Por: Carlos Cabrera Pérez

a) 36 años de gobiernos socialistas en Andalucía que, a imagen y semejanza del PRI mexicano, estableció amplia red clientelar y padece corrupción sistémica.

b) Carencias políticas de Susana Díaz y su equipo. Adelantaron las elecciones para huir del juicio del escándalo de los EREs y de Pedro Sánchez. Susana, como muchos otros de todos los partidos, son burócratas sin más mérito que la lealtad incondicional líder reemplazable.

c) Los devaneos del débil gobierno de Pedro Sánchez con sus socios de investidura, que ahora encarecerán sus apoyos, poniendo a tres kilos el cubo y la tinaja a medio. Y que provocan miedo e inquietud en el resto de España.

d) Fin del bipartidismo español, como ocurre en Europa, acelerado por la crisis económica y por la actitud zarista de las élites de la partitocracia ante el sufrimiento de las personas.

e) La actitud irresponsable y oportunista de Javier Arenas, indiscutido y hábil cacique del PP en la región hasta hace poco, que prefirió comer caliente a no gobernar ni agredirse mutuamente con el PSOE, en vez de promover una transformación de su tierra en favor de la gente y de su partido.

Los perdedores han sido el PSOE, Pedro Sánchez, el PP, Podemos e IU. Los ganadores son C´s y Vox. Al PP al menos le queda el consuelo que podrá gobernar por vez primera allí, pero Pablo Casado y Teodoro García Egea saben que tienen por delante un trabajo ciclópeo y que tras derrotar a las candidatas del aparato, ahora toca renovar de verdad, poniendo al afiliado y simpatizante como centro de su estrategia política; y la defensa de España y de los españoles por encima de tacticismos inútiles.

Pablo y Teo no solo deben revertir la indiferencia rajoyana-sorayesca, sino rescatar a las bases del partido, desencantada y harta por la corrupción y la desidia, contener al Frente Popular que ya avisan los trompeteros de Palacio y ofrecer a todos los votantes un proyecto atractivo y coherente.

El PSOE intentará repetir con Ciudadanos, la fórmula cántabra en Andalucía, ofreciendo a Rivera y Marín el oro y el moro, incluida la cabeza de Susana (sueño recurrente en Moncloa y parte de Ferraz) pero Albert y los suyos deben saber que sería suicida, no solo porque defraudarían a sus numerosos votantes por el cambio real, sino porque la maquinaria del PSOE llega hasta el último rincón andaluz, poblado de estómagos agradecidos que matan por seguir comiendo caliente.

Lo razonable y coherente con las urnas sería un gobierno PP-C´s con voto a favor en la investidura de Vox y negociación de apoyos puntuales. Pablo y Santi tienen margen para el entendimiento. Un tripartito tampoco es descartable, pero si un matrimonio es complicado, no digamos ya un trío, con la ventaja para Vox de no sufrir apenas desgaste.

No obstante, si alguien tuviera tentaciones, PSOE y PP suman 59 diputados, ahí lo dejo. No sería malo para España un pacto de Estado PSOE-PP que acabe con los coros y danzas de los que odian a España y contribuyen a su debilidad para alegría de los que mandan en el mundo.

España es una democracia razonable que protege por igual a sus ciudadanos, incluidos los extranjeros residentes en la piel de toro y esa fortaleza fue conseguida con la democracia que alumbró la Constitución de 1977, ahora tan puesta en solfa como ocurre con la Corona, por esas tribus estafadoras que ya empiezan a hartar a sus huestes.

Abascal no es un fascista, como pretenden hacer ver algunos. Damnificado por Rajoy cuando desmontó el sufrido PP vasco para congraciarse con el PNV y la morralla antiespañola, es un señor joven al que le gusta la política y encontró una rendija, como hizo Pablo Iglesias, tras tontear con PSOE e IU, cuyos aparatos lo rechazaron por ser “un listo”.

En cualquier caso, el problema no está en que Abascal fuese fascista e Iglesias comunista, sino en que su música ha seducido a un número notable de españoles. Si Pablo es una criatura de Rajoy y Soraya que lo jalearon creyendo que quitaría votos a PSOE e IU; Abascal es una criatura del PSOE que cometió el mismo error que sus correligionarios franceses con Le Pen. A estas horas, Abascal y los suyos deben estar agradecidos de la vicepresidenta Calvo y de Susana, que les llenaron las urnas de votos con sus diatribas.

De hecho, durante toda la tarde-noche del domingo, Moncloa y Ferraz intoxicaron asegurando que las derechas no sumarían. Que Pablo Iglesias Posse les conserve el oído porque de vista andan como Tezanos, más perdidos que un pulpo en el CIS.

Y luego la vida seguirá igual y ganarán elecciones aquellos que mejor conecten con el sentimiento mayoritario de los muchos españoles de bien que aman su tierra, a su familia y que se sienten ofendidos porque los tilden de fachas por ser patriotas y amar a su bandera.

Las sacudidas -como la ocurrida ayer en Andalucía- son episódicas y sintomáticas de lo por venir. Mientras Sánchez -ya acorralado en Moncloa- desoja la rosa de cuándo convocar elecciones y lo tiene en japonés porque si adelanta malo y si lo retrasa malo porque acabará abrasado por sus socios de twitter.

Como ya está visto y comprobado, ganan siempre los que mejor trabajan por la gente como Gabino de Lorenzo en Oviedo, Paco Vázquez en Coruña, José Ángel Cuerda en Vitoria, Ramón Palacios en La Carolina, Fausto en Rivas Vaciamadrid, y Julián y Vicente Astillero Ballesteros en Casarrubuelos, el resto son fruslerías de expertos en cobrar del dinero de todos para decir que piensan.

Coda final para cubanos

La salida del PSOE de la Junta de Andalucía resentirá la cooperación con el gobierno cubano, que ha sido notable y decreciente, sobre todo, a raíz de la forma en que manejó el castrismo una donación de aceite comestible, tras el paso de un ciclón.

Y ya saben porque Raúl Castro se quedó relajado en la hamaca guajira de Pinares de Mayarí, mientras Pedro Sánchez se paseaba por La Habana con la montura de Antonio Maceo.

No quiero llanto…

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