Adela Cortina: ‘No sé qué molesta que una estudiante lleve un velo’

Hay algo familiar en Adela Cortina. Quizás sea el sentido común, ese que, precisamente por común, a todos nos debería resultar familiar

  • En 2008, se convirtió en la primera mujer en ingresar en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, un hito en una trayectoria que comenzó a fraguarse en la Universidad de Valencia, en donde aún enseña.

Trump, Le Pen, el Brexit… ¿Qué pasa?
Yo creo que la democracia es la mejor forma de gobierno posible pero es muy difícil llevarla adelante. Se necesita una ciudadanía muy madura.
La educación, se supone, es importante.
Claro, pero me gustaría decir que en el sistema educativo, lo que tiene menos importancia son las leyes. Lo que cuenta es la actitud de los padres, de los profesores, de los niños. Es decir: el contexto. Se puede aprobar una ley maravillosa, pero si los padres no están dispuestos a admitir que el profesor puede tener razón en un posible conflicto con su hijo, el niño no está dispuesto a estudiar y la consejería de Educación no le va a dar la razón a quien la tenga, sino a la solución que le vaya a dar los votos… Entonces las buenas leyes no valen de nada. Por eso, la sociedad debe ser más responsable. Todos estamos educando a los niños.
Pese a que el ser humano nunca ha tenido el conocimiento tan a su alcance como en internet, parece que nos decantamos por argumentos reduccionistas.
Tenemos muchos medios para saber, pero en último término todo depende de las personas y estamos demostrando que nos interesa más el mensaje corto que el análisis y la reflexión. La filosofía consiste en deliberar, analizar, criticar, autocriticar… y eso necesita espacio y tiempo. Creo que se está relegando demasiado. Por eso la sociedad es cada vez más manipulable.
Y tendente a ciertos atavismos. Lo hemos visto estos días con los ataques al niño con cáncer que quiere ser torero y a la viuda de Víctor Barrio.
No sé cómo la gente puede llegar a comportarse con tan poca humanidad. Yo creo que los animales tienen un valor, pero quienes tienen derechos son las personas.
España parece atravesar un momento difícil.
Los momentos difíciles siempre tienen una prehistoria. La crisis ha sido el detonante para que salga a la luz una serie de deficiencias que veníamos arrastrando. La gente no se daba cuenta porque vivía bien. Pero llegó la crisis y empezamos a percatarnos de lo que había detrás. Por eso, la indignación.
Ahora está de moda criticar la Transición.
Yo valoro muy positivamente la Transición. Todo lo humano tiene defectos, carencias. Pero en aquel momento en que veníamos de una etapa de una dictadura, de una Guerra Civil, los partidos políticos tuvieron la generosidad de no optar cada uno por el máximo porque entonces hubiera sido imposible llegar a un acuerdo. Todos hicieron sacrificios y eso fue lo que hizo posible los Pactos de la Moncloa, cambiar las leyes… Los políticos buscaron el bien de la gente, no la relevancia de los partidos. Y luego, la ciudadanía, la Iglesia, los grupos sociales… se avinieron. Ojalá tuviéramos la misma capacidad de ponernos de acuerdo.
¿Qué ha pasado?
En cuanto entraron en la normalidad democrática, los partidos fueron ocupando espacios, como es natural, pero poco a poco se han deteriorado. No quiero universalizar, pero creo que la clase política desde la Transición se ha deteriorado. Parece que no importa ya el bien común, que es esencial en política.
¿Hay que reformar la Constitución?
Quizá, pero siguiendo los procedimientos legales. Hay que tomarse en serio el Estado de Derecho. Si no hubiera una legislación común, los más débiles estarían desprotegidos.
¿En qué aspectos habría que reformarla?
Sobre todo en materia de derechos sociales. Por ejemplo, es injusto que las personas más vulnerables tengan diferentes oportunidades según las autonomías. No se puede tratar a una persona de forma diferente porque nazca en un lugar determinado.
Pero eso significaría una recentralización de competencias que suele ser lo contrario de lo que se ha hecho en los últimos años.
Lo más importante es proteger el derecho de los ciudadanos. Y un derecho desigual de los ciudadanos no es derecho. En un Estado tiene que haber las mismas oportunidades. No lo llamo recentralización sino derecho de los ciudadanos a ser tratados igual.
