Alba de Céspedes, amigas en la poesía y en la historia

Frecuenté a Alba de Céspedes entre los años 1983 y 1988, en París

 

Por Zoé Valdés

Frecuenté a Alba de Céspedes entre los años 1983 y 1988, en París. Nos habíamos conocido con anterioridad en La Habana, en 1981, mientras yo trabajaba (durante el período de mi servicio social universitario) en la transcripción paleográfica de los dos últimos diarios de Carlos Manuel de Céspedes escritos pocos años antes de su muerte en San Lorenzo. Nos presentó Eusebio Leal en el Museo de la Ciudad. Alba de Céspedes no sólo era la nieta del Padre de la Patria, además gozaba de una intensa celebridad como escritora y periodista en Italia y en Francia. Sus libros eran verdaderos best-sellers. Yo había leído ‘Cuaderno prohibido’ y ‘Ellas’, novelas traducidas al francés, más tarde tuve acceso a toda su obra. Entonces sus libros no estaban editados en Cuba y creo que todavía no lo están.

Durante mi estancia en París, entre los años 1983 y 1988, nos aproximó la poesía. Nuestro encuentro definitivo ocurrió en un Festival de Poesía en la UNESCO dedicado a Fernando Pessoa en donde leí mis poemas junto a Dámaso Alonso, Luisa Castro y Severo Sarduy, y después Alba me pidió que leyera fragmentos de su libro ‘Canción de las hijas de mayo’. Nacida en el mes de mayo y conmovida por una de las voces que vibra en el poema, Borjita, una cubana que sobrevive en París durante mayo del ’68, accedí gustosa a la lectura, que se produjo en el gran teatro de la UNESCO. A partir de ahí se forjó una amistad basada únicamente en la literatura. Gracias a Alba de Céspedes leí a Louis-Ferdinand Céline.

La visitaba asiduamente en su apartamento del Quai de Bourbon, una silenciosa calle que bordea “la Seine” en la Île Saint-Louis, a unos pasos de donde habito, y que como verán aquí posee una historia muy atrayente. Alba almorzaba y cenaba a diario en un restaurante situado en el número 1, donde ahora hay un bar de vinos, y que había sido “un cabaret propiedad de Cécile Renault en 1794, quien había querido asesinar a Robespierre y fue guillotinada”. Allí asistí en numerosas oportunidades acompañando a Alba de Céspedes. Mientras ella me animaba a degustar recetas típicamente francesas hablábamos solamente de literatura y de Carlos Manuel de Céspedes, de nada más.

Pocas veces tocamos la actualidad cubana, yo lo evitaba, intuía que no debía hacerlo si quería conservar su amistad. Sin embargo, una vez se propició una conversación sobre política y quise contarle a Alba cómo se sentía la juventud cubana y lo que pensábamos de Fidel Castro, y ella me paró en seco. No, no había quien le tocara a Fidel. Mi súbita introducción la obligó a cambiar de actitud. A Alba le brincaban constantemente sus pupilas claras dentro de unos ojos inteligentísimos. En ese instante su mirada ahora enturbiada se extravió en un punto a mis espaldas. Ella “amaba” a Fidel, y así me lo dejó claro. No quería oír ninguna opinión en su contra.

Durante unos meses me tocó servirle de “asistenta literaria” mientras escribía el guión de ‘El siglo de las luces’ para Humberto Solás. Mi trabajo consistía en hallar las partes descriptivas de la novela que pudieran ser adaptadas a diálogos. Fue un arduo trabajo cuya única retribución fue la de su compañía. Alba se comportó de manera muy amable, me prestó libros de raras ediciones, y leíamos juntas en italiano y en francés pues se había propuesto que yo aprendiera también el italiano; hasta me propuso que ocupara una habitación en su casa por tiempo indefinido, no lo acepté, y seguimos viéndonos hasta que yo regresé a Cuba en 1988.

Alba iba casi siempre acompañada de Stefano de Palma. Un hombre muy culto y simpático, sumamente discreto, con quien trabé muy buena relación. Era él quien se ocupaba de todo lo de ella. Y todavía se sigue ocupando, por lo que veo en este artículo.

carta de stefani di palma

Fue Stefano de Palma quien me escribió en nombre de ambos, cuando perdí a mi segundo esposo, José Antonio González, en un accidente de avión. En su carta, que reproduzco aquí debajo, hace alusión a la presencia de Alba y la suya en una exposición de fotos del Che en la Embajada cubana en París. Alba jamás cambiaría. Yo lo supe siempre. De vez en cuando releo sus libros y sus notas en relación a Carlos Manuel de Céspedes en recuerdo de una estrecha y hermosa amistad literaria e histórica.

Zoé Valdés.