para 14yMedio

Un sonido inseparable de las calles de Centro Habana es el chirrido de las carretillas en las que se carga el agua, con sus ruedas de metal sobre el asfalto. Esa sinfonía de la necesidad se ha hecho más intensa en los últimos meses por los frecuentes cortes en el suministro que ha vivido la ciudad debido a reparaciones, roturas y una intensa sequíaque afecta a todo el país. Más de 58.760 personas reciben agua a través de camiones cisterna, según confirma este lunes el periódico Trabajadores.

En La Habana, más de la mitad del agua que se bombea se pierde en salideros, un 20% de ellos ubicados en las llamadas redes intradomiciliarias, puertas adentro de las viviendas e inmuebles. Para el ingeniero Antonio Castillo, subdirector de operaciones en la empresa Aguas de La Habana, la situación es insostenible a mediano y largo plazo. “Las cuencas de abasto son como las cuentas bancarias. Si ingresas, pero sacas más de lo que depositas, poseerás cada vez menos y si dejas de ahorrar, un día no tendrás dinero. Eso pasa con el agua”, declaró a la prensa oficial.

A finales de febrero la situación empezó a agravarse por la nefasta combinación entre salideros y problemas eléctricos que ocasionaron grandes pérdidas en la Cuenca Sur. Unos 45.000 residentes de La Habana Vieja, Plaza de la Revolución, Diez de Octubre, Centro Habana y Cerro resultaron seriamente afectados.

Para disminuir las fugas, los especialistas del sector proponen proseguir con los planes de rehabilitación de las redes y hacer regir una nueva tarifa en el cobro del servicio para el sector residencial. Por su parte, los residentes en la capital exigen ciclos más cortos en el suministro y una mayor calidad del preciado líquido. “El agua llega muy dura y eso acaba con las tuberías y los herrajes de los baños, por eso hay tantos salideros”, comenta Rubén, un plomero que trabaja por cuenta propia en La Lisa.

Los residentes en la capital exigen ciclos más cortos en el suministro y una mayor calidad del líquido

Otros exigen que se promulgue cuanto antes una Ley del Agua para regular el uso de este importante recurso natural. “Aunque en diciembre pasado el Consejo de Ministros aprobó una política más estricta, se sigue malgastando indiscriminadamente algo que debería ser tratado como un verdadero tesoro”, expresa Yaquelín de la Osa, ingeniera y promotora de una política más enfocada en el cuidado del medio ambiente y los recursos naturales.

Más allá de las opiniones especializadas o las de tendencias ecologistas, los principales reclamos vienen de un sector de la población que debe acarrear el agua hacia su vivienda a través de carretillas, cubos y botellones. “No me acuerdo cuándo fue la última vez que pude darme una ducha, porque desde hace meses me baño con un jarrito”, explica Xiomara, vecina de una cuartería en la calle Marqués González en Centro Habana.

Todos coinciden en la que las reparaciones de las redes hidráulicas son necesarias, pero la lentitud y falta de eficiencia con la que se acometen causan malestar entre muchos habaneros. “Esto parece una ciudad después del bombardeo”, dice un arrendatario de habitaciones para turistas ubicado en la calle Amargura en La Habana Vieja, que cada día debe sortear los huecos y las zanjas para buscar a sus clientes. El municipio está siendo sometido a una sustitución de las redes de acueducto que concluirá en 2017 y que tiene un presupuesto de más de 64 millones.

“No me acuerdo cuándo fue la última vez que pude darme una ducha, porque desde hace meses me baño con un jarrito”, explica una vecina

El agua que debería caer del cielo tampoco lo ha hecho como debería en este período lluvioso. Los aguaceros que inundaron varias zonas de la ciudad a finales de abril y principios de mayo no lograron que se recuperaran las deprimidas cuencas que abastecen la urbe. Las precipitaciones no resultaron significativas al sur de las provincias Artemisa y Mayabeque, donde se encuentran las principales fuentes de abasto, ni en la cuenca Almendares-Vento, que suministra el 47% del agua que se destina a los habaneros.

Mientras la situación se agrava, los habaneros se despiertan tratando de detectar las nubes en el horizonte y se duermen con el ruido de las carretillas sobre el pavimento.

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