A su llegada, Cuba no era sólo un rico Emporio español sino un semillero cultural donde se manejaban las ideas más avanzadas de la época

 

William Navarrete

wnavarre75@wanadoo.fr

Cuando el barón Alejandro de Humboldt (1769-1859) llega por primera vez a Cuba, la isla comenzaba a despuntar económica y culturalmente. Sin embargo, en el ámbito de las ciencias poca cosa se había hecho que precediera al primer viaje de sabio alemán. El arte de navegar, la primera obra científica cubana, escrita por Lázaro de Flores Navarro, databa de 1672 y, como lo indicaba su título, privilegiaba lo que, desde muy temprano, se había convertido en la principal fuente de riqueza de La Habana: el astillero, el puerto y la flota que allí se reunía, dos veces al año, antes de proseguir la ruta del oro desde y hacia Sevilla. Casi un siglo después, en 1761, aparecerá el primer trabajo propiamente consagrado de la historia de Cuba. Su autor, José Martín Félix de Arrate, lo tituló oportunamente Llave del Nuevo Mundo, antemural de las Indias Occidentales. Influido por la Ilustración, un grupo de pensadores cubanos de la clase criolla acomodada, encabezado por Luis Peñalver y Cárdenas, Juan Manuel O’Farrill y Francisco Basabe, decide fundar, el 27 de abril de 1793, la Sociedad Económica Amigos del País de San Cristóbal de La Habana, una institución que incidirá muy favorablemente en el desarrollo cultural y económico de la colonia. Francisco de Arango y Parreño (1765-1837), uno de sus miembros más activos, había escrito con anterioridad un tratado de economía de capital envergadura. Arango, propietario del ingenio azucarero más grande del mundo en ese momento, fue el autor del ensayo Discurso sobre el fomento de la agricultura en La Habana (1787), que a decir del historiador Manuel Moreno Fraginals constituyó «la primera lección en castellano de economía seca, franca y sin más preocupaciones éticas que el dinero». Casi un siglo y medio después, otro pensador cubano, Raúl Maestri, dedicará también a Arango su muy agudo estudio, apenas conocido hoy, Arango y Parreño, el estadista sin Estado (La Habana, 1937). Para ser justos habría que añadir a estas notas que, dada la supremacía geográfica, económica y política de La Habana, la historiografía de la isla suele olvidar la existencia, anterior a la institución capitalina, de la Sociedad Económica Amigos del País de Santiago de Cuba, fundada el 1° de noviembre de 1787, o sea, el mismo año en que Arango y Parreño dio a imprimir si Discurso

humboldt01Tales eran las preliminares relevantes que en el ámbito de la investigación, de hecho más histórica y económica que científica, precedieron a la primera visita de Alejandro de Humboldt a La Habana. Acompañado por su amigo, el célebre médico y botánico francés Aimé Bonpland (1773-1858), Humboldt llega al país el 19 de marzo de 1800 y prolonga su estancia hasta el 15 de marzo de 1801. Un segundo viaje, de sólo un mes y medio de duración, ocurrirá más tarde, entre abril y mayo de 1804. Durante las dos estancias ambos científicos fueron acogidos por Don Pablo O’Reilly y de las Casas (1768-1832), segundo conde de O’Reilly y Regidor alguacil mayor del Ayuntamiento de La Habana, así como por la familia de comerciantes de la Cuesta (emparentados con la familia O’Reilly por la esposa del conde), quienes les brindaron hospitalidad y los introdujeron en los círculos aristocráticos de la capital. La casa de los de la Cuesta, sita en la calle Oficios, frente a la plazuela de San Francisco, ha sido destinada a alojar la Casa-Museo Humboldt en la ciudad.

Fruto de los dos viajes mencionados es el célebre Ensayo político sobre la isla de Cuba, publicado por el barón en lengua francesa, en París, año 1826. Salta a la vista que, entre las experiencias del estudioso alemán en Cuba y la publicación del libro, median veintidós años, el tiempo necesario para que el científico corroborara y sopesara sus observaciones y diera, además, estructura definitiva a la obra al cabo de otros experimentos que realizó en los territorios de América correspondientes a los países actuales de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, México y Estados Unidos.

