Carta abierta al distinguido Sr. Suárez

París, 10 de noviembre de 2016.

Distinguido Sr. Suárez.

He leído varias veces su carta y al fin he decidido contestarle.

Tengo la impresión de que Vd. no es la misma persona que conocí durante mi adolescencia y con la cual me crucé en numerosas oportunidades en: cines, teatros, cabarets y playas de  La Habana. No sé cuál será la causa de su metamorfosis mental.

Vd. me escribe: “asqueroso comunista negrero, vete a  vivir a Cuba”. En realidad lo de “comunista” no me parece acertado, pues nunca lo he sido de corazón ni de papeles. Hace 36 años que vivo en París y gozo de una Libertad de Expresión total, la cual se refleja en las 4165 crónicas que he publicado hasta el día de hoy, en las que siempre he defendido los Derechos Humanos, no solo para mi querida Cuba. Sin embargo, recuerdo muy bien que Vd. fue miembro de los Jóvenes Rebeldes y posteriormente de la UJC (Unión de jóvenes comunistas).

Estimo que Vd. no conoce el significado de la palabra “negrero”:

-El que se dedica a la trata de esclavos.

Barco negrero.

-Lobby o partido negrero o pro esclavista.

Jefe o patrono, cuando abusa de sus subordinados.

Vd. ha tenido la suerte de poder encontrar refugio en ese gran país que es los EE.UU., del cual tenemos que agradecer todos los cubanos, el que nos hayan ayudado a obtener nuestra Independencia en 1898 y que hayan dado La Libertad y la posibilidad de rehacer sus vidas a más de dos millones de compatriotas. Pero su xenofobia es tan grande, que tal parece que Vd. se ha quedado mentalmente en los años cincuenta del siglo XX. ¿Conoce todo lo ocurrido sobre los derechos civiles de la población afroamericana desde entonces? ¿Sabe quién fue Martin Luther King- asesinado en Memphis el 4 de abril de 1968-? Creo que debería estudiar la historia reciente del país que le ha dado refugio.

Yo nací en cuna campesina pobre, en un pueblo de campo villaclareño (Camajuaní), como denominaban en Cuba a los pueblos del interior de la República. Cuando iba los sábados o durante las vacaciones a la Playa Militar de Caibarién, lo cual era nuestra  forma de disfrutar del tiempo libre, me impresionaba que hubiese una soga que partía desde la arena hasta la balsa. ¡A la derecha podían bañarse los blancos y a la izquierda los negros!

Cuando visitaba a mi familia paterna en Santa Clara, no podía comprender por qué los negros tenían que pasear por la cera del parque, pues el centro del mismo les estaba vedado, era solo para blancos.

Durante 22 años viví en Cayo Hueso, Centro Habana, al igual que Vd. aunque ahora me he enterado que  dice que era de Miramar. ¡Por favor! En Cuba se decía “meter La Habana en Guanabacoa” y yo creo que muchos han querido “meter a Cuba  en Miramar”. Resultan patéticas esas mentiras en busca de “pedigree”. Me hace recordar a tantas personas que solicitan mi amistad virtual por Facebook, escriben en sus perfiles que poseen diplomas universitarios, mientras que sus niveles de redacción, gramática y ortografía son lamentables.

Allá en la calle Soledad entre Zanja y San José, tenía como vecinos y amigos a muchas personas de gran cultura y educación como: el doctor Moreno y su esposa Mita; el Magistrado jubilado Vergara, su esposa Esther y toda su familia; el periodista Lombardo, sus dos hijos médicos Juvenal y Ariel, etc. Todos eran negros y… cuando caí en desgracia al no poder irme con mi esposa e hijo en la lancha que fue a buscarnos por el Mariel, todos mostraron su solidaridad con  nosotros. Ninguno de ellos participó en el mitin de repudio organizado por el “glorioso” CDR y sus “gloriosos dirigentes”: Fina y Miguel Ángel Down, la familia Arrans y Ramón Vázquez. Incluso la señora Migdalia, otra persona de origen étnico subsahariano, que vivía al doblar de mi hogar, vino a casa a ofrecerme su ayuda y la de sus numerosos hijos en el caso que la necesitara.

