Animal en vilo, nuevo libro de William Navarrete

París, 8 de abril de 2016

Querida Ofelia:

Animal en vilo es el tercer libro de poesía del escritor cubano William Navarrete, radicado en París desde hace más de dos décadas.

Este poemario, ilustrado por Segundo Planes, artista cubano radicado en la ciudad mexicana de Monterrey, ha sido publicado por las ediciones de la Universidad Autónoma de Monterrey. El libro incluye cuarenta poemas y está dividido en cuatro partes, que, como las estaciones de Vivaldi se refieren al otoño (Azureños), al invierno (Piemontanos), a la primavera (Pigalle) y al verano (Biscayne). Cuatro lugares del mundo: la Côte d’Azur, el Piamonte, París y Miami, forman parte del mapa vivencial e imaginario del autor.

El libro viene acompañado de unas palabras del gran poeta regiomontano José Eugenio Sánchez, ganador del premio internacional Fundación Loewe de poesía: ‘‘La poesía de William Navarrete es la banda sonora de un universo desmoronándose en la melancolía: transcurren cuerpos inventando los instantes memorables de un motel de mala muerte con romances enlazados con un revólver tibio entre las manos y conviviendo en la aspereza del asfalto y el paso firme de los tacones como un latido que excava en las márgenes del tiempo… ’’. Para añadir enseguida: ‘‘Animal en vilo es un precipicio en el mar donde las aves podrían ser el ruido de los autos en la orilla de un puente: un bosque frondoso con pájaros que visten la danza con los colores más sencillos como una bala perdida que silba en medio de la desesperanza y nos roba la tibieza de los cuerpos: pero que están ahí para indicarnos que debajo de las ruinas de este mundo sobrevive un poco de poesía’’.

Le he pedido al autor que escoja un sitio de su preferencia en París para esta entrevista y escogió, frente a la plaza ajardinada de la torre de Saint-Jacques (torre de Santiago), el café Livres, un sitio en el corazón de la capital francesa, en donde las paredes son anaqueles de libros que los clientes pueden leer y consultar el tiempo de un té o de una grata conversación.

FJH: ¿Por qué Animal en vilo ocho años después de tu último poemario?

WN: Justamente porque hacía ocho años que no publicaba un libro de poesías y porque esos poemas los escribí después de Lumbres veladas del Sur (2008). El registro no tiene mucho que ver con la poesía que había escrito antes. En Animal en vilo hay melancolía, como bien dice el amigo José Eugenio Sánchez en sus generosas palabras, pero también mucha dureza: la del mundo que vivimos, la de seres que giran o flotan en entornos tan variados como una acera frecuentada por prostitutas en el bulevar Biscayne de Miami o un bar de mala muerte del barrio parisino de Pigalle, o personajes que contemplan los despojos de este mundo en medio de oleadas estivales de turistas anónimos en la Riviera francesa o el silencio sepulcral de un invierno sombrío en Mondovi, pueblo empinado del Piamonte italiano, cuyo gentilicio piamontano no me gustaba y lo traduje al galicismo ‘‘piemontano’’ pues por extrañas razones, estando la región al pie de los Alpes no sé por qué el castellano prefirió una ‘‘a’’ en lugar de la ‘‘e’’ lógica y correspondiente.

La voz que viaja con esos versos contempla el mundo que le es familiar como un animal a la espera de un cataclismo inminente. Un hombre que conserva del instinto de los animales la capacidad de sentir el peligro y que se prepara para ponerse a salvo en cuanto reciba los primeros signos de la llegada del caos. Pero, humano al fin y al cabo, juega, se entretiene, ironiza, ama, ríe, pierde el tiempo, reflexiona… en lo que espera, consciente, en vilo, la catástrofe que se avecina.

FJH: ¿Por qué en Monterrey, un sitio tan alejado de tu entorno?

