“Los políticos deben garantizar condiciones en ambos países que permitan una colaboración robusta”, afirma Sergio Jorge Pastrana, secretario de Relaciones Exteriores de la Academia de Ciencias de Cuba.

Los investigadores de Cuba y Estados Unidos piden que el acercamiento entre ambas naciones facilite la cooperación científica, un campo en el que, con limitaciones y dificultades, ambas naciones nunca llegaron a separarse del todo.

“Existen muy diversas oportunidades que están limitadas únicamente por no existir fondos suficientes para compartir investigación conjunta, ya que todo ha de hacerse con fondos de entidades privadas filantrópicas y siempre son limitados”, explicó hoy a Efe el secretario de Relaciones Exteriores de la Academia de Ciencias de Cuba, Sergio Jorge Pastrana.

Pastrana defiende esta postura en un editorial que publica hoy la revista científica Science, de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia (AAAS, siglas en inglés).

Los políticos deben garantizar condiciones en ambos países que permitan una colaboración robusta. Eso incluye eliminar los obstáculos de visado y permitir que se compartan sin obstáculos datos, recursos y conocimiento”, señala en su artículo.

La cooperación científica entre ambos países, con “altos y bajos”, no ha desaparecido completamente en ningún momento en sus más de cinco décadas de enemistad, explicó a Efe Vaughan Turekian, el director internacional de la AAAS.

Desde que Estados Unidos y Cuba anunciaron la normalización de sus relaciones diplomáticas en diciembre pasado, es más fácil el desplazamiento de los científicos y lograr licencias del Departamento del Tesoro para colaborar con la isla.

“Ahora muchas agencias federales están más proclives a ayudar en estos procesos, es más fácil convencerles de que el intercambio es muy importante para ambos países. Y, por su parte, los científicos tienen mucho más interés en buscar colaboraciones. Antes, mucha gente ni lo intentaba porque pensaba que era imposible o muy difícil”, añadió Turekian.

Estados Unidos permite ahora, por ejemplo, que sus científicos asistan en la isla a conferencias organizadas por Cuba sin necesidad de una licencia específica, algo que antes sólo era posible si se trataba de un evento de una organización internacional.

Los investigadores de ambos países han lidiado en el último medio siglo con restricciones de todo tipo, las más difíciles de sortear las derivadas del embargo económico, comercial y financiero que Estados Unidos mantiene sobre la isla y que sólo el Congreso, no la Presidencia, puede levantar.

“Llegar a una colaboración plena sin levantar el embargo no es posible. Se puede hacer un progreso significativo, pero no podemos olvidar que la ciencia también son productos que se comercializan”, explicó a Efe el doctor Kelvin Lee, del Instituto de Cáncer Roswell Park, que participó en la reciente misión comercial en la isla encabezada por el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo.

“El embargo permite el intercambio de ‘investigación fundamental’, pero ésta es una área ambigua porque definir qué es fundamental y qué no es complejo y requiere justificarlo”, añadió Lee.

De esa visita a La Habana a finales de abril salió el último gran acuerdo científico entre los dos países: La exportación a Estados Unidos de una vacuna terapéutica contra el cáncer de pulmón desarrollada en la isla.

“Si los políticos establecen un marco adecuado para la colaboración bilateral, la comunidad científica responderá y la cooperación se ampliará sustancialmente”, comentó a Efe el presidente del centro de estudios Inter-American Dialogue, Michael Shifter, con sede en Washington.

Los campos de colaboración de mayor interés para ambas naciones, según estos expertos, son la investigación en nuevas vacunas, la erradicación de epidemias globales, la lucha contra el cambio climático, la salud pública, así como ciencia marina y atmosférica para la preservación de los ecosistemas marinos y la prevención de huracanes.

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