Igual que la crisis económica y social de los años 30 del pasado siglo, la crisis actual es larga, vacilante y de dudoso final. A lo largo del siglo pasado le vinieron de perlas la Segunda Guerra Mundial y la del Japón que supuso grandes beneficios a la industria armamentística, a la moral de la superpotencia y dinamizó la actividad transformando el sistema, también la enorme acumulación de beneficios a costa de bajos salarios y ausencia de condiciones sociales dignas.

La no inversión supone la petrificación del sistema, máxime en el siglo actual en el que no existen territorios vírgenes, países emergentes nuevos, abundancia de oro y materias primas, etc.

El Banco Central Europeo ha tratado, con bastante retraso respecto a la Reserva Federal de EE.UU. impulsar las inversiones y sanear bancos y empresas para que asumieran más riesgos, pero con poco éxito.

Por ejemplo, en España, el BCE ha comprado el último año 10.000 millones de euros en títulos de deuda de 15 grandes empresas: Repsol, Telefónica, Iberdrola, Mapfre, etc., el 10% de los 96.620 millones de emisión. La deuda total asciende a 258.000 millones, el 25 % del PIB. Es cierto que las familias se han visto beneficiadas, pero no resuelve el problema de inversión en sectores tecnológicos clave, ni siquiera en sectores tradicionales. En el campo, las ayudas van a los antiguos propietarios y no a quienes en la actualidad lo trabajan, no han creado vocaciones ni la modernización de las explotaciones; el Plan Miner para las comarcas mineras ha sido un fracaso además de un despilfarro; lo mismo podemos decir de la formación; la pesca, con el abundante furtiveo por necesidad tampoco ha conseguido los objetivos…

Es posible que la política europea de recortes y ayudas haya disciplinado a las naciones que la forman (pronto regiones) y haya contribuido a una mayor identidad, pero solo han sido parches.

El final de la crisis y una mayor igualdad entre esas regiones que la forman se conseguirá con un desarrollo proporcionado a las necesidades de origen e inversiones en sectores tecnológicos en plano de igualdad.

Los niños crecen oyendo motes groseros contra sus compatriotas europeos y canarios, y recibiendo pérfidos consejos y más pérfida instrucción de historia patria y americana.

Lejos de enseñársele que es español, se le pinta a los españoles como advenedizos que vienen a oprimirle, suplantarlo y desheredarlo. El niño crece oyendo motes groseros contra sus compatriotas europeos y canarios, y recibiendo pérfidos consejos y más pérfida instrucción de historia patria y americana.

El odio, la antipatía y cuando menos el recelo se arraigan en su corazón de niño, y cuando es adulto, hombre, si su carrera, su trato, sus viajes, sus negocios y su clara razón no destruyen aquella noción errada de su ciudadanía, vive, envejece y muere creyendo no tener más patria que su provincia, y por lo tanto sin amor a su bandera, sin amor a sus parientes peninsulares, sus padres inclusive.

Partido Ibérico (íber)
IBERIA: Maestra de la vida.

Artículos esponsorizados

Deja un comentario