WN: Monterrey en los dos últimos años ha sido un refugio de vivo interés cultural. Allí fui invitado a la feria UANLeer por dos años consecutivos y conocí a poetas entusiastas y a profesionales del mundo de la edición que hacen posible no sólo esta fabulosa feria literaria anual, sino que publican hermosísimos libros de poesía. Cuando vi sus libros me asombró lo muy cuidada de sus ediciones, la calidad del papel, de la gráfica. Allí viven el pintor cubano Segundo Planes, los poetas mexicanos José Eugenio Sánchez y Margarito Cuéllar. También Antonio Ramos Revillas, actual director de la feria y el licenciado Celso José Garza Acuña que es un poco el alma de la manifestación y tiene un equipo extraordinario. Todo aquello me pareció muy acogedor, el ambiente muy propicio para publicar poesía y el sitio tan inesperado como los lugares y tópicos de Animal en vilo.  Un disparo puede romper la paz de la noche en la geografía de muchos de mis versos, como puede romperla también en Monterrey, pero es en lugares como éste en donde la creación se mantiene viva, pues la vida pende de hilos invisibles y frágiles, y se vive intensamente por miedo a que la muerte nos sorprenda al doblar de la esquina o al apurar una jarra de cerveza. La ciudad no se entrega ni se descubre a simple vista. Quien se conforme con la primera impresión no sabe lo que se pierde. Su encanto, al no operar de modo inmediato, se revela poco a poco, cuando menos lo esperamos. Yo creo que eso tiene mucha poesía. Y la conjunción del todo dio vida y explica las razones de un libro nacido regiomontano.

FJH: En tu obra narrativa y ensayística Cuba siempre ha estado presente. Constato que no sucede lo mismo con tu poesía. Ninguno de tus libros de poesía se inspiran realmente de Cuba. ¿Coincidencia o intencionalidad?

WN: Ni lo uno, ni lo otro. La poesía nace de un momento y ese momento para mí habla del presente. Cuba es pasado, algo que quedó atrás, que merece introspección pero que sólo puedo abordar con la prosa. A pesar de ello, Cuba está presente de un modo sutil. Uno de los poemas de ese libro, ‘‘La dama del pub’’, está dedicado a José Triana, autor cubano que vive en París. Otro al poeta Heriberto Hernández Medina, compatriota que falleció hace unos años en Miami. Y un tercero a Luisa Fernández-Morell, una pintora académica de la Cuba republicana que, sin saberlo, alimentó el imaginario de mi infancia. Gracias a ella viajaba en el espacio de sus muebles y de su casa a un país del siglo XIX, a una isla de la que ya poco quedaba en la década de 1980.

FJH: Los diez poemas del verano, los que aparecen en la sección ‘‘Biscayne’’, hacen referencia a Miami. ¿No es esta ciudad una especie de Cuba de sustitución? ¿Por qué Biscayne?

WN: Nunca he viajado a Miami buscando allí el país al que nunca he regresado. Han sido razones familiares, profesionales y vínculos afectivos lo que me ha llevado a pasar largas temporadas en el sur de la Florida. En una época de mi vida esa periodo correspondía con el verano, el peor momento para ir a Miami. Como se sabe es prácticamente imposible vivir en esa ciudusa-florida-miami-biscayne-bay-cactus-neon-sign-on-faade-of-gay-bar-AWGWP0ad sin disponer de un auto para moverse y recorrerla, entre otras razones porque el transporte público es deficiente y las distancias demenciales. El bulevar Biscayne divide el este del oeste, y es una arteria que va de norte a sur, desde Cayo Hueso hasta Nueva York, solo que al pasar por esa parte de Miami se le da el nombre de la bahía. Como no me gusta manejar por autovías o expressway como le llaman en inglés, iba siempre ‘‘por abajo’’ que es como en la jerga corriente se dice cuando manejas por calles y avenidas evitando las vías rápidas. De esta circunstancia surgió la observación de lo que pasaba durante el trayecto. Hay secciones de ese bulevar, entre las calles 57 y 79, en que veía a prostitutas contoneándose en las aceras, cerca de unos moteles muy hermosos, venidos a menos, que reflejaban el estilo del llamado Miami Modernist architecture (MiMo), una respuesta floridana a la corriente internacional de la década de 1950. En una ciudad donde casi no se camina, observar ese mundo exterior desde la cabina de un auto, durante las pausas de los semáforos, da mucho material para inventar historias. El flujo de esa vida exterior, en medio de la naturaleza ajardinada de la ciudad, de los neones, la noche tropical, los pocos transeúntes, tenía, en medio de su crudeza siniestra, algo de poesía, algo que podía quedar en esos versos.

Existió también en esa arteria un bar llamado Cactus al que fui bastante de joven. Ese sitio ya no existe y, como sucede muchas veces en Estados Unidos, lo arrasaron sin entrar en consideraciones de arquitectura o historia. En aquel lugar la noche se estiraba más allá del amanecer y las historias de quienes lo frecuentaban daban para contar infinidad de cuentos. Todo ese mundo se fue muriendo y a mí me produce cierta nostalgia pasar hoy día por allí y ver que casi nada de aquello perdura. Digamos que lo marginal e inofensivo le daba un sabor que se ha perdido con la llegada de la insípida cultura, entre hipster y bourgeois-bohème (bobo) de ahora, la de gente en apariencia equilibrada, uniformadas en sus ropas deportivas último grito, uniformados también con sus perritos, el físico, los gustos prefabricados y gregarios, y, sobre todo, con sus aburridísimas vidas.