¿Y el encaje territorial?
Lo importante es que las propuestas sean claras. Por ejemplo, si el PSOE propone una España federal ha de aclarar en qué consiste el federalismo aplicado a España, si vamos a convertir las diferentes autonomías en estados federales, si será un federalismo simétrico o uno asimétrico, en el que unos estados tengan más oportunidades que otros, lo cual no sería justo. Si se trata de ampliar competencias de las comunidades autónomas, hay que decir en qué. Todos quieren hacer reformas, pero pocos explican cómo serían.
¿Soportaría el Congreso de los Diputados una auditoría ética como las que usted realiza a las empresas?
Yo creo que no porque lo primero que tendrían que hacer los diputados es deliberar y eso no lo hacen. Cada uno se dedica a su discurso en lugar de tratar de llegar a acuerdos.
Parece que al final gobernará Rajoy.
En cualquier caso deberán buscar el bien común. Tienen que ponerse en marcha valores como la libertad, justicia, igualdad… Y ante la falta de acuerdo, el mal menor es que el partido más votado forme gobierno, pero el resto debe marcarle muy de cerca. Hay que hacer reformas urgentes.
Pero el presidente en funciones es un hombre que aparece en sumarios, en la supuesta contabilidad en B del PP. Por lo tanto, está bajo sospecha. La vergüenza social es una de las armas de la ética.
Es un tema peligroso. Las acusaciones de corrupción afectan a al PP pero también a los demás partidos en las diferentes autonomías. Está claro que la corrupción existe y que los jueces tienen muchísimo trabajo. ¡Ojalá lo hagan con celeridad! Pero en Brasil a Dilma Rousseff la han intentado echar por corrupción por algo que yo creo que no lo es. A mí me da miedo la agresión moralista que consiste en eliminar a otros utilizando denuncias. Eso es propio de China, de Corea del Norte. Lo que no puede ser es que se intenten ganar las elecciones utilizando la corrupción sin hacer propuestas. El PSOE, por ejemplo, tiene un programa magnífico de socialdemocracia y debería presentar su propuesta además de hablar de corrupción.
¿Se está acabando con la presunción de inocencia? Le pregunto por Rita Barberá.
No se está acabando con ella, pero sí que se está socavando. Los medios de comunicación deberían cuidar no hacer juicios paralelos, porque esa no es su tarea. La función policial es fundamental en un país y los jueces tienen que hacer su trabajo, por eso la gente es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Y eso es fundamental.
El PSOE ha perdido parte de su electorado.
No ha sabido ser la oposición que capitalizara el descontento. Ni crear una alternativa ilusionante. Pensaban: ya caerán… No han tenido interés en fortalecer sus bases, ni en explicar qué es la socialdemocracia. Por eso ahora tienen una buena oportunidad.
Usted dice que lo más urgente debe ser el auxilio a los refugiados.
Europa, salvo excepciones, no ha sabido responder a una de las crisis más importantes de la historia contemporánea. Pero ahí están los resultados electorales. Merkel sí ha tenido una buena política con los refugiados y los votantes no se lo han perdonado. Están surgiendo movimientos xenófobos.
¿Cuál es el problema? ¿El multiculturalismo?
Es la pobreza. A nadie le molesta que un extranjero compre un equipo de fútbol. O que los saudíes inviertan. No es la multiculturalidad. El problema es que viene un conjunto de gente que necesita vivienda, trabajo… y nosotros les cerramos las puertas porque decimos que ya tenemos bastante con lo nuestro.
Algunas informaciones apuntan a que miembros del ISIS podrían llegar a Europa entre los refugiados.
Pero el terrorista puede estar ya en el país. La mayoría de los atentados los realizan personas ya afincadas en Europa. Por otro lado, en España hemos sufrido durante muchos años el terrorismo autóctono.
Una falta de integración… ¿no es un caldo de cultivo para el terrorismo?
El terrorismo tiene que ver con la mentalización, la psicología personal, la ideología. La integración intercultural es un reto al que debemos responder.
Está la cuestión del velo en los colegios.
No sé qué molesta que una estudiante lleve un velo. Otra cosa es el burka porque no se le ve la cara. Si las niñas lo quieren llevar por su identidad religiosa porque lo eligen así, que lo lleven, como cualquiera pueda llevar sus símbolos religiosos.
