Por vez primera un conjunto caribeño logró resolver todos los problemas. Con 10 de 10 alcanzaron la cuarta medalla de oro de la Universidad de La Habana (UH) a nivel subregional y se convirtieron también en el primer equipo del Caribe en liderar a toda América Latina, por delante de potencias como Brasil y Argentina.

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Eran cinco horas para resolver 10 problemas. Los concursantes iban mandando sus respuestas y, gracias a la utilización de un sistema semiautomático, el jurado daba las calificaciones casi al momento. La final regional del ACM-ICPC pasó a la historia por ser el mejor resultado para Cuba al lograr responder todos los problemas. UH ++ fue el protagonista de la hazaña, un equipo que bien conoce Marcelo Fornet Fornés quien lo integra hace varios años.

Con este resultado, jóvenes programadores de la Universidad de La Habana se encaminan nuevamente a la cita mundial de este evento a celebrarse del 20 al 25 de mayo del presente año en Dakota del Sur, Estados Unidos; viaje que exige en estos días toda la concentración de Fornet, al cual sorprendimos validando su visa para poder asistir a la competencia mundialista.

En su cuarto año de carrera, este joven ya acumula vasta experiencia en el concurso de programación más antiguo del planeta, un evento que no solo exige amplios conocimientos de cómputo, sino de algoritmia, inglés y lógica.

De una familia que nada tiene que ver con los números, su vocación por las matemáticas comenzó muchos años antes, cuando apenas estudiaba en La Lenin.

“Mi familia prefiere más la literatura o la arquitectura —dijo mientras se acomodaba en un banco al costado de la Facultad de Matemática—. Supongo que todo comenzó cuando era pequeño y me fueron gustando las matemáticas. Incluso recuerdo que esa siempre fue la asignatura donde más me destacaba. Mi familia aunque no tiene nada que ver en eso siempre me apoyó, aunque a veces me podían tildar por loco”.

Sumergido en el mundo de los concursos matemáticos en el IPVCE Lenin,  Marcelo descubrió cuán apasionante podían ser los números y los algoritmos. “Los concursos me retaban y me hacían sentir que podía aprender un poco más”.

Motivado por aprender mucho más, decide irse a terminar sus estudios preuniversitarios en la Universidad de La Habana, mediante un proyecto que posibilitaba adquirir una carrera de manera directa relacionado con el campo de estudio.

“Esto fue una decisión complicada —cuenta mientras sostiene entre sus dedos una liga— pues a esa edad uno tiene una relación afectiva muy fuerte con tus compañeros, la vida becada te da eso. Pero la tentación de tener profesores universitarios, ampliar el espectro de conocimientos y vivir esa nueva experiencia hizo que me decidiera”.

No le tengo miedo a las matemáticas

Matemáticas fue la carrera que lo acogió en la Universidad de La Habana. Licenciatura capaz de intimidar a algunos tan solo por el nombre, o sacarle un susto a otros que se creen muy entendidos en la materia.

“El nombre es un poco intimidante aunque creo que debería serlo —sonríe—. No es una carrera fácil realmente, pero si te gusta y la disfrutas se pasa como cualquier otra. Es una carrera llena de obstáculos, pero cada uno superable. Solo hace falta dedicación, perseverancia y pasión”, exhala como si se acordara de los tantos momentos difíciles que tuvo que pasar.

Conceptos como números reales, complejos, integración y derivación no son ajenos a Marcelo. Y es que el análisis matemático es una de las ramas de su profesión más difícil de encarar. “Es como una pequeña maratón —aclara—, pues se da desde que uno entra en la carrera. Ahora mismo en 4to. año me imparten análisis funcional y creo que esta asignatura va evolucionando, no necesariamente más fácil o más difícil, sino que se caracteriza por el nivel de abstracción que se puede alcanzar”.

Este joven de 22 años, rememora con “particular cariño”, la asignatura de probabilidad, disciplina que lo sorprendió al punto de sacarle un buen susto.

“Cuando entré en la carrera ya yo sabía un poco de probabilidad y pensé que no me sería tan difícil, sin embargo en los primeros quince minutos de la primera clase se dio todos los contenidos de probabilidad que ya yo conocía, siendo algo complicada pero donde aprendí muchísimo y donde me di cuenta que a veces uno se piensa que sabe de determinada materia y, sin embargo, puede obviar realmente todo lo que puede haber por dentro”.

De programador a campeón regional del ACM-ICPC

Según los más avezados, programación es el proceso de diseñar, codificar, depurar y mantener el código fuente de programas de computadora. Un mundo secreto que requiere conocimientos constantemente en varias áreas que van desde el lenguaje a utilizar, algoritmos especializados y lógica formal. Elementos que conoció el joven Marcelo con apenas 17 años al iniciar el proyecto de 12 grado.

