Desconozco, señor Almagro, no me hubiese costado mucha tinta más que en vez del don, adjudicarle lo de excelentísimo señor, por aquello de la ínclita, preclara, independiente y eficaz Organización, al servicios de los norteamericanos, de Estados Americanos, OEA, de la cual es usted, usía, mandamás a la búlgara; porque resultaría chocante, y muy al estilo de aquellos corrales del señorito gringo, que de los 34 estados americanos que constituyen la organización, el que faltó para hacer pleno al treinta y cuatro para su nombramiento, hubieran sido los cultos, neutrales, y democráticos EE.UU.

Y decía que desconozco si usted es descendiente de aquel Almagro manchego, del tuerto Almagro, el que a decir de la crónica tenía un ojo roto, quebrado. Y aunque el ser tuerto no se hereda, es curioso que la ceguera para no querer ver la realidad social, es algo que sí se hereda; y se ha mantenido como un legado social hereditario en la que personalmente denomino la América Morena, que ha permitido que la brutalidad inculta de un país, EE.UU, un estado frankenstein hecho de retales, le ciegue toda la visión a unas repúblicas que se quedaron con el paso dado hacia delante de su propia identidad hasta que las llenó de basura el gringo, incluso con más basura, si algo así podría darse, a como las lleno la santa España.

No recuerdo si le voté al señor Zapatero, o ya, para aquella época estaba, personalmente, en clara y profunda disconformidad con la política de un partido, el Partido Socialista, que puede que haya gobernado (al estilo español, exactamente igual al estilo a como se gobierna la OEA) a lo socialista en alguna décima de segundo de su largo recorrido.

El señor Zapatero, que a diferencia de otros ex presidentes españoles que solo están hocicando acumulando más riqueza de sus ya abultadas cifran de gentes millonarias, entendemos, seamos amigos, le votemos o no, que se merece un mejor trato de gente como usted, que solo han reaccionado con una vulgar virulencia por mandato imperial gringo, por denunciar el señor Zapatero algo lógico, que a muchos no se nos escapa: los cercos económicos a los países, tan del manual del perfecto agitador social que se imprime con excelentes tiradas en la casa de sus jefes los yanquis, tienen como única misión joder a las gentes, al pueblo, para que se levanten, compren armas ligeras, y corra la sangre previa a que lleguen los marines a apoderarse de los recursos locales del país que sea y lo llenen de democracia de la buena: La Usa.

Como he leído en internet que su excelencia fue ministro con el apreciado, respetado y admirado José Mujica, no creo que el señor Mujica fuera el que le enseñó los modales corraleros; ese lenguaje soez que tanto hemos y seguimos escuchando en España, herencia de un franquismo, que se le aplicaba a todo aquel que no era de su sangrante cuerda.

Es curioso como la historia, a lo mejor en su caso, se repite: El conquistador citado, el manchego Almagro, el tuerto Almagro, pivotó toda su vida en el entorno del conquistador Pizarro y sus hermanos. Los núcleos sociales herederos de aquellos conquistadores españoles, que se hicieron nacionalistas territoriales furibundos, tenían, al entender de algunos, entre los que me encuentro, un mayor sentido patrio local, supuesto que en sus anhelos, de inmediato se desarrollaba un deseo de independencia territorial para vivir de los suyo, que no es el caso que se espejea hoy en día en la América Morena.

Y como está visto y comprobado en la triste realidad, que aquellos corpúsculos o grupos sociales descendientes de los conquistadores españoles, dueños y señores junto con el clero vaticano de todos los recursos de la América Morena, destilan felicidad, llegan al orgasmo social, cuando sirven sin reservas a sus amos los yanquis, no tienen patente ni documento para ser creídos.
Su caso, señor Almagro, porque no se ha dado ni un solo adelanto en una sola persona de aquellos “mas derechos para más gentes” ni tampoco una “Nueva Realidad en el hemisferio”, que dijo en el 2015 cuando empezó a trabajar por y para el patio trasero de los gringos.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.

1 COMENTARIO

  1. ABRIRME PASO

    Abrirme paso
    como agua de río que pasa
    y le gusta solo la cuesta abajo
    y no se complica
    en desniveles
    ni altibajos.

    Abrirme paso
    entre la estupidez
    de tanto recetador y receta,
    de gente matemáticamente recta,
    de bien,
    que parece se van a quedar aquí
    en conserva para siempre.

    Y cuando se cansen
    tienen fabricado y en propiedad
    el más allá,
    en todo,
    como el más acá,
    sin que recordemos
    que nacimos
    porque fuimos
    por ellos avisados,
    para que lo hiciéramos
    o quedarnos
    donde no sabíamos
    ni que estábamos.

    Y si no sabemos dónde estuvimos
    ni dónde vamos
    los que no somos de su santa cuerda,
    no sé qué esperamos para abrir
    la botella
    y con sus dineros,
    que son nuestros,
    emborracharnos.

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