Burkini, bikini o monokini

Una señora con burkini, toma el baño en el Mediterráneo.

París, 20 de agosto de 2015.

Querida Ofelia:

Hay personas que se escandalizan debido a que algunas señoras de religión musulmana se bañan en las playas del sur de Francia con el burkini, bañador que solo deja al descubierto el rostro, las manos y los pies. Los hay que  estiman que es una ostentación religiosa y se sienten ofendidos. Hay alcaldes de varios balnearios que los han prohibido, sin embargo hay otros “trajes de baños” que no prohíben, en nombre de: “la Libertad, la moda o la evolución de la sociedad”.

Esto me hace reflexionar y me trae muchos recuerdos de las playas europeas, fundamentalmente: francesas, españolas, italianas y griegas, en las que he veraneado con mi familia, e incluso de lo que he visto en los calurosos meses del verano en las piscinas parisinas y a lo largo de las orillas del Sena en plena capital gala. Los ejemplos que te voy a describir aparentemente no han molestado a nadie y mucho menos a las autoridades que hoy se escandalizan frente a mujeres que se siguen vistiendo como hace dos mil años lo hacía la Virgen María. Claro, que no creo que la Virgen se bañara en el Mediterráneo Oriental en burkini.

En 1981 estábamos en un campo de refugiados en el sur de Francia, en Saint Martin de Crau, cuando una pareja que habíamos conocido en la Capilla de Saint Léon, nos invitó a ir a pasar el fin de semana a casa de su familia en la playa de Sainte-Maxime; lo cual nos causó gran alegría, pues era la primera vez que íbamos a una playa desde que habíamos salido de Cuba dos meses antes.

Nuestra sorpresa fue grande, al constatar que todas las señoras tenían los senos descubiertos, llevaban solo la parte inferior del bikini (el monokini). Todas las parejas conversaban normalmente bajo las sombrillas. La única mujer en toda aquella playa que se veía con un bikini era mi esposa. Una señora le preguntó por qué no se quitaba la parte superior, para que “se liberara de la esclavitud impuesta por la sociedad”. Mi esposa le respondió que como estaba acabada de llegar de Cuba, aún no estaba acostumbrada.

En el yate de uno de los señores, cruzamos el golfo y fuimos hasta Saint-Tropez, donde el espectáculo fue el mismo. ¡En pocas horas vi  cientos de senos!

En 1982 fuimos a veranear a la playa siciliana de Kamarina, invitados por nuestros amigos Diana y  Lucio, allí también todos los senos estaban al aire. Confieso que los había bellos, que parecían cuernos de toro listos para el combate, pero otros me recordaban el colador de café de tela de mi abuela Aurelia, allá en su gran cocina de nuestro querido Camajuaní.

Ese mismo año nuestra gran amiga gala Jeanne-Marie nos invitó a pasar unos días en su casa de la playa de Deauville en Normandía. Allí además de tantos senos al aire, vi por primera vez a un señor envueltico en carnes, que llevaba como traje de baño una bolsita que contenía sus órganos genitales, atada a la cintura y con un cordoncito que pasaba entre sus glúteos. Su cabeza estaba cubierta por un sombrero de paja tan ancho como el de los mosqueteros, solo le faltaban las plumas. Para mí no era una persona ridícula sino más bien patética.

Poco después llegó un grupo de monjas, las cuales se quitaron las sandalias y entraron vestidas al agua hasta que ésta les llegó a las rodillas, entre risas y lanzándose agua unas a otras. Fue una escena digna de ser filmada.

Con el tiempo el monokini fue reduciéndose a un triangulito de pocos centímetros cuadrados situado sobre un Monte de Venus depilado y sostenido por un cordoncito casi invisible que pasa entre los glúteos de las señoras. Lo cual aún hogaño, se puede admirar en playas, piscinas parisinas y en las orillas de la Isla de Saint Louis  en el Sena, en pleno París.

Recuerdo la primera vez que mi padre, cuando en 1985  vino de vacaciones desde Cuba. Fuimos a una de las playas de la espléndida Isla de Isquia – en el Golfo de Nápoles -, que estaba llena de turistas alemanas en monokini.

Mi padre me preguntó: – ¿Por qué me has traído a una playa de putas? Yo estoy muy viejo para esto.

-Papá ésta no es una playa de putas, es una playa normal. Esas señoras son turistas alemanas. Ahora aquí en Europa las mujeres se bañan así en la playa.

– Bueno y… ¿Por qué  Marta tu mujer no tiene las tetas al aire?

– Porque ella es cubana y no acostumbra a éso.

-No mi hijo, no es que ella no se acostumbre, sino que ella no es puta como todas esas tipas.

Está demás decirte que no lo pude convencer y cada vez que venía a Europa, cuando se refería a la playa de Isquia la llamaba : “la playa de las putas”.

En Miami Beach disfrutábamos de la playa con nuestros amigos Eva y Hugo, cuyo apartamento está muy cerca del Hotel Fontainebleau Hilton. Allí pude observar lo máximo del patetismo: señoras con senos siliconados de dimensiones parecidas a melones, labios (léase bembas), tan siliconados que se parecen a los culos de los chimpancés del Zoológico de París y lo peor… aparentemente no les ha alcanzado el dinero para rehacerse los brazos cuyos pellejos parecen cortinas o los glúteos que caen como la cortina del Cabaret del Hotel Internacional de Varadero. ¡Qué horror! No se percatan que en su combate contra el envejecimiento del cuerpo, que se convierten en seres artificiales víctimas de  supuestos cirujanos estéticos.

Claro que a nadie -repito- escandaliza todo ésto. ¡Ah! Pero que una mujer solo muestre el rostro, las manos y los pies en una playa al utilizar el burkini, éso sí que es inaceptable y… ¡Hay que prohibirlo! ¡Hay que castigarlo!

Estaba en Coral Gables en casa del hijo de una gran amiga, cuando pasó una señora a saludar. Su labio inferior se desprendía y llegaba hasta la parte inferior de la barbilla del lado izquierdo. Le dije a mi amiga: “pobre señora, qué enfermedad tan rara”. A lo que me respondió: “no es ninguna enfermedad, sino que le siliconaron los labios, ella quería tener bembas y… ¡Se le corrió hacia la izquierda!

Mi querida Ofelia: Siempre que fuimos desde Camajuaní a las playas de: Caibarién, a Cayo Conuco, los Ensenachos, Rancho Luna, etc., tú te ponías un bañador de una sola pieza, eran los años cincuenta. Después llegaron los bikinis, que mi esposa se puso hasta que desde hace poco optó por el bañador de una sola pieza. Te confieso que cuando estoy con mis nietos en la playa, me molesta la falta de pudor de algunas mujeres: senos y nalgas al aire libre. Hay playas autorizadas solo para nudistas, entonces… ¿Por qué no van a ellas?

Un gran abrazo con tanto cariño y simpatía desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.