FJH: No vamos a hablar de poesía sin mencionar un ejemplo. Escoje tu poema preferido, ofrécenoslo para esta entrevista y cuéntame en qué pensaste cuando lo escribiste.

WN: Es difícil escoger un poema preferido entre los propios, no así entre los ajenos. Voy a escoger al azar uno que dediqué a una gran poeta salmantina, María Ángeles Pérez López, que conocí recientemente en el Festival de la Palabra de San Juan de Puerto Rico, y que es la autora del hermoso poema ‘‘Por la mañana marcho a cazar el bisonte’’, en el que a mí me pareció que repartía entre todos (ella incluida, sobre todo ella) la culpa de tanta violencia en el curso de la historia, en las relaciones humanas. Quise parodiarlo contando una historia de violencia banal, doméstica, a raíz de la visión de uno de esos moteles del bulevar Biscayne, a donde antes iban a mitigar tensiones algunos hombres y que ahora, después de haberlos cerrado, ya no sirven de consuelo.

Como por efecto mariposa el cierre de un motel de samaritanas puede engendrar un drama familiar lamentable.

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Vagabond Hotel, fundado en 1953 y construido por Robert Swaltburg, en el Biscayne Boulevard, Miami.

 

 MOTELES CERRADOS

Anduvo solo el hombre.

Buscaba paz entre muchachas.

Sosiego en unos labios generosos.

En casa lo asedian mil dragones.

De pronto un motel de mala muerte.

Un neón rosado, una enseña vagabunda.

La firme convicción en el olvido.

El remedio contra el odio y la violencia.

La solución final, el desahogo.

El deseo quemándole por dentro.

El recuerdo del cuerpo de una hembra.

El cosquilleo feliz de aquella época.

El mismo bulevar, el mismo árbol.

Muros sin vida, luces apagadas.

Ni un solo coche en el aparcadero.

Las plantas secas, un mendigo en la negrura.

Letal silencio de una ciudad muerta.

Renuncia por decreto a los placeres.

Leyes morales que tejen la locura.

Un revólver tibio entre sus manos.

La puerta de su casa aborrecida.

La mueca de la esposa que lo espera.

Un tiro…, dos, en medio del silencio.

 

Con anterioridad William Navarrete había publicado Edad de miedo al frío (Cádiz, 2005), con el que ganó el primer premio de poesía Eugenio Florit que otorga el Centro de Cultura Panamericana de Nueva York, y Lumbres veladas del Sur (Valencia, 2008), poemas inspirados en el sur de Marruecos. En el ámbito de la poesía, Navarrete dirigió también la antología de poetas cubanos contemporáneos en París Insulas al pairo (Cádiz, 2004) en la que publicó la obra de autores cubanos contemporáneos de la Ciudad Luz como Nivaria Tejera, José Triana, Gina Pellón, Miguel Sales, Eyda Machín, Eduardo Manet, Regina Ávila, entre otros; así como una antología en edición bilingüe italiano y español Versi tra le sbarre (Piombino, 2006) de poetas cubanos arrestados durante la Primavera Negra del 2003 y que se encontraban en las cárceles de la Isla entre los que se hallaban Manuel Vázquez Portal y Raúl Rivero.

También narrador, William Navarrete publicó recientemente su segunda novela Fugas (ediciones Tusquets y Stock para el español y el francés respectivamente) y hace apenas un mes el cuento Bailando con el enemigo (en la antología Nouvelles de Cuba, de las ediciones francesas Magellan, así como en español y en alemán). Ejerce en periodismo (El Nuevo Herald) y la traducción para organizaciones internacionales de Naciones Unidas. Ha sido autor de varias antologías (entre las que se destaca un merecido homenaje a José Lezama Lima bajo el título de Aldabonazo en Trocadero 168) y de un libro reciente sobre genealogía de la región noriental de Cuba: Genealogía holguinera. San Isidoro de Holguín (Valencia, 2015). También ha organizado un sinnúmero de eventos culturales en la Maison de l’Amérique Latine de París, expuesto la obra de artistas plásticos y ha recibido recientemente la beca de Creación y Escritura del Centro Nacional del Libro, en Francia.

Un abrazo desde la Ciudad Luz,

Félix José Hernández.

Animal en vilo, William Navarrete

Ilustraciones de Segundo Planes

Ed. Universidad Autónoma de Nueva León,

Monterrey, México, 2016, 64 pp.

Hispanista revivido.