Arrivederci al Costa Mágica en Marsella

Castillo de If (Prisión del Conde de Montecristo). Marsella. © Félix J. Hernández
Castillo de If (Prisión del Conde de Montecristo). Marsella. © Félix J. Hernández

París, 21 de mayo de 2016.

Querida Ofelia:

Hoy es un día muy importante para nuestra familia, pues se cumplen 35 años del día en que aquel Douglas DC-10 de Iberia nos trajo desde La Habana a la Libertad. Lo mínimo que podemos exclamar es… Vive La France!

Como tengo un poco de tiempo disponible, comenzaré -por el final- a contarte el hermoso viaje de crucero  que hicimos del 10 al 21 de abril en el bello Costa Mágica. El puerto de partida fue Marsella y las escalas: Málaga (a 650 millas náuticas), Santa Cruz de Tenerife (a 780 millas náuticas), Funchal (en la Isla de Madeira a 260 millas náuticas), Gibraltar (a 614 millas náuticas), Civitavecchia-Roma (a 890 millas náuticas), Savona-Santa Margarita-Portofino (a 205 millas náuticas) y Marsella (a 190 millas náuticas) en cuyo puerto anclamos a las 8 a.m. bajo uín sol radiante y a +23°c. En total navegamos 3589 millas náuticas.

Mi esposa y yo llegamos a Marsella en avión desde La Ciudad Luz, mientras que nuestro hijo, su esposa y niños en coche desde su hogar.

Tuvimos la muy agradable compañía de tres grandes amigas de adolescencia que vinieron desde Miami, las encantadoras: Gelsys, Mayra y Tayde; esta última nos dio la gran sorpresa, pues no sabíamos que vendría. Mi nieta Victoria -de 7 años-se convirtió en gran amiga y admiradora de Mayra.

Aunque ya te he escrito mucho sobre Marsella después de los numerosos viajes que hemos hecho a esa bella ciudad del Mediterráneo, creo que te debo enviar mis recientes apuntes, pues siempre descubro algo nuevo.

Conocida desde la antigüedad como una de las zonas más populares de la Galia, Marsella, que los latinos llamaban Massalia y que, mucho antes que Lutecia (París), obtuvo la hegemonía militar y cultural tanto en la tierra como en el mar, es una encrucijada de extraordinaria importancia militar que con el paso de los siglos ha adquirido importancia estratégica también desde el punto de vista político-militar. Su historia es antiquísima: los estudiosos no dudan en considerar a Marsella como la ciudad francesa de más antigua constitución, aunque parece una leyenda la teoría según la cual esta zona de la costa habría estado habitada por unos pocos supervivientes de la destruida Troya, que precisamente en la desembocadura del Ródano habrían encontrado refugio, construyendo una nueva ciudad a imagen y semejanza de aquella destruida tras la guerra en la que resultaron vencidos.

Menos legendaria, es más, casi cierta, es la teoría según la cual Marsella habría sido objeto de desembarcos de gentes procedentes directamente de la civilización griega, la cual habría instalado precisamente aquí su primera y más floreciente colonia de todo el Mediterráneo. Sin embargo, además de las dominaciones griega y romana, Marsella ha conocido otras dominaciones largas e incluso dramáticas, ya que eran demasiado importantes tanto la desembocadura en el mar y, a través del Ródano, como la vía de acceso a las ricas tierras de interior, en particular a las regiones de Provenza y Camargue, para las que Marsella representaba la salida natural al mar.

Muy cercana a la Provenza, cuya cultura está hecha a base de amabilidad, romanticismo y atención al arte, Marsella en realidad era una ciudad decididamente más vital e inquieta: poco proclive a las alianzas con el poder constituido, las gentes de esta costa han visto desde siempre la independencia económica y política como el objetivo supremo a alcanzar. Precisamente en relación con este primer aspecto, Marsella es sin duda una tierra de grandes fortunas. Su historia es muy parecida a la genovesa, aunque es verdad que las notables influencias ejercidas por parte de culturas extranjeras, en especial por parte de la cultura árabe, tanto en la primera fase de expansión de la ciudad como en su fase más reciente, es decir, desde la posguerra hasta nuestros días, han contribuido de manera determinante a la creación de un sistema social, civil y cultural de tipo “multirracial”.

El perfil social de Marsella es extremadamente complejo: árabes, norteafricanos, europeos, y habitantes de las primeras, segundas y terceras colonias francesas de allende el océano que han convertido a esta ciudad en la capital de las mil lenguas y de las mil culturas, las cuales, también desde el punto de vista artístico y musical, hacen de Marsella una ciudad extremadamente vital, dinámica e interesante.

