Nada de lo que podamos referir es de cosecha propia. Todo lo que opinamos es fruto de la experiencia y de lo que nos han enseñado otros hombres: los clásicos, incluido John Locke, filósofo padre de la revolución inglesa, Rousseau, Montesquieu, Marx,, también, por qué no, Menéndez y Pelayo, Azaña, Juaristi, Álvarez Junco, Gabriel Tortella, incluso los que profundizaron desde la fenomenología en el papel de la lengua, tan instrumentalizada por cualquier nacionalismo desde la escuela, todos coinciden en que el nacionalismo, cualquier nacionalismo, llevado a la paranoia no es bueno para la hermandad de los hombres.

Pero nuestra intención no es instalarnos en el pasado, aunque el pasado sea sagrado, imitable y reconocido. Quién puede poner en duda el valor de los tatarabuelos marineros gallegos y labradores extremeños, o el de los abuelos mineros del mercurio y al mismo tiempo zapateros u hortelanos en los días libres, si ellos son gran parte de lo que yo soy…

Pero ahora no estamos ni en el pasado ni en el presente, estamos ya en un futuro diferente a todo lo que nos antecede. Y el artículo 155 aplicado a Cataluña tiene que tener una doble visión y ser capaz de mirar desde el futuro más imprevisible en que nos encontramos.

Ya nos advirtió hace años Joseph A. Schumpeter, adelantado del mundo tecnológico que se nos venía encima, que “los hombres íbamos hacia el futuro de la misma manera que habíamos ido hacia la guerra, con los ojos vendados”. Y así seguimos: la tecnología avanza a pasos más acelerados que el pensamiento y que la conciencia.

El mundo que ya nos pesa como una losa, no solo en el aspecto económico y técnico, sino en lo social y psicológico, es un mundo que no puede ser otra cosa que más solidario.

El 155 tiene una función educadora y social, además de recuperadora y democrática.

Hay que debatir en Cataluña y en el resto de España, ojalá lo pudiéramos hacer también en Portugal, cómo vamos a afrontar el cambio climático que nos va a afectar de manera directa a los ibéricos.

Hay que aprovechar el mayor contacto del Gobierno en Cataluña para trabajar en ideas y proyectos que nos permitan competir mejor en el mundo y adaptarnos a las nuevas y grandes exigencias de la globalización.

Hay que poner en el tablero de los grandes problemas el tan controvertido de la movilidad, de las emigraciones que serán una constante en todo el Planeta.

Hay que hacer sin miedo un repaso de nuestra historia democrática, y por qué no aprovechar el 155, para analizar sin complejos los errores, las corrupciones, y valorar mejor de lo que se ha hecho los méritos, que los tiene. Y estar dispuestos a rectificar lo que haga falta. Eso sí, en un plano de igualdad total de derechos entre todos los españoles. No queremos fueros.

A la Sra. Vicepresidenta, mucho más inteligente y preparada que nosotros, le aconsejamos, desde el ïber, que aproveche esta gran ocasiones, que la torpeza de algunos ha deparado, para demostrar en Cataluña que España es ya un país moderno, avanzado y dispuesto a aprender aún más, y sea capaz de aplicar un 155 de futuro, no de pasado.

 

Partido Ibérico (íber)
IBERIA. Maestra de la vida.

Deja un comentario