A pesar del aparente defasaje entre los dos viajes y la publicación del libro, Ensayo político sobre la isla de Cuba fue la obra de temática económica y geopolítica de mayor importancia en la primera mitad del siglo XIX cubano. Y lo fue a tal punto que el pensador José de la Luz y Caballero bautizó a su autor, años después, como «el segundo descubridor de Cuba». Cabe señalar que, durante el periodo de concepción, el Ensayo fue enriquecido y actualizado con investigaciones que entre 1804 y 1826 se realizaron en la isla. Humboldt asevera que su mapa geográfico del país supera los errores cometidos por el que publicó el Depósito hidrográfico de Madrid en 1820, con lo cual el barón demuestra el nivel de rigor e información con que solía entregar sus obras a la imprenta.

Entre los dos viajes y la impresión del libro en Francia la situación política en los territorios españoles de ultramar había cambiado radicalmente. En ese intervalo, casi todas las colonias hispanoamericanas, excepto Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico, obtienen su independencia como resultado de las guerras de emancipación. El barón, sin embargo, no abandona por ello la «moderación de principios y la conducta circunspecta». Humboldt, conocedor de la férrea censura impuesta por la monarquía absolutista española en las cuestiones referentes al gobierno de las colonias – dejando a un lado el breve espejismo de apertura que significaron Cortes y representantes cubanos en Cádiz –  y necesitado del apoyo que le brindaban los archivos peninsulares para sus investigaciones, no deseaba arriesgar su trabajo adentrándose en consideraciones que laceraran sus relaciones con España. Del poder político y administrativo de Cuba, por ejemplo, el barón sólo ofrece una descripción formal en la que no incluye cuestionamientos políticos de ninguna naturaleza. Los únicos temas sociales abordados en el Ensayo serán los referentes a la esclavitud y el exterminio indígena que había tenido lugar dos siglos antes, aspectos sobre los cuales sí emitirá juicios muy severos. Sin embargo, a pesar de su conmesura y discreción – la esclavitud se abordaba entonces desde una perspectiva económica – el simple cuestionamiento de la mano de obra esclava bastó para que su obra fuese censurada en España y se prohibiera su circulación en Cuba. La edición del libro en español (1827) no será una edición española, sino francesa, que corrió a cargo de la casa Jules Renouard de París. En ella, se incluyó la Balanza general de Comercio de La Habana para el año 1825, realizada por M. B. Hubert, miembro de la Sociedad Geográfica Francesa.

El Ensayo, concienzudamente conformado a partir de tópicos, dilucida cuestiones generales acerca de la geografía de la isla (relieve, suelos, recursos hidráulicos, clima); aspectos demográficos y económicos relativos a la agricultura. Para ello, Humboldt visita la zona de Trinidad y la de Surgidero de Batabanó, en cuyas inmediaciones Joaquín de Santa Cruz y Cárdenas-Vélez de Guevara, tercer conde de San Juan de Jaruco y primero de Santa Cruz de Mopox, poseía la hacienda de Palos y Bagaes (donde fundó la villa de Nueva Paz) y el ingenio Río Blanco, lugares en que se alojaron los dos científicos. De los bojeos realizados por el barón a lo largo de la costa sur de la isla, entre la cayería de Jardines y Jardincillos del Rey y de la Reina, los Canarreos e isla de Pinos, obtenemos informaciones valiosísimas de la topografía, toponimia y el fondo marino. Entre las soluciones encaminadas a mejorar la comunicación entre La Habana y su trastierra, el barón propone la construcción de un canal que atraviese la llanuera habanera apoyándose en las vías fluviales naturales de los ríos Almendares y Güines (Mayabeque). Del canal propuesto por Humboldt se construyó poco o casi nada, es quizá por eso que el poblado habanero de Güines ostenta hoy día el título hiperbólico y casi humorístico de «Venecia cubana», por algunos canales allí trazados.

