Con más años y menos esperanza

Muchos jubilados cubanos, después de haber trabajado durante décadas, ven cómo el monto ridículo de sus pensiones casi nada puede hacer para garantizarles una vejez materialmente decorosa

(foto del autor)

LA HABANA, Cuba. – Con relativa frecuencia los medios informativos nacionales hacen referencia al envejecimiento de la población, los comentarios y valoraciones oficiales sobre este complejo asunto no demuestran una conciencia clara ni una sensibilidad definida con un tema de trascendencia y repercusiones preocupantes a muy corto plazo.

Las manifestaciones evidentes de la profunda crisis demográfica que enfrentamos demuestran que por primera vez en nuestra historia la población cubana  se encuentra en un franco periodo de estancamiento con una fuerte tendencia a la disminución. El éxodo ininterrumpido de personas en edad fértil y la muy baja tasa de natalidad de las últimas décadas complican sobremanera el panorama demográfico actual y sobre todo futuro de la Isla.

Con su natural perspectiva cínica e indolente de la realidad las autoridades cubanas repiten sin sonrojo que nuestra situación demográfica se identifica con la de los países altamente desarrollados. Desconocer como el altísimo costo de la vida, el bajo poder adquisitivo, la escasez de renglones de primera necesidad