BRUSELAS—Sin un acuerdo a la vista sobre un renovado paquete de rescate para Grecia, algunos estrategas económicos y monetarios están examinando una nueva hipótesis: ¿Podría el gobierno en Atenas caer en cesación de pagos sobre sus préstamos de rescate y, de todos modos, mantener el euro como su divisa?

La idea rompe con la creencia generalizada durante más de cinco años de crisis de deuda, en la que el impacto de un default era visto como una forma de enviar a Grecia por un sendero inexorable de

Manifestantes quitan una bandera de la Unión Europea con la imagen del primer ministro griego, Alexis Tsipras, del Ministerio de Finanzas, en Atenas. Agence France-Presse/Getty Images

fugas de depósitos bancarios, controles de capital y, por último, la salida de la zona euro.

Aun con el riesgo de cesación de pagos más alto que nunca, encontrar una forma para evitar que Grecia tenga que cambiar de moneda se ha vuelto más atractivo. Le ahorraría a Europa la vergüenza de la salida de uno de sus miembros de la zona euro y podría atenuar parte del pánico en los mercados que probablemente seguirá a una cesación de pagos.

La semana pasada, altos funcionarios de los ministerios de Hacienda de la zona euro debatieron brevemente la idea de mantener a Grecia en el euro a pesar de un cese de pagos, aunque muchos de ellos tienen serias dudas sobre su eficacia, según personas al tanto de las conversaciones.

“No se trata tanto de un plan, sino de una evolución del pensamiento”, señala una persona al tanto de las discusiones entre los acreedores de Grecia.

Los proponentes del escenario de un default sin salir del euro se ubican principalmente en dos categorías: aquellos que creen que el golpe de una cesación de pagos temporal llevará al primer ministro Alexis Tsipras a llegar a un acuerdo con los acreedores; y quienes sostienen que una expulsión inmediata del euro podría generar caos en Grecia y otros países.

“Grecia carece de la capacidad de lanzar una nueva moneda y (organizar) una salida (del euro)”, dijo un funcionario al tanto de las conversaciones de la semana pasada.

Cualquier escenario en el que Grecia no consiga nuevos fondos de sus acreedores internacionales probablemente contempla que el gobierno emita una especie de divisa paralela para pagar por algún tiempo salarios y los contratos públicos, incluso si mantiene el euro como su moneda legal, dicen expertos. “Es la respuesta simple cuando se queda sin efectivo”, dice Harold James, profesor de la Universidad de Princeton y quien se especializa en historia financiera de Europa.

Las monedas paralelas se han usado durante siglos. A fines de la Edad Media, los comerciantes en Florencia y Holanda pagaban a los jornaleros y proveedores locales con monedas de plata, mientras que cerraban transacciones más grandes con oro, sin una tasa de cambio fija entre las dos.

En un mundo donde las operaciones de divisas se realizan en décimas de segundos, el manejo de dos monedas separadas podría plantear más desafíos. La moneda paralela griega probablemente adoptaría la forma de deuda emitida a sus propios ciudadanos.

Sin embargo, el gobierno griego enfrentaría de inmediato dudas sobre si su nueva moneda sería alguna vez convertida a euros. Eso la asemejaría a Argentina, que entró en cesación de pagos sobre su deuda en 2001.

Las entidades públicas que enfrentaban problemas de presupuesto emitieron una variedad de pagarés, los cuales se hundieron por debajo del valor nominal debido a dudas sobre su solvencia y a si la tasa de cambio frente al dólar se mantendría. No fue así.

Una complicación adicional es que Atenas dependería del Banco Central Europeo para obtener al menos fondos de emergencia que ayuden a los bancos griegos a sobrevivir una fuga de depósitos.

Este tipo de incertidumbre llevaría probablemente a una depreciación inmediata de la nueva moneda frente al euro, con un mercado negro en el que los euros físicos se transarían a una tasa mucho más alta que la establecida por el gobierno.

Si, al mismo tiempo, el gobierno recurre a los controles de capital e impide que los ahorradores retiren sus euros de los bancos, podría surgir una tercera tasa de cambio, con precios diferentes para billetes y monedas y euros mantenidos como depósitos en los bancos. “Es muy disruptivo. La gente no hace las transacciones que antes habría hecho, de modo que la actividad económica cae rápidamente”, dice James.

Las empresas extranjeras podrían ser escépticas a la hora de hacer negocios con la nueva moneda, llevando a una escasez de productos como medicinas o repuestos para autos y maquinaria.

Tal vez más importante, mantener una divisa paralela creíble podría obligar al gobierno griego a hacer la misma cosa contra la que está luchando: reducir el gasto público. “La única forma en la que funcionaría es si se produce junto a un estricto programa fiscal”, dice James.

Es por eso que la mayoría de los economistas y muchos encargados de políticas creen que incluso si Grecia sigue ese camino, al final tendrá que renunciar al euro y la moneda paralela será la que rija.

“No va a obtener los beneficios de salir del euro y tener su propia política monetaria”, señala un funcionario que ha participado en las negociaciones sobre las finanzas de Grecia.