A más religión, más injusticia

Voy a entrar a comentar la religión que se apoderó de mis juegos, de mis sueños, de mis risas infantiles, de mi esperanza allá por mi lejana infancia, e hizo todo lo que pudo, que fue mucho, para que hubieran noches que me acostara temblando de miedo en la cama por si aquella noche me moría y me castigaban desde el cielo con mandarme al infierno.

Necesité de bastantes años para dilucidar y caer en la cuenta de que el cristianismo vaticano es simplemente un parásito social, al servicio del poderoso, que no entra en lo que es justo o injusto, y simplemente entra en ver lo que le puede ser favorable a sus intereses. Unos intereses, que si bien no son los 2016 años que de un modo mentiroso dicen que campean sobre la sociedad española y corroboran sus bailaguas benditas, sino que, en esta España de pandereta y sacristía, los mejores años de su existir, desde que se impusieron a base de espada, sangre y degüello corriendo el siglo XV, en el tiempo anterior, afortunadamente, no pintaron en la realidad social española casi nada, y en el resto del tiempo hasta el franquismo han sido taifas: semejantes a bandas urbanas actuales unidas al poder que fuera, imponiéndose por la vía de la fuerza.

Fue durante el franquismo, y lo que colea ahora de las poderosas mafias blancas que montaron para ayudarse en el poder y en lo económico en gremios religiosos, de obreros de dios, guerrilleros, caballeros y demás, donde lograron y logran un poder y una impunidad total, repartiéndose las cabeceras del poder social y el económico público, con una efectividad que saben perfectamente que es directamente proporcional a la ignorancia de un pueblo. Y que cuando mayor es la ignorancia popular, mayor es su poder, y que cuando menor y más avanzada en lo social y en lo económico es una sociedad, ellos, aunque, estén dando manotazos al aire todo el día, se diluyen y apenas se ven.

Europa, la Europa democrática y cristiana, que oficialmente se declaró solo con raíces cristianas pero sin ramas ni savia en su cuerpo de posible unión como territorio, le ha costado tal hecho y dicho, el que no avance en consolidar su fortaleza territorial, porque mucha parte del dinero negro del mundo lo controla el clero vaticano, y controlar el dinero negro es controlar la política de las grandes decisiones.

La afamada y publicitada con el nombre de “guerra fría”, no es más que una lucha tremenda entre las sociedades que quieren tener el dios que libremente quieran disponer, y aquellas otras que tienen que tener el dios en su sociedad que les ordenen tener. Y es tal el poder alcanzado por las sociedades con dios, que si la avaricia no rompe el saco y el dinero del mundo no encuentra en la China comunista un lugar donde multiplicar, por los menos en un principio, los beneficios por mucho, hoy en día, en países como España, con más de 80 universidades, de las cuales más de 26 tienen el adjetivo de católicas, la sociedad pinta con claridad quién se está llevando el gato al agua social a mojarlo en agua bendita. Y a lamentar solo que no se construyen muchas nuevas iglesias, pocas catedrales; pero lo que son las expresiones religiosas populares, empanadillas profanas aparte, como dicen que es cultura, van en aumento y esplendor.

Trucando libros de historia, alterando realidades que acontecieron de otra manera, hasta el extremo de que lo que fue una guerra religiosa que duró mil años entre trinitarios y unitarios, la han anotado en la crónica por una inexistente invasión de conquista bélica islámica. Y en la actualidad de esta España de clara civilización social de ellos, por más movimientos que se gestan en pos de la igualdad de la mujer, como si ellos hubieran defendido en algún momento, o defiendan, la paridad o igualdad de los sexos, y solo por imperativos de orden económico se mantienen a raya discriminando a la mujer, se ríen en las barbas sociales de todos nosotros, supuesto que ellos están quedando al margen de aquellos vientos que sembraron con fuerza en el franquismo, su siglo todavía de oro, cuando sin rubor públicamente desde los altares, publicitaban que la mujer es el diablo pintado de bellas formas para atraer al infierno a los hombres, o que mantengan sentado en el cielo santos de la calaña del francés  San Odón de Cluny, con santas conclusiones como cuando escribió que: La belleza del cuerpo sólo reside en la piel. En efecto, si los hombres vieran lo que hay debajo de la piel, la visión de las mujeres le daría náuseas… Puesto que ni con la punta de los dedos toleraríamos tocar un escupitajo o un excremento, ¿cómo podemos desear abrazar este saco de heces?”.

La revolución cubana, con buen criterio, expropio un porcentaje elevadísimo de las tierras de valor productivo en la isla de Cuba, que con su tradicional estilo ladino, la iglesia vaticana en años y años de meter miedo y mentir en tratos urbanísticos de cambiar parcelas celestiales por terrenales, se había apoderado minando voluntades en los casos más favorables como título de compra. La Revolución Cubana, hasta ahora, no quiere devolver lo que no le pertenece a un clero acaparador, que es la expresión más genuina de lo que son las “manos muertas” de los recursos activos del planeta.

Toda su rabia cubana descansa ahí, y no pueden aceptar que si en España hacen lo que les da la gana, en Cuba, por el momento no. Y llevan y están luchando no porque les preocupe o deje de preocupar el pueblo cubano, sino porque las fincas que poseían en la isla vuelvan a sus repletas arcas.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.