Carta de Marta desde New York

micasa

París, 28 de febrero de 2016.

Querida Ofelia:

Te escribo sólo unas pocas líneas para enviarte la carta de mi recordada amiga Marta, que me acaba de llegar desde los EE.UU. y en la cual me escribe sobre ti, mi padre y nuestro hogar habanero.

En la foto al centro, mi modesto hogar de la Calle Soledad N° 507 en Centro Habana. Cuando mis padres vivían en él no había rejas en la puerta ni en las ventanas. Se mantenía abierto de par en par para que entraran: la amistad, el amor, el sol y el fresco. Los tiestos con flores en las ventanas, le daban el aspecto de oasis de Libertad -siempre con alguien de visita-, en una ciudad encadenada por el régimen.

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.

New York, 25 de febrero de 2016.

Querido Félix José:

Ya que de cartas se trata, hagamos uso del género para complacer a un amigo, entrañable como pocos, tanto como ha sido, a través de muchos años, toda su familia, tan entrañable como Ofelia, y como Amado.

Tuve la infinita suerte de conocerlos a los dos. Infinita, porque desde entonces y para siempre me siento agradecida de haber disfrutado de su presencia. Me atraían a aquella casa de Soledad no sólo la luz y el afecto que fluían tan espontáneamente de mi eterno amigo Juan Alberto, la cortesía y amabilidad de su hermano Félix José, sino, muy en particular, la acogida siempre tan especial que se dispensaba allí al visitante, sin importar su número ni indagar primero la razón de su presencia. Los rostros de Ofelia y Amado se iluminaban con sólo vernos aparecer y atravesar el umbral de su puerta. Nos hacían sentirnos verdaderos reyes y reinas felices en su trono de amor. Aún siento el calor de las tardes a la puesta del sol, de las flores que creaba la magia de aquellas manos, del abrazo que acercaba a aquel pecho capaz de acogernos a todos como a hijos, del apretón de manos tierno de aquel padre grande de todos. Y me pregunto: ¿Por qué los dejamos?

Como Félix, tuve la experiencia de separarme de mis seres queridos y dejarlos en circunstancias similares a las que describe Juan Alberto en la presentación del libro Entrañable Ofelia, es decir, sin posibilidades de conocer otro mundo. Mi experiencia primera tuvo viaje de regreso; la segunda, no.

Y se desata un ansia inacabable de convertirnos en pasaporte, trámite de aeropuerto, papel de aduana, compañero de viaje, avión, paisaje aéreo, aeropuerto, idioma extraño, encantador o no; gente distinta, clima, maletas, cielo, aire, fragancia, uso, alimento, cualquier cosa… que transmita fielmente lo que resulta inalcanzable, dolorosamente inalcanzable, para los que más queremos en este mundo, para aquellos a los que también debemos, en primerísimo lugar, esa realización personal, ese disfrute de lo nuevo, del mundo, del universo por el que lucharon para nosotros, que, paradójica y tristemente, aunque con todo el orgullo del mundo, sólo pueden ver a través de nosotros.

Puedo decir entonces que entiendo a Félix José perfectamente y no sólo gracias a la letra y la descripción, sino al ansia infinita de los desterrados del corazón, de quienes lo llevan a todas partes sin tenerlo consigo, porque en algún lugar, por allá atrás, se quedó el de verdad, no el que late para que sigamos vivos, sino el que está lleno de nosotros.

Y me pregunto muchas veces si cada uno de los que emigra se ha preguntado si no cambiaría el mundo por un corazón lleno de un amor más grande que el mundo, como el que da una madre, un padre. ¿Puede haber un mundo mayor que el amor del corazón de un padre? Es el único capaz de llenar todo vacío. El vacío causado por toda nuestra tragedia, el que nunca nos ha permitido ser del todo felices.

Agradezcámosle a Félix José, en nombre de los que se quedan, de los que sufren prohibiciones y represión, cobardía y abuso, pobreza, su afán de comunicador, de transmisor de visiones, sensaciones, conocimiento, análisis, reflexiones; de puente entre razas, culturas, idiosincrasias; su afán, en fin, de conectar a seres humanos de todos los confines con su espíritu universal de hoy, ayer y mañana.

Marta Ruiz.

Hispanista revivido.