En esos dos viajes a Cuba, Humboldt, auxiliado por el botánico Bonpland, repertorió además 160 especies vegetales y otras muchas animales. Probablemente consciente de la caprichosa forma insular, muchas veces comparada a él mismo en su libro con la de un cocodrilo, el barón dedica especial atención a la descripción de este reptil. Un toque de humor aparece entonces cuando cuenta la manera en que Bonpland y él hicieron traer cinco ejemplares de este animal – de los cuales sólo dos sobrevieron al viaje – y cómo los colocaron en la casona señorial donde se alojaban, en donde, encaramados sobre un mueble alto, los dos científicos estudiaron el comportamiento del animal.

Humboldt no vacilará en colocar a La Habana entre las ciudades de América de aspecto más asqueroso. Recordemos que los planes de embellecimiento del Capitán General Tacón comenzarán cuatro décadas después. «Barro y tasajo», son los términos que emplea al describirla. No debe olvidarse sin embargo que éste es el comentario de un huésped que se ha alojado en los mejores palacetes de la villa y se ha codeado con lo más exqusito de la sociedad cubana. Tampoco olvidemos que el barón, a lo largo de su viaje, había estado también en Cumaná, Caracas, Valencia, San Fernando, Maipures, Casiquiari, Angostura, Barcelona – todas en Tierra Firme de América –, antes de que en Cuba, y luego, en Cartagena, Bogotá, Quito, Trujillo – antes de volver a La Habana – y dar fin a su periplo en Filadelfia.

imgresCuriosamente, otro de los temas abordados por el barón en su libro es el de la existencia de pozos petroleros (manantiales de betún y chapapote, les llama entonces) en la isla. El barón deja claramente precisado la existencia de estos yacimientos en la punta de Hicacos (islote de Siguapa), o sea, en lo que corresponde al balneario de Varadero actual. Ofrece conjeturas acerca de la existencia de yacimientos de este tipo en la bahía de La Habana, incluyendo los ya conocidos pozos de Guanabacoa. Este tema, de absoluta vigencia, constituirá, a finales del siglo XX, una de las mayores preocupaciones con respecto al equilibrio ecológico de la región , y en específico de la franja costera entre Cárdenas y La Habana. Sabido es que obsesionado por hallar pozos importantes del oro negro, el gobierno cubano ha mutilado indiscriminadamente buena parte de este litoral en búsqueda de dichos yacimientos que salvarían la economía dependiente y arruinada de Cuba. En dicha explotación (o exploración) invirtieron incluso capital estrellas del cine francés como Gérard Depardieu y hombres de negocio como Gérard Bourgoin, más conocido en Francia por el título de «Rey de los pollos», debido a su poderío en el ramo avícola. Sin proponérselo, Humboldt, apasionado geógrafo y respetuoso de la naturaleza, acababa de ofrecer las pistas necesarias para que, casi dos siglos después, la búsqueda de petróleo en esa área depauperara el paisaje.

Se han cumplido más de dos siglos del primer viaje de Humboldt a Cuba. Fue el sabio alemán (prusiano, para los puristas), muy admirado por no pocos estudiosos cubanos durante la República. A Fernando Ortiz debemos el redescubrimiento de su obra, algo que instó al historiador Emilio Roig de Leuchsenring a reeditarla en 1959. Una céntrica calle de La Habana, en la barriada de Centro Habana, fue bautizada en 1940 con el nombre del científico, por iniciativa de este historiador. Mas también fue durante el periodo republicano que la Universidad de La Habana decidió colocar una tarja conmemorativa en el pedestal de la estatua de Humboldt en su homóloga berlinesa : «Al segundo descubridor de Cuba, la Universidad de La Habana, 1939», versa en ella. Algo que, si bien no fue el mejor al menos sí el más sentido y sincero homenaje que la República de Cuba ofreció a uno de los primeros hombres que mejor legado dejara a la cultura cubana.

 

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