Así lo cree Carlos Miranda, embajador de España.

Felipe VI y Cuba

Carlos Miranda
Carlos Miranda

Una viñeta de un rotativo madrileño reflejaba irónicamente esta semana pasada el acercamiento de la Cuba fidelista al Vaticano y a los EEUU. En la misma, Raúl Castro, vestido con traje y corbata, le decía a su hermano Fidel, vestido de jubilado, que si el Papa c anonizaba a su hermano podrían liberar a una veintena de prisioneros políticos…

Aunque el sentimiento mayoritario es que con el embargo a Cuba no se iba ya a ningún lado también hay cierto escepticismo sobre lo que se ha obtenido de Cuba a cambio de una vuelta a la normalidad que todavía deberá sancionar en algún momento el Congreso de los EEUU. Obama lo ha rentabilizado parcialmente recuperando algún espía, creando un clima positivo en la reciente Cumbre de las Américas, en Panamá, y situando a los EEUU en Latinoamérica en una órbita mucho más confortable. Ahora, pensarán en Washington, La Habana tendrá que mover ficha si quiere obtener más y, sobre todo, que el Capitolio washingtoniano anule el embargo.

La intermediación del Vaticano en esta cuestión también pone al Papa en el ojo del huracán político y con más motivo tras la visita, esta semana pasada, de Raúl Castro al Vaticano. Francisco necesita obras más que buenas palabras o eventuales reconversiones al catolicismo de Raúl Castro. Hacen falta en la isla libertades sin presos políticos. De los dividendos religiosos ya se encarga la Iglesia cubana de recogerlos “in situ”.

Si alguien lograra colocar un chiringuito a pie de escalerilla de avión oficial en el aeropuerto de La Habana se haría de oro. Ahora, ir a La Habana a ver a los Castro ya no es pecado ni en Roma ni en Washington. Obama estaría incluso pensando en visitar la Perla del Caribe en 2016 y Hollande, el Presidente francés, acaba de estar allí. Antes que Felipe VI.

Numerosos altos cargos y ministros europeos han ido o están haciendo cola para ir por la sencilla razón de que al salir Cuba de su aislamiento político internacional conviene estar en las primeras filas de una reconversión capitalista de su economía, como ya ocurrió en Rusia, una autocracia hoy, y en China, donde sigue mandando su partido comunista. Un periodo de profunda transición económica está a la vuelta de la esquina en Cuba. Los últimos no serán los primeros en este caso.

España debiera de estar bien colocada para recoger toda clase de beneficios. Somos la Madre Patria y Fraga, el gran icono franquista de la derecha española post franquista, invitó a Fidel Castro a Galicia cuando gobernaba en esa Autonomía, aunque el lenguaje moderno debiera de acercarnos más a una consideración fraterna que la otra, trasnochada y paternalista. En todo caso, los vínculos históricos, culturales y familiares debieran de ayudarnos a inclinar diversas balanzas cubanas en nuestro favor.

Pero no los vínculos políticos. ¡Hay! Con la inestimable ayuda de Aznar, la Unión Europea condenó en su día a Cuba al ostracismo. Con Rajoy la relación bilateral no ha mejorado. ¿Y Margallo? En Nepal algo de caso le hacen pero no en Marruecos ni en Cuba. En ambos sitios le hicieron ver que no es tan fácil lo del “donde dije digo, digo Diego”. Este viernes fue a ver a un Arzobispo británico del Vaticano para rogar, se presupone, una necesaria y santa intermediación con Cuba y Venezuela (bien bajo habremos caído) mientras pasaba otra vez de sus colegas de la OTAN reunidos en Turquía. ¡Qué mal organiza su agenda! Cómo mínimo.

Cuando se parte en política exterior de la premisa de que hay que hacer todo lo contrario de lo que hizo el PSOE se acaba partiendo de una base de arena y no de cemento bien armado. Luego pasaron por la humillación de tener que admitir que la Alianza de Civilizaciones, esa de Zapatero, fue una buena iniciativa a pesar de las críticas peyorativas dirigidas por el PP cuando estaba en la oposición. Pero, claro, ahora nos iba el tener o no tener un asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU… Por lo demás, no tienen Rajoy y Margallo política exterior latinoamericana. Ni tampoco hacia el mundo árabe o Gibraltar. No hay política exterior.

Es de esperar y suponer que el Gobierno estará preparando frenéticamente una visita de Felipe VI a Cuba y que Rajoy ya ha sacado su numerito en la cola del tenderete cubano. La visita del Rey sería algo muy importante pues jamás un monarca español ha visitado Cuba. Juan Carlos I solo estuvo en La Habana en el marco de una Cumbre Iberoamericana. Una visita oficial de Felipe VI sería un acontecimiento de una enorme magnitud histórica y dotaría a la relación bilateral con un paraguas institucional que permitiría anular los politiqueos de corto alcance.

Carlos Miranda

Embajador de España

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