Un velo define la situación de la mujer respecto al hombre.
Eso es ya entrar a discutir lo que significa en una determinada cultura. A mí lo que me parece es que las culturas no están cerradas, sino que evolucionan. Y por eso me parece fundamental dialogar con gentes de distintas culturas desde las bases para ir viendo qué nos une. Creo que hay que hacer intercultural la vida cotidiana. El diálogo es esencial.
Lo que sí parece haber atizado la crisis de los refugiados es el auge de los partidos nacionalistas.
Si… Y los propios partidos tradicionales también tratan de pescar en ese electorado. Es suicida para la UE, que tiene una carta de derechos y valores que es lo contrario a la cerrazón. Eso es lo distintivo de la UE.
El hombre como fin en sí mismo, decía su Kant.
Eso es el corazón de Europa. Y si pierde esto, su identidad de valores se va al traste. Kant hablaba de hospitalidad, Europa tiene que ser hospitalaria.
Algunos hablan de conquista demográfica.
Entonces puede que los europeos no estemos tan seguros de nuestro valores como creemos. Quizás tememos que se impongan otros que se toman sus valores más en serio. Yo no veo que la gente esté tan preocupada por la libertad, la igualdad… En ese caso, no podrían dormir pensando en los refugiados.
En España hay inmigración iberoamericana y no se percibe como un riesgo.
Claro. Los que vienen del mundo islámico traen valores diferentes. Reitero que nuestra sensación de inseguridad es porque quizás no estemos seguros de esos valores europeos de los que tanto alardeamos.
Pero los populismos…
Los populismos no cuadran con la democracia.
Los referéndums parecen haberse convertido en un instrumento fundamental del populismo y de otros que presumen de no serlo, como Sarkozy.
Soy partidaria de una democracia deliberativa. Pero que la gente participe más no significa que tenga que haber más referéndums. Hay que hacer pocos, con información buena y veraz y con preguntas diáfanas. Porque lo que no se puede permitir es que la gente vote en una campaña de mentiras, como ha pasado con el Brexit. Los referéndums se prestan a la manipulación de las emociones. En política para tomar decisiones hay que ser experto, saber. A mí me parece interesante una democracia deliberativa en la que la gente propone, da ideas, discute. A eso me refiero al hablar de democracia participativa. ¿No es mejor que las decisiones importantes las tomen gente con experiencia a las que se les pueda pedir cuentas?
Por ejemplo, un referéndum de Cataluña. Podemos se ha comprometido a realizarlo.
Sería ilegal y, por tanto, no debe celebrarse.
Mas, por ejemplo, propuso preguntar el 9-N: “Usted desea que Cataluña sea un nuevo estado de la UE”. Eso por definición es imposible.
Aparte de que sea o no imposible, preguntarse si es legal o no es un asunto previo.
¿Manipular las emociones atenta contra la ética?
Ese es el problema del independentismo y de otras cosas. El principio clave de la ética moderna es que las personas son valiosas por sí mismas y que no se las debe instrumentalizar. Y claro, la manipulación de las emociones es instrumentalizar al ser humano y va en contra del principio supremo.
¿Qué opina de la ley de Memoria Histórica?
Hubo un momento en el que en este país se acordó una reconciliación nacional, en la que participó también el Partido Comunista y todos los demás estuvieron de acuerdo. Fue uno de los avances que nos permitieron salir adelante. Por supuesto que hay que hacer justicia y también tratar de seguir construyendo el futuro a la altura de 2016.
¿Cómo está la salud ética de los españoles?
Mejor que en algunos lugares y peor que en otros. No hay que ser derrotista. Hay una sociedad vigorosa y políticos que se lo toman en serio. Si miramos al pasado, nunca hemos estado mejor. Y ya que estamos en un momento bueno, intentemos progresar.
¿El hombre es un lobo para el hombre?
Nuestro cerebro está capacitado para la cooperación, no sólo para el egoísmo. Eso es lo que nos ha permitido salir adelante. Un jefe indio contaba que en todo hombre conviven el lobo de la misericordia y el lobo del egoísmo. “¿Y cuál gana?”, le preguntaron. “El que alimentéis”. En todo ser humano conviven el egoísmo, la cooperación, la bondad… ¿Y qué valores alimentamos? Para eso sirve la educación.

Hispanista revivido.