Aporte cubano a la degollina española de 1936

No fue hasta el 21 de diciembre de 2013 que se reconoció la participación insular en la contienda fratricida con una tarja el cementerio madrileño de Fuencarral

rodolfo-dearmasA inicios de este milenio, dos historiadoras cubanas residentes en España hicieron público su disgusto porque en sitios relacionados con la Guerra Civil Española había reconocimientos a la participación de internacionalistas estadounidenses y europeos, pero ninguno a los nacidos en la Mayor de las Antillas. No fue hasta el 21 de diciembre de 2013 que se subsanó la omisión cuando una tarja en homenaje a los cubanos caídos en la contienda fue develada en el cementerio madrileño de Fuencarral.

Según investigaciones de la historiadora María Sánchez Dotres, entre 1936 y 1939 participaron del lado republicano 1 412 cubanos, aunque otros 50, cuyos expedientes no ha completado, podrían sumarse a esa cifra posteriormente. Ellos eran básicamente jóvenes de 25 a 27 años de edad y combatieron como parte de la Brigada Internacional Abraham Lincoln y unidades del Ejército español. De acuerdo con la investigadora francesa Denise Urcelay-Maragnés, 130 alcanzaron el grado de oficial.

Los internacionalistas cubanos, quienes partieron a España ante la asonada fascista contra el legítimo gobierno de la República y la intervención armada de la Alemania nazi y la Italia de Mussolini en el conflicto, llegaron por diversas vías. Un grupo (aproximadamente 850 combatientes) fue organizado en la propia Isla por la comisión dirigida por el comunista Ramón Nicolau. Otros (alrededor de 355) viajaron de Estados Unidos y se integraron a la XV Brigada Internacional Abraham Lincoln. Un tercer grupo ya se había formado con cubanos exiliados en Madrid, estudiantes y otros que residían con sus padres españoles. Pero también llegaron desde República Dominicana, Venezuela, Centroamérica, México y países europeos, incluyendo un cubano que desertó de la Legión Extranjera en África.

María Luisa Laffita, quien vivía exiliada en la capital española cuando se produjo la asonada fascista, recordaría años después: “Todos los cubanos que vivíamos entonces en Madrid tomamos desde el primer día las armas. Ellos llevaban fusiles, yo una pistola. El 19 de julio tendimos un cerco a los sublevados en los cuarteles de Madrid y al día siguiente iniciamos el ataque al de la Montaña”. Junto con María Luisa, combatió su esposo, Pedro Vizcaíno, quien testimoniaría a su vez: “Iban con nosotros Raigorovsky, Policarpo Candón, Alberto Sánchez… Después de la toma del cuartel de la Montaña, nos enfrentamos a los fascistas en Buitrago y en el canal de Lozoya. Más tarde en Somosierra y en el caserío de Roblegordo, así como en la sierra de Guadarrama”.

Alberto Sánchez también fue, como María Luisa y Vizcaíno, militante de Joven Cuba, organización fundada por Guiteras, con quien estuvo en El Morrillo, aunque pudo escapar al cerco dinternacionalistas cubanos  1937e la soldadesca batistiana. Exiliado en España, estuvo entre los cubanos asaltantes al cuartel de la Montaña; luego, en el Quinto Regimiento, recibió el carné de militante del Partido Comunista de España y combatió en Lozoya, Somosierra, Cascones (donde lo ascendieron a capitán), Aravaca (ya como comandante), Alfambra (ya jefe de batallón), Pozoblanco (jefe de Brigada). En la batalla de Brunete (del 6 al 25 de julio de 1937), lo hirieron de gravedad. Tras una ligera cura, retornó al campo de batalla. El 25 de julio, arengando en la primera línea de combate, una bomba le siega la vida.

Al teniente coronel Rodolfo de Armas, el legendario jefe de la Centuria Guiteras, le llamaban en La Habana Rodolfo Trompá, tal vez porque en la jornada estudiantil del 30 de septiembre de 1930, con solo 18 años, se batió a puñetazos junto a Pablo de la Torriente, Pepelín Leyva y otros muchos, con la Policía machadista, que tuvo que recurrir a las armas de fuego, pues ni con cabalgaduras ni porras podían con esta muchachada. Fundador del Ala Izquierda Estudiantil, también militante de Joven Cuba, participante activo de la huelga de marzo de 1935 contra el régimen de Caffery-Batista-Mendieta, De Armas se ganó en España fama de jefe valiente. “La Centuria Guiteras puede ser destruida pero no se rinde”, solía decir a sus hombres. “Recuerden, muchachos, ni un paso atrás, caiga quien caiga”. Y en el frente de Jarama, el 23 de febrero de 1937, defendiendo Madrid, herido en una pierna, encabezó una acometida de su tropa hasta que una bala le destrozó la frente.

Hispanista revivido.