A la atención de Ferrán Núñez, fundador de Autonomía Concertada para Cuba, y a todos los miembros de esta asociación

Esta es una carta que siempre he querido escribir, aunque nunca había tenido nadie a quien hacerlo. Les escribo desde un pueblo cerca de Madrid, España, porque hace unas semanas entré por primera vez en contacto con su asociación y sus ideas.
Lo primero que quería decirles es que , como yo, una gran parte de la sociedad española está completamente de acuerdo con sus ideas, les apoya y les produce una felicidad inmensa ver que aún existen personas que consideran a los españoles de uno y otro lado del Atlántico como hermanos. Evidentemente, los políticos españoles son muy reacios a reconocer esta verdad y a apoyar nuestra idea de una Cuba autónoma dentro de España, pero esto solo se explica por la enorme presión que la diplomacia estadounidense ejerce para eliminar nuestra mutua cooperación, así como la de los demás países iberoamericanos.
Compatriotas, no bajen los brazos. No dejen de reclamar lo que todos sabemos que es justo; no dejen de luchar para que Santiago de Cuba y Santiago de Compostela vuelvan a estar bajo una misma bandera de libertad, igualdad y justicia para todos.
Un sinnúmero de españoles han empezado a comprender todos los lazos culturales, históricos e incluso familiares que nos unen. Su lucha no es solo por los cubanos: como sin duda sabrá, la separación de Cuba y España en lo que aquí llamamos “El Desastre del 98” provocó una decadencia de España en todos los órdenes, un derrumbe de la fe en las posibilidades de nuestro pueblo que acabaría desembocando en la Guerra Civil Española y en una dictadura que se prolongaría durante casi cuarenta años. Del éxito de su arriesgada empresa depende que la sociedad española y todos los pueblos hispanos puedan unir sus brazos y sus fuerzas en el mundo para decir: Somos uno, y aunque distintas y diversas una son también todas nuestras culturas.
Cada vez que leía su blog o alguna mención en los medios de comunicación, recordaba a mi bisabuelo, que luchó en la Guerra de 1898, que siempre recordaba con lágrimas en los ojos la isla en la que tanto tiempo vivió destinado como militar, y que siempre vistió con orgullo por este pueblo mío de Galapagar su apodo de “el cubano”.
Ojalá el pueblo cubano vuelva a tener libertad, y ojalá pueda ser de la mano de la Madre Patria que les aguarda como la madre que aguarda el retorno de su hijo para que vuelva pronto a casa. Un caluroso abrazo, de un hispano a otro.
Pedro G. Guillén

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