Una página de la historia de Cuba, poco conocida, que data de 1781, donde el protagonismo fue para las damas cubanas de La Habana y de Matanzas.

Carmen María Rodríguez / Radio Martí

bonsalEn su libro, “When the French were here” (Cuando los franceses estuvieron aquí), el historiador estadounidense Stephen Bonsal escribió que “los fondos colectados por las damas de La Habana pueden ser considerados el terreno sobre el cual fue erigida la independencia y libertad de Estados Unidos”.

En Estados Unidos se conmemora cada 4 de julio, el Día de la Independencia, y ella se logró en base a la posición y sacrificio de los llamados Padres Fundadores del país, en particular del General George Washington.

El general Washington al frente del Ejército, que estaba depauperado por arduas batallas, los cruentos inviernos, y la escasez de fondos; casi al borde de la insolvencia.

Washington recurrió al aristócrata francés Marie-Joseph Paul Yves Roch Gilbert du Motier, Marques de La Fayette y le encomendó que zarpara para España y ahí en Cádiz pidiera ayuda monetaria para las batallas que se avecinaban contra los ingleses en las colonias.

Los españoles no les prestaron ayuda financiera, y Lafayette decidió tomar camino rumbo hacia Ste. Domingue, hoy en día conocida como la isla de La Española, donde se hallaban los franceses y la colonia más acaudalada del hemisferio americano gracias al azúcar y a las maderas preciosas como la caoba y la majagua azul.

Los franceses en Ste Domingue tampoco abrieron sus cofres para la gesta libertadora americana. De ahí zarpó Lafayette en el buque L’Aigrette y atracó en La Habana. Hay quienes señalan que solo fue para abastecerse de agua antes la trayectoria difícil hacia la colonia de Virginia donde les aguardaba Washington.

Fue en La Habana que se esparció como pólvora, la solicitud de George Washington. Las damas y niñas de Matanzas también se unieron al esfuerzo de recaudar sus joyas para entregar a Lafayette, y que sus prendas sirvieran de financiamiento para los revolucionarios de Virginia.

En “Le Musee Naval de Paris” hay anécdotas de marineros franceses que reflejan como las cubanas se quitaban hasta sus brillantes para donarlos. La generosidad de las damas cubanas fue descrita de la siguiente manera por el General Jean Baptiste de Rochambeau: “La contribución de 800, 000 libras esterlinas ayudó a frenar la insolvencia monetaria del Ejercito revolucionario y ayudó a aumentar el espíritu del Ejército que se encontraba en baja”.

La descripción del general Washington al saber que tenia cientos de miles de libras esterlinas en aporte a sus gestas, es la de un hombre literalmente dando brincos, tirando la gorra al aire de alegría. La noticia la recibió estando acampado en la Bahía de Chesapeake.

Las joyas de las damas cubanas sirvieron para financiar la batalla decisiva de Yorktown, donde en octubre de 1781 el teniente general Cornwallis fue derrotado por fuerzas conjuntas del ejército continental de Washington, así como de efectivos franceses bajo el Conde de Rochambeau. Cornwallis al rendirse y enviar a un subalterno a que le entregara su espada a Washington en señal de derrota dio paso al establecimiento de esta Republica.

La contribución al Ejercito de Washington de oro y brillantes de las Damas –y niñas- cubanas también mostró que algo muy importante de la mujer en Cuba. En 1791 la única propiedad real de la mujer eran sus joyas. Al desprenderse de ellas, la mujer cubana mostró tener confianza que su padre, esposo, hijo, hermano no le abandonaría. Apostó por la gesta libertadora de lo que sería Estados Unidos, y dio un voto de confianza en que la sociedad cubana de aquella época la seguiría apoyando en ausencia de su oro y brillantes, de su única propiedad real. Este gesto, me aseguran amigos masones, tiene la impronta de las logias masónicas que ya existían en Cuba.

Desde la época del establecimiento de Estados Unidos, cubanos como José Martí entre tantos otros, han venido a Estados Unidos, para ampararse en la libertad que la generosidad de las cubanas de siglos atrás hizo posible. Cubanos han venido a este país que la ex Secretario de Estado Madeline Albright definió como “la gran nación indispensable”, también en búsqueda de apoyo por su propia libertad.

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