Se hace cada vez más visible en la capital provincial

Los lugares donde mejor se liga se encuentran alrededor del baño de Las Arcadas u otros “puntos” cercanos al parque Vidal, en la llamada Fuente, en los bloques de Pastorita y también por la zona hospitalaria

 

Luis Orlando León Carpio y Leslie Díaz Monserrat

Un viejo oficio

La prostitución masculina es —según especificó en entrevista exclusiva para este trabajo el doctor Julio César González Pagés, investigador de temas relacionados con las masculinidades— el acto de que una persona del sexo masculino mantenga relaciones carnales con alguien más a cambio de dinero u otro obsequio material. Mayormente se dedican a estos menesteres jóvenes menores de 30 años, y el mercado incluye, fundamentalmente, a hombres que tienen sexo con otros hombres (HSH).

“A diferencia de otros países, en Cuba no se le da un tratamiento de delito, sino de conducta antisocial, lo que aparece recogido en el artículo 73, apartado 2, del Código Penal”

Aunque a muchos les parezca un asunto moderno, se trata de una práctica ancestral, que ahora se visualiza y genera debate. Así lo asegura González Pagés, quien precisa que desde finales del siglo xix ya existían estudios del antropólogo Luis Montané sobre la homosexualidad y el travestismo ligados al mercado del cuerpo masculino.

«Se hablaba de prostitución dentro de los barracones de los negros y los emigrados chinos. También, en La Habana de inicios del xx estaban las llamadas zonas de tolerancia, como el Barrio Chino o el teatro Nogueira, donde se hacían espectáculos de pornografía cuyos protagonistas eran hombres a los que se les pagaba», añadió.

Los años 90 constituyeron un punto de giro al interior de la familia cubana y su sistema de valores. A raíz de la crisis económica, la vida impuso nuevas formas de pensar. Fue la época de la despenalización del dólar y la llegada del turismo al país como medida emergente para oxigenar una economía asfixiada.

Consiguen a los extranjeros mediante internet y hacen citas online. El cobro depende del país de origen: a un mexicano le piden unos 20 CUC y a un norteamericano entre 50 y 60

En este escenario, y según describe Denise Hernández Villar, licenciada en Sociología y especialista en Sociología de Género en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, la coyuntura propició que ciertos núcleos familiares asumieran la prostitución como un medio de sustento.

«En Cuba se invirtió la pirámide social. Se desvalorizó el trabajo y el salario. Muchos profesionales quedaron desamparados, y algunos de ellos optaron por asumir esta práctica como vía de escape para el bolsillo.

«A partir de ahí, ocurre algo inusual. Una práctica mal vista, cuestionada, criticada, condenada y rechazada desde los controles sociales (léase leyes, regulaciones y voluntad política), desde el punto de vista social ahora cambia su percepción. Un ejemplo: antes una mujer era clasificada como prostituta, hoy se le llama jinetera, luchadora… y en el caso de los hombres, pingueros, chulos…», apuntó la socióloga.

Hijos de la noche

Cuenta Tonito que en este mundo de la prostitución masculina hay tres clases sociales: baja, media y alta. En la primera están los que practican en exteriores (hacer la calle) y cobran 80 pesos en moneda nacional. Casi siempre se da entre cubanos. La clase media incluye a quienes piden 5 o 10 CUC —quizás una muda de ropa, un par de zapatos…—, y son más exigentes.

«Ahí están las historias que se cuentan del baño de Las Arcadas u otros sitios cercanos al parque Vidal. En la llamada Fuente, en los bloques de Pastorita, hay un lugar para esperar a clientes, los llamados puntos. También por la zona hospitalaria», informa Tonito.

Los de las clases altas —añade— consiguen a los extranjeros mediante internet y hacen citas online. El cobro depende del país de origen: a un mexicano le piden unos 20 CUC y a un norteamericano entre 50 y 60. Basta teclear algunas palabras claves en Google: sexo + chicos + cubanos + tarifas… y afloran en el buscador páginas destinadas única y exclusivamente a estos fines.

«Ellos son más finos, no se dejan ver mucho. La mayoría termina en La Habana, donde existen las tarifas más altas y un mercado mejor concebido para este oficio», continúa.

Quizás, en esa búsqueda de mayores ganancias, Alex haya preferido viajar asiduamente a la capital. Y confiesa: «Primero pedía 50 o 60 CUC, porque me daba pena; pero después no bajaba de los 80. Mientras más viejo era el cliente, más cobraba. Dependía de lo que pidiera, y si era activo o pasivo, aunque yo siempre hacía el trabajo completo. Pero algunos piden cada cosa…»

De esto último da fe Tonito, quien recuerda con pesar el día en que a uno de sus amigos lo dejaron semidesnudo en medio de la Autopista nacional, cuando le exigieron un servicio que no quiso realizar.

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