Lo de “vete a vivir a Cuba”, me recuerda los tristes eslóganes del régimen de los Castro: ¡Qué se vayan! ¡Qué se vayan! Considero que su mente ha sido programada y que ahora Vd. desea repetir lo que vivió en Cuba en el país que le dio refugio, lo cual quiere decir que no conoce aún las reglas de la Democracia y la Libertad.

No tengo por qué ir a vivir a Cuba. El régimen de los Castro no me quitó nada material, pues yo no poseía nada. Me quitó la Libertad y Francia me la ofreció junto a mi esposa y  nuestro hijo, así como la posibilidad de llegar hasta donde nunca hubiéramos podido imaginar.

Gracias a Dios vivo en la ciudad más bella del mundo, capital del país más culto del mundo. Francia es tierra de Libertad, Igualdad y Fraternidad, donde impera la tolerancia y el respeto al ser humano, sin importar su origen étnico, su sexo, su religión, etc.

Cuando  Vd. escribe : “eres un maricón indio muerto de hambre”. Primeramente me parece que lo de  “indio” se refiere despectivamente a todos los latinoamericanos. Le recuerdo que cuando ya los aztecas, mayas e incas –por solo citar tres ejemplos- tenían grandes civilizaciones, nuestros amerindios de Cubanacán vivían en bohíos y dormían en hamacas. Pero para mí no es una ofensa, todo lo contrario, soy: antillano, centroamericano, latinoamericano, latino y me siento muy orgulloso de ello.

Durante mis 34 años como profesor en París en el Instituto y catedrático en la universidad, tuve a muchos colegas latinoamericanos, que poseían  cultura y  educación extraordinaria.

En cuanto a su homofobia al llamarme “maricón”, es muy lamentable. Tantos compañeros del Instituto, del Pedagógico, tantos amigos, terminaron en las UMAP (Unidades militares de ayuda a la producción), acusados de ser homosexuales, que Vd. me provoca un sentimiento de lástima. No sé cómo Vd. logró salvarse de esas redadas. Considero que debería salir del ghetto cubano, abandone el “mol” y el “espresgüey”, vaya a  darse una vuelta por ciudades tolerantes con la diversidad: New York, San Francisco, Londres, Roma, París, etc.

Lo de “muerto de hambre”, tampoco me ofende. Mi abuelo paterno Félix fue asesinado al igual que mi tío José de solo 9 años, por sicarios pagados por un latifundista, para obligar a mi abuela a vender su pequeña finca Estancia Vieja, situada  cerca de la carretera que une Santa Clara con Placetas. Ella se vio estafada, sola y con 9 niños a cargo en Santa Clara, entre ellos mi padre que tenía 5 años. Pero no fueron “muertos de hambre”.

Mi familia siempre fue pobre, pues mi padre fue  policía durante 21 años y ganaba solo 105 pesos mensuales hasta el 1958 y mi madre despalilladora ganaba 22 pesos. Ella hizo ese humilde trabajo al igual que sus cinco hermanas y la mayor parte de las niñas de aquellos años en Camajuaní.

Reconozco como mi mentor al hombre más grande de los que han nacido en nuestra sufrida Patria, el que escribió:

“Con los pobres de la tierraQuiero yo mi suerte echar…” José Martí.

Sus palabras insultantes hacia Su Santidad el papa Francisco I, le hacen tocar el fondo del pozo distinguido señor Suárez: “el papa fue a Cuba a darse la lengua con Fidel y Raúl”. Le ruego que se informe sobre todo lo que hace Su Santidad por los pobres del mundo. Considero que es el único papa desde San Pedro, que  aplica al pie de la letra los Santos Evangelios. ¿Quién puede saber lo que habló Su Santidad con los Castro?  He conocido por una amiga común, que Vd. va a misa los domingos, entonces debe de saber que la Iglesia es de los pobres, no de los ricos. Recuerde las palabras de los Santos Evangelios:

“Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que el que un rico entre en el Reino de los Cielos”. Evangelio de Mateo (Mt 19,24).

Yo no admiro a las personas por sus riquezas materiales, sino por su cultura, su educación y su elegancia espiritual. Por tal motivo, a Vd. no lo admiro distinguido señor Suárez. Recuerde:

“¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma?”(Mateo 16:26)

Desde La Ciudad Luz le deseo que Dios le ayude hasta el final de su tiempo,

Félix José Hernández.