Colón encadenado

La actitud del nuevo gobernador ante el descubridor de América fue de una intransigencia total

  • Poco después de llegar a la isla –año de 1500– encadenó a Colón y lo envió a España.

El problema de la libertad

Desde que Cristóbal Colón llevó algunos indios a España en calidad de esclavos, el problema de la libertad y de la esclavitud fue un tema que penetró en la conciencia de todos los españoles, principalmente en la de los Reyes Católicos. Colón, además de ser el descubridor de América, es, para muchos, el culpable de la esclavitud de los indios.
El primer demócrata que se alzó en América contra esta tiranía fue Francisco Roldán, antiguo criado del Almirante, que se sublevó a la cabeza de 75 hombres. Ojeda también contribuyó al levantamiento, prestando todo su apoyo. Las noticias de los disturbios, corregidos y aumentados por los enemigos de Colón, no tardaron en llegar a España. fue tan grande el escándalo que la reina quiso poner remedio enviando a Francisco de Bobadilla como gobernador de la isla de Santo Domingo. La actitud del nuevo gobernador ante el descubridor de América fue de una intransigencia total. Poco después de llegar a la isla –año de 1500– encadenó a Colón y lo envió a España. Aquellas cadenas constituyeron una señal para los conquistadores: en adelante, quienes esclavizaran a los indios sufrirían el mismo castigo. En la Corte la protesta real ante el hecho consumado de la esclavitud se tradujo en la legislación indiana protectora de las libertades de los indios.
Los organismos oficiales y aquellos que tenían derecho a opinar, en virtud del poder que ostentaban, concluyeron desde el primer momento que los indios eran libres como los demás y que la autoridad de sus caciques era legitima, en virtud de un derecho natural que los Estados no pueden modificar sin justificación. Sin embargo, saltaba a la vista que los Estados pueden intervenir, en determinadas circunstancias, en el mejoramiento del nivel de vida de otros pueblos. Las circunstancias de América determinaron que España elevara el plano social de los pueblos pacificados y llevara a todos los rincones y todos los hombres, sin distinción de ninguna clase, la semilla de la doctrina evangélica. Como era de suponer, la realización de este plan de pacificación encontró algunos obstáculos. Los mismos hombres que habían de llevarlo a la práctica, aunque estaban identificados con la causa española, no llegaban a ver claro el interés de la Corona en favor del indio. Si hemos de juzgar la obra de España en América, no debemos juzgar a los hombres que la realizaron por los errores que cometieron, sino por las instituciones que la protegieron. A pesar de los errores, el español tiene muchos puntos de ventaja sobre otros pueblos. No sería extraño que si a España se la juzga como la más bárbara de las naciones colonizadoras, es porque también fue la más humana. Robertson dice a este respecto:
«El concordar el cultivo con la libertad y conveniencia de los indios fue el mayor negocio y el importante objeto que ocupó gloriosamente, por espacio de muchos años, toda la atención de nuestra Corte. Y fue tanta la generosidad de España, que algunas veces [14] se puso a pique de perder las Colonias por conservar y aliviar a los indios.»
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El estallido que encendió la polémica secular de la libertad de los indios se produjo en 1511 en La Española. La causa fue el mal trato de los encomenderos a los indios y la oportunidad de aquellas palabras de San Juan: «Yo soy la voz del que clama en el desierto.» El dominico fray Antonio de Montesinos subió al púlpito, y después de leer el texto evangélico, elevando el tono de voz, comenzó: «Yo, que soy la voz de Cristo en el desierto de esta isla y, por tanto, conviene que con atención, no cualquiera, sino con todo vuestro corazón y con todos vuestros sentidos la oigáis, la cual voz os será la más nueva que nunca oísteis, la más áspera y dura. Esta voz es que estáis en pecado mortal, y en él vivís y morís par la crueldad que usáis con estas inocentes gentes. Decid: ¿Con qué derecho, con qué justicia, tenéis en tan cruel y horrible servidumbre aquestos indios?»
Fray Antonio de Montesinos protestaba de la forma de tratar a los indios, pero en el fondo se levantaba contra los repartimientos, dando a entender que si éstos no existieran no habría posibilidad de cometer abusos. Sin embargo, los repartimientos que habían nacido espontáneamente en 1501 como un medio para que los indios pagaran el tributo que debían como vasallos del rey, se habían consagrado, legalmente por la cédula que dictó Isabel la Católica el 20 de diciembre de 1503 en Medina del Campo.
Isabel la Católica admitía el trabajo forzoso de los indios, pero ordenaba que se ajustara con ellos un salario conveniente, por considerarlos hombres libres. El trabajo forzoso no debe entenderse como una esclavitud. Se estableció porque los indios lo rehuían, aceptando el principio de la compulsión estatal, en sustitución del régimen contractual del libre salario. En una real cédula dice:
«En adelante, compeláis y apremiéis a los dichos indios que traten e conversen con los cristianos de la dicha isla y trabajen, pagándolles el jornal que por vos fuese tasado, lo cual fagan e cumplan como personas libres, como lo son, e no como siervos; e faced que sean bien tratados los dichos indios.»

Hispanista revivido.