España que nos sigue ahogando como gente y pueblo, forjaron por lo formidable  de algo tan grandioso que probablemente no se vuelva a dar en el tiempo que siga dando vueltas este planeta

Al Presidente del Moviento de Reunificación de Puerto Rico con España (MRE)

Estimado amigo:

Nací en una aldea española hace ya demasiados años, y tuve la enorme suerte, al ser mi buen padre maestro de escuela, un excelente maestro, estar siempre atento a las lecturas de verdades que nos gusta a las gentes de buena voluntad.

Suelo recordar a mis paisanos que vi con mis propios ojos, durante aquella posguerra de hambre y miseria por dios y porque le dio la gana a los hombres, la alegría mezclada con la pena de la nostalgia por la distancia, de los que tuvieron la suerte y pudieron escaparse hacia las tierras americanas de la miseria de la España ibérica, que nada tiene que ver con la España bizantina, romana, que nos endiñó Franco, que es la que nos gobierna ahora siguiendo la vía Roma-Usa, una alianza de las de mano en el corazón, mientras tienen pisoteados, como muy poco, a las gentes.

Porque amigo y compatriota José Nieves, lo tuyo, lo nuestro, lo de los españoles, no es un asunto del que se suele hablar del foso separador entre pobres y ricos, entre izquierda y derecha y demás posicionamientos ideológicos, lo nuestro, nuestro mal, a mi viejo entender, es obediente a que existen dos Españas totalmente diferentes, que nada tienen que ver la una con la otra y que llevan enfrentadas mucho más tiempo de un milenio: la España Ibérica, que se siente hermana de todo los iberoamericano, y la España bizantina, romana, que es la que manda ahora a la sombra y pedido del Capitolio Usa, y de la Cúpula de San Pedro del Vaticano.  

Y el problema es que, por el momento no lo tenemos nada fácil por la cantidad de voto cautivo que tiene este país, y por la incultura galopante que han sabido inyectarle a los individuos a España bizantina de la vía romana-usa, que no entiende de paz, ni de sus lenguajes, que sabe mucho de declaraciones de guerras, en  cuyos documentos es una gran experta, pero no sabe ni papa de declaraciones de paz ni de la necesaria solidaridad que deben de tener los pueblos, escucharlos, y ver si sus cuitas pueden o no pueden tener solución. Pero ese no es su caso, porque su altivez se lo impide y sería ir en contra de su mala natura, causante de que no exista un solo centímetro cuadrado en todo el amplio continente e islas- del tamaño que sea- en Iberoamérica para poder izar una bandera ibérica que nos una e identifique.

La España Ibérica, la que entiende, ama y se siente suramericana, plural, no ha estado gobernando España todavía; está en la calle sufriendo. Tuvimos hace muy poco aquella refrescante oleada popular del 15M, y nos lo han jodido abiertamente desde el posicionamiento que han logrado obtener de que, individuo por individuo, en esta España Ibérica cada persona se considere un personaje – nos consideremos un personaje- y nos hayamos olvidado lo bonito que podía ser cuando han surgido algunas pequeñas puntas de las enormes ventajas sociales que significa el ser masa, el estar mano con mano unidos opuestos totalmente a esos intereses que tienen al planeta de rodillas que representa la España de la vía romana-usa, con estaciones de parada en poderosas asociaciones sectarias a ambas orilla de la mar oceana.

Somos muchos los españoles que vivimos en este lado de la España Ibérica, en la que te encuadras tú y el movimiento que representas, que nos duele profundamente la ignorancia, el desprecio y la altivez que la España romana-usa tiene hacia todas las cosas, asuntos o sentimientos, realidades y raíces que las circunstancias de nuestros antepasados, muchos de ellos huyendo de la media España que nos sigue ahogando como gente y pueblo, forjaron por lo formidable  de algo tan grandioso que probablemente no se vuelva a dar en el tiempo que siga dando vueltas este planeta.

Existen indicativos que parecen señalar que el equilibrio en los años venideros ante un avance imparable de la realidad China, sería que, no con la intención de hacer bloques, pero si con la otra de establecer comunidades culturales afines, sería que el clásico desprecio de una España – que por no ser no es ni suyo, y cae dentro del ordeno mando de intereses extranjeros -, se volatilice, y realidades no solo históricas, sino de caminar por la calle como es la férrea y densa afinidad emotiva, emocional y sensitiva de todos los iberoamericanos, estuviéramos juntos, porque hablando nos entendemos. Y en esa lucha primigenia de lograr que campee la España Ibérica, puede que tengamos la primera faena luchadora.

Aquí, junto al Mediterráneo, tenéis un amigo para lo que haga falta.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis

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