Cuando César Alierta y Antonio Vázquez sedujeron a Fidel Castro

 

Corría el año 1999, y Cuba atravesaba por una dura crisis a raíz de la caída de la Unión Soviética, país que cada año daba una ayuda a Cuba de 5.000 millones de dólares. Al cortarse estos lazos, el comercio cubano se desplomó y las condiciones de vida empeoraron. Se intensificó la emigración ilegal de los llamados balseros hacia Miami, y a Fidel Castro no le quedó más remedio que dar entrada tímidamente a la inversión extranjera en la isla, que se tradujo en la instalación de muchos hoteles de capital español. El momento era el adecuado para los objetivos de César Alierta y de Antonio Vázquez.

César Alierta y Antonio Vázquez -los actuales presidentes de Telefónica y de IAG, y que entonces (1999) estaban al frente de la antigua Tabacalera- sabían que podían hacer historia si conseguían persuadir a Fidel Castro. Aguantaron estoicamente 5 horas de una de las famosas diatribas revolucionarias del comandante. Pero el sacrificio merecía la pena.

A Fidel Castro le gustó el planteamiento que le hicieron de promover los puros habanos en los mercados internacionales. Pero chocaron totalmente sobre la manera de llevarlo a cabo. El comandante quería producir muchos puros habanos para de esta forma ofrecer más empleo a las necesitadas clases bajas cubanas. Alierta y Vázquez dieron entonces una buena prueba de sus dotes para la gestión y se plantaron ante Fidel Castro. Nada de aumentar la producción de puros. Había que prestigiar el producto, y convertir el puro habano casi en un artículo de lujo. Los directivos españoles querían vender pocos puros, pero muy caros.

Aunque para un prohombre del comunismo como Fidel todo lo relacionado con el lujo debía ser considerado pecado mortal, la verdad es que al comandante y a su séquito de cortesanos les gustaban los productos exquisitos -Castro era un experto en los grandes chateaux franceses- y alardeaban de ello en sus fiestas privadas.

Para terminar de convencer a los cubanos, Alierta y Vázquez pusieron sobre la mesa 500 millones de dólares, una cantidad que eliminó cualquier tipo de suspicacia que pudiera quedar.

De esta manera, en diciembre de 1999 Altadis -fruto de la fusión de Tabacalera con la francesa Seita- compró al Gobierno cubano el 50% de Corporación Habanos, propietaria de las marcas de cigarros premium más demandadas y valoradas del mundo, como Cohiba, Montecristo, Partagás, Romeo y Julieta, Hoyo de Monterrey y H.Upmann, la enseña favorita de John F. Kennedy. Corporación Habanos controla ahora el 70% del mercado mundial de puros fuera de Estados Unidos, aunque sus perspectivas de futuro son impresionantes una vez que se materialice la apertura del mercado americano a los productos cubanos, ya que EEUU es el mayor consumidor de puros premium del mundo.

César Alierta y Antonio Vázquez pueden sentirse ahora muy orgullosos de aquella operación. Su relación empresarial comenzó en 1996. Cuando en ese año Alierta llega a la presidencia de Tabacalera, Vázquez era el director de Desarrollo Internacional de la tabaquera. El actual presidente de Telefónica preguntó a Vázquez si la empresa fabricante de Fortuna y Ducados tenía algún punto fuerte para competir en un mercado tan global como el del tabaco y para evitar ser absorbida por Marlboro o Winston. El actual presidente de IAG le contestó que Tabacalera tenía los mimbres para convertirse en líder mundial de puros de alta calidad. Alierta le nombró director general de Cigarros y le dijo de forma categórica: “Hazlo”.

Manuel del Pozo

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