La instauración de la democracia en España fue una hazaña; el logro de gozar como ciudadanos libres de una constitución moderna y avanzada, una compensación merecida a un pueblo que había vivido muchos años de enfrentamientos y desesperanza.

Que su aplicación ha tenido errores y lagunas, que ha faltado coherencia más por culpa de quienes han tenido la responsabilidad de interpretarla que por su ideario, es un hecho y da idea de la gran presión que existe para modificarla.

La descentralización, una experiencia nueva después de cinco siglos de dirigismo central, ha necesitado y lo seguirá necesitando de ajustes para que el sistema no se resquebraje y sea totalmente eficaz; los resultados en educación o sanidad (que es posiblemente el sector que mejor funciona) deben adecuarse a parámetros internacionales de prestigio y rendimiento. En el caso de la educación es necesario corregir el gran índice de fracaso escolar. Una posible solución es volver a la Formación Profesional de cinco años a partir de los catorce. En cuanto a la universidad, está obligada a realizar un esfuerzo científico y pedagógico para encontrarse entre las primeras del mundo por experiencia e historia.

El derecho al trabajo y a una vivienda, la dependencia, la protección del medio ambiente, la inversión en ciencia y tecnología, no pueden ser solo un mero contenido del ideario constitucional, sino una prioridad de obligado cumplimiento.

La transformación del Senado en Cámara de las Regiones no solo tendría un efecto de consenso y conocimiento de los problemas, sino que estrecharía lazos de convivencia y eliminaría suspicacias falsas creencias.

Una necesidad vital, vista la nefasta experiencia de su desaparición, es la recuperación de los Cuerpos Nacionales de Funcionarios a los que debe accederse únicamente por oposición libre, imprescindible para que haya una interpretación común e igual de la Ley en todo el territorio nacional.

La unidad de criterios, la igualdad de oportunidades, el equilibrio y respeto de todas las culturas, el valorar con la misma vara e ilusión el TODO que las PARTES, la imprescindible coordinación en investigación y ciencia, la enseñanza de la misma historia y cultura, entusiasmo, lealtad y esfuerzo común, son algunas de las cosas que una nueva constitución habrá de garantizar.

Si los nuevos Padres de la nueva Constitución poseen la inteligencia y capacidad de consenso que los anteriores, ésta puede proporcionar a España otra larga época de paz y prosperidad con una adaptación necesaria a los nuevos retos.

Imprescindible, también, que se eliminen en la futura constitución, fueros y privilegios de territorios, por la sencilla razón de que en el siglo XXI la esfera pública de la participación exige que todos los ciudadanos que la formen tengan los mismos derechos, vivan en el lugar que vivan, anteponer territorios a ciudadanos es una manera de volver y vivir en pleno feudalismo.

Partido Ibérico (íber)
IBERIA: Maestra de la vida.

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