“Un amigo mío y un profesor que me impresionó mucho por sus conocimientos fueron la bujía para comenzar a programar. Recibí clases incluso luego de las 5 pm, lo que me permitió recibir casi el 90 por ciento de las nociones que hoy tengo sobre esta materia”.

De su afición por los concursos de matemática —confiesa— surge la idea de participar en las competencias del ACM-ICPC, en el cual se adentró por “pura curiosidad” en primer año y de cual no se alejaría más.

“Creo que saber programar es un pre-requisito básico para poder participar. Ciencias de la Computación es mucho más que eso y partir de ahí se debe comenzar a estudiar mucho más. Desde ese momento no solo participo en competencias de matemáticas, sino también en las de programación”.

Con un formato suigéneris, el ACM  propone que por cada solución válida, corresponde un globo de un color diferente que colocan en los monitores e inundan la sala de una extraña alegría entre tanta tensión. Ya cuando todo acababa, cada grupo sale orgulloso portando sus globos y la competencia de genios por momentos se semeja a una fiesta infantil.

“Estos concursos tienen otro funcionamiento —cuenta Marcelo—. Se resuelven problemas matemáticos pero a través de un código que se califica automáticamente y se conoce en tiempo real no solo cómo te va a ti, sino también al resto de los competidores”.

Por vez primera un conjunto caribeño logró resolver todos los problemas. Con 10 de 10 alcanzaron la cuarta medalla de oro de la Universida de La Habana (UH) a nivel subregional y se convirtieron también en el primer equipo del Caribe en liderar a toda América Latina, por delante de potencias como Brasil y Argentina.

“Fue un resultado muy bueno para el cual nos preparamos, no obstante no dejó de sorprendernos ya que sabemos el nivel de algunos equipos en la región de Latinoamérica. Ahora nos preparamos para la siguiente fase que sabemos, será mucho más exigente”.

Con la mira puesta en Dakota del Sur, Marcelo es el competidor de más experiencia en el equipo. Tanto él como sus compañeros aspiran superar la mejor actuación histórica de un equipo de la región caribeña en un mundial.

“He participado ya en tres regionales y esta es mi segundo mundial. Competiré con dos amigos talentosos que ya han adquirido experiencia en estas lides. Queremos romper la marca del Caribe que es el lugar 82, pues consideramos que no es coherente con el nivel de la zona. Hace muchos años aquí hay buen nivel aunque no se refleje en los mundiales”.

Lejos del típico estereotipo tan magnificado por las series, del nerd programador que no sale de su oficina, Marcelo nos confiesa que nada tiene que ver con ellos.

“Tengo muchos amigos, muchos incluso no tienen nada que ver con las matemáticas. Quizás no sea tan fiestero como otros pero igual me gusta divertirme y salir con mis amistades. Disfruto los juegos Caribe y tengo varios compañeros medallistas”.

Pero qué sería de Marcelo sin los números y las matemáticas. “Es una pregunta complicada —sonríe—, nadie nunca me la había hecho. Creo que ellas me acompañarán siempre. Tal vez no en el aula o en un trabaj,o pero siempre estarán de alguna forma conmigo. Mi sueño es ser profesor universitario para poder transmitir todo lo que he aprendido a las siguientes generaciones”.

2 COMENTARIOS

  1. Todo esto es muy bonito, pero solo presenta una cara de la realidad; la otra cara es diferente:

    – Aquí se habla de un estudiante que recibe clases fuera de horas lectivas. ¿Quién las paga? Pues fuera de horas lectivas los profesores universitarios tienen que estar, como se dice en Cuba, “resolviendo”, es decir buscándose la vida para sobrevivir.

    – Aquí no se habla de que la principal salida para estos estudiantes es utilizar sus conocimientos al servicio del Estado, pero no es medios “normales”, sino en medios militares o de inteligencia, contrarestando cualquier tipo de mensaje, comunicación, etc., que surja y pueda llegar del exterior. REcienemente se ha pedido que se sumen a esta tarea no ya a Ingenieros Informáticos, sino también a médicos y personal sanitario con acceso a internet.

    – No se habla de que los ingenieros de telecomunicaciones que no se pliegan a lo anterior pueden acabar, por ejemplo, de poncheros, es decir arreglando “pinchazos” en los neumáticos. ¿Quieren algún nombre? Se lo puedo dar.

    – Se hace una pregunta incorrecta: ¿qué sería de Marcelo sin los números y las matemáticas? La pregunta correcta es: ¿Qué sería de Marcelo sin la Tirania castrista?

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