Toda la zona más central de la ciudad presenta un gran interés cultural y arquitectónico, aunque la particularidad más sorprendente de Marsella es sin duda la estructura de su puerto, que parece encajarse entre las casas. Se dice que los marselleses, muy ligados a la actividad de su puerto, desean tener en todo momento bajo control los barcos que entran y salen del laberinto de muelles, los que esconden una intensísima actividad, novelada por muchos relatos y películas, de contrabando y de matute.

Los monumentos sin duda más conocidos son la Basílica de Notre Dame de la Garde, una iglesia que la gente de la ciudad venera como milagrosa, la cual se enriquece de año en año con extraordinarias donaciones y conserva una riquísima colección de exvotos dedicados a los supervivientes de las guerras y del mar. Notre Dame surge sobre los cimientos de una capilla del siglo XIII cuyos orígenes son bastante misteriosos. Es muy conocido el campanario dedicado a la Virgen, con 47 metros de altura, en cuya cima se encuentra colocada la estatua dorada de la Virgen, que es la protectora de la ciudad.

A poca distancia surge Longchamp, un palacio decorado, de manera casi renacentista y, por lo tanto, muy similar a las bellas villas italianas de esa época, que cuenta con unos extraordinarios jardines, llenos de agua, fuentes alegóricas y estatuas.

A poca distancia de Marsella, en el interior de una región dividida en dos mitades, una de las cuales es salvaje y la otra, en cambio, es rica en arte e historia, surge Aviñón, la ciudad hecha famosa por la disputa pontifical que vio refugiarse aquí a siete papas, entre los años 1309 y 1403, los cuales crearon una notable estructura arquitectónica que ha acogido a millones de peregrinos y a una imponente masa de turistas procedentes de todo el mundo.

Frente al Viejo Puerto se encuentra la pequeña isla de If, inmortalizada por Alexandre Dumas padre, en su celebérrima novela El Conde de Montecristo (Edmond Dantès).

La amabilidad y el profesionalismo de algunas personas hicieron que a mí y a nuestra familia nos haya sido muy agradable este crucero. Ellos son: el Capitán Antonio Tommaso Tateo, María Gianbruno y Hajar Cherif (verdaderas profesionales que nos organizaron todo el viaje), Laura Constat, Stefania di Nunzio  y Lorena Cárdenas (atención al cliente), Laura Zuccaro (servicio de excursiones), Giorgio Brundia (responsable de Costa Club), Carlos Ríos (maître del Ristorante Costa Smeralda, que hizo todo lo posible por nosotros), Edmundo Basilio (del Teatro Urbino, que encontró el bolso de mi esposa y lo entregó con los objetos de valor que contenía) , Sidik Fritadi y Modi Meeteshl (camareros de nuestra mesa 126 del Ristorante Costa Smeralda), Roberta Carlucci (extraordinaria guía italiana en la excursión a Roma) y Larry (el muy eficiente y amable valet de chambre de nuestras cabinas 2356 y 2358.

Una experiencia desagradable le ocurrió a una pareja de amigos que como mi esposa como yo tienen la tarjeta Perla Diamante. Cinco minutos antes de la hora señalada para cada excursión, se dirigían al señor responsable de los turistas francófonos, le mostraban sus tarjetas Perla Diamante y la del señor de discapacitado, para solicitar si podía darles el sellito a pegar sobre las camisas, reservarles los asientos delanteros en el autobús y permitirles bajar del barco. ¡Sólo cinco minutos antes! Este Sr. cada vez se negó rotundamente y les decía secamente que tenían que esperar a que el grupo fuera llamado y hacer la fila. Me parece que él manque de savoir faire. Quizá sea psicorrígido. En todo caso, estimo que se debe volver a permitir la prioridad para descender del barco para las excursiones a las personas que tengan la Tarjeta Perla Diamante y sobre todo si son  discapacitados.

De nuestras tres queridas amigas nos habíamos despedido el día anterior, pues el crucero de ellas tenía como puerto de salida y final a Savona. Desde allí regresaron a Miami vía Génova. Ya tenemos el proyecto de volver a hacer un crucero juntos más temprano que tarde.

Un autobús de Costa nos llevó al aeropuerto, desde donde en apenas un poco más de una hora de vuelo llegamos a París.

Un gran abrazo en un día tan especial como éste en el que celebramos los 35 años de Libertad gracias a Dios y a Francia y….Vive La France!

Félix José Hernández.