿Qué usted dice sobre eso?

Esa percepción, aunque tiene fundamento en algunos casos, no es justa. Aquí hay unos fiscales que se desviven por hacer su trabajo.

El caso de Lorenzo no parece un caso difícil. El niño murió en un sitio particular, cuando estaba cerca de unas personas en particular. ¿Cuál es la complicación?

La complicación de ese caso es que nos adherimos a una teoría y no nos abrimos  otras teorías.  El tiempo fue transcurriendo y el público fue reclamando unas acciones.  Aquí el Departamento no ha dicho nada que no sea lo que ha dicho el señor Gustavo Rivera  Seijo, (el Manco, el acusado).

De lo que trascendió en la vista preliminar, no estaba corroborado lo que él decía. Él habló de haberlo matado a puñaladas y en corte trascendió que el niño recibió un golpe antes. Él habló de quitarse los zapatos y los zapatos nunca aparecieron. Hay un cuchillo que nunca se encontró.

No sé si  debo entrar en detalles, porque aquí hay un caso que se va  ver de nuevo. Pero todas las cosas que él dijo fueron corroboradas.

Nunca se ha dicho qué pasó con el Manco después de matar al niño. Como que se lo tragó la tierra después del asesinato.

No se lo tragó la tierra. Lo que pasa es que no puedo entrar en esos detalles.

¿En algún momento se va a presentar evidencia de qué hizo el Manco en las horas y el día siguientes al asesinato?

En algún momento se va a presentar evidencia de dónde se refugió, cómo se cubrió, todo ese tipo de cosas.

¿Y se va a explicar el tema de los zapatos que no aparecieron?

Pero es que los zapatos él se los quita pero se los vuelve a poner.

¿Usted espera que en algún momento se despejen las dudas sobre el caso?

He estado atento a la reacción pública y sé que hay un gran escepticismo y una gran incredulidad, pero es porque ya la gente había adjudicado ante la ausencia de una respuesta de lo que había ocurrido.  La gente adjudicó y la gente entiende que hay otra persona que es responsable.

En el caso de Glorimar Pérez, ¿en este momento tiene alguna duda de que los culpables están presos?

Creo que hay que darle una oportunidad al tribunal de que pondere la nueva evidencia.

¿Usted cree que es posible cometer un crimen de esa naturaleza sin dejar absolutamente ningún rastro, como es el caso aquí?

Son buenos argumentos para traerse en una vista.  Me parece que lo correcto es que esas dudas que muy bien tú me planteas, las que yo entiendo que puedan haber surgido, que haya una oportunidad de explicarse nuevamente y que estas personas tengan este otro día en corte con la nueva evidencia. No estoy pasando juicio sobre el caso. Lo que he pedido es una oportunidad justa para los tres imputados. Y cuando digo justa, interprétame. Me tengo que abstener de entrar en tantos detalles. A mí me parece que vamos a tener una respuesta en el caso y me parece que todo esto es bueno para el sistema, el que se debata públicamente, que el Departamento se abra a ser controvertido. No tengo ningún problema con eso. Por el contrario, le doy la bienvenida a este tipo de actitud.

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