Aunque fui expulsado del Ejército por ‘incompatibilidad moral y desafección al proceso revolucionario cubano’, me encantaban aquellos tiempos en que Cuba y las ambiciones de su Máximo Tirano con la ayuda de la Unión Soviética, podían cambiar las cosas en muchas partes del mundo mundial.

Por suerte, estamos muy lejos de aquella época por más que se disfracen de milicianos los presentadores en las noticias. De todas maneras, si el país mantuviese todavía la elevada militarización de los 80 poco nos serviría; hoy por hoy, ninguna potencia militar en el mundo es capaz de oponerse a una invasión (distinta a una ocupación militar a largo plazo), del Ejército de los Estados Unidos.

La potencia militar useña cuenta con medios convencionales suficientes para desarticular resistencias en cualquier lugar del planeta si así lo quisieran sus dirigentes. Sin olvidar las capacidades de aniquilar fisicamente a opositores utilizando drones sin muchos problemas logísticos.

Cuba, situada a sólo 90 millas de las costas de la primera potencia militar del mundo duraría menos que un merengue en la puerta de un colegio. Ni siquiera les haría falta desatender el estrecho de Ormuz trayendo un portaviones; bastaría con que utilizaran las bases terrestres dentro de su territorio o que, simplemente ocupasen la Provincia de Oriente desde la base Naval de Guantánamo, que les pertenece desde que se declaró la “República” en 1902.

¿Por qué los EE.UU. no invaden Cuba y terminan de una vez con la dictadura?

La respuesta es muy sencilla 60 años después: porque no les interesa. Si ese fuera el caso, desde hace mucho tiempo que el desgobierno de los hermanos Castro habría pasado a la historia.

Dicho esto, la pregunta que puede hacerse cualquiera en Cuba y fuera de ella sería  la siguiente: ¿Para qué destinar el 3.8 porciento[i] –casi tanto como Rusia- de su producto interior bruto en unas Fuerzas Armadas que no cumplirían claramente su misión en el caso de un conflicto armado con los Estados Unidos?

Como en ejercicios anteriores, durante el Bastión 2016 se derrochó una parte importante de los escasos recursos de la nación.

La “Guerra de todo el Pueblo”, que rige y orienta la actual doctrina militar cubana, supone como su nombre lo indica, la movilización de una gran parte de la población; la primera consecuencia de estos ejercicios es la desarticulación del sector productivo y el aumento exponencial de la pobreza. El único objetivo que persigue la parte cubana con estos ejercicios es el de mantener vivo el fervor patriótico dentro de la población, agitando el fantasma de una invasión que nunca llegará, si no la justifica una situación política interna provocada por la obcecación castrista de mantenerse en el poder a toda costa, como una nueva guerra civil por ejemplo.

Todo ese dinero dilapidado debería ser invertido en infraestructura y modernización del aparato industrial. La ciudad de La Habana, por ejemplo, está en ruinas y los sistemas de acueductos y alcantarillados tienen más de un siglo. Recientemente el gobierno anunció el cierre de la planta de níquel de Nicaro[ii] dada una disminución de la demanda internacional de este metal, por este motivo 5000 trabajadores de esa región se irán a la calle, tras haber sido explotados durante años por el propio gobierno, que como se sabe, recupera los salarios en divisas y paga a los obreros en moneda nacional devaluada.

Si Cuba volviera a ser una autonomía española, no tendría ninguna necesidad de gastarse el dinero inútilmente en un ejército. Todos los gastos militares serían suprimidos, empezando por el Servicio Militar Obligatorio, que es el último vestigio de la esclavitud en occidente, pasando por los recursos que se gastan cada año en espías, chivatos y los matones de las Brigadas de Respuesta Rápida.

Por supuesto, que todo el aparato represivo del régimen sería desarticulado y, sus agentes (aquellos que tienen sangre en las manos) juzgados según las reglas del derecho. Pero lo más importante, es que una parte de ese dinero se destinaría a hacer justicia a los veteranos de las guerras castristas por todo el mundo.

Olvidados, no sólo por el castrismo que los utilizó por pura ideología, sino también por los estados beneficiarios de aquel enorme esfuerzo, principalmente Angola y Africa del Sur, que pudieran destinar una ínfima parte de sus recursos petroleros y minerales para venir en auxilio de los sobrevivientes de aquella guerra, -gracias a la cual pudieron alcanzar la independencia- que viven todavía en Cuba y se encuentran en un estado de pobreza vergonzoso[iii].

Recordemos solamente que más de 300 000 mil cubanos pasaron por Angola, sin olvidar el resto de los participantes en las aventuras militares del régimen cubano en África y en Hispanoamérica. Esta situación contrasta crudamente con los veteranos de guerra de otros países, comenzando por los “malvados” Estados Unidos por ejemplo, a los cuales se les puede acusar de cualquier cosa, menos la de olvidar descaradamente a los que se sacrificaron por ellos en sus guerras.[iv]

[i] https://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/geos/cu.html
[ii] http://www.diariodecuba.com/cuba/12886-el-gobierno-cerrara-la-fabrica-de-niquel-de-nicaro-dicen-fuentes-del-sector
[iii] http://havanaluanda.wordpress.com/2011/12/16/veteranos-cubanos-de-la-guerra-de-angola-peor-que-los-perros-1/
[iv] http://www.canhr.org/factsheets/spanish_fs/PDFs/sp_fs_Veterans_Aid_Attend.pdf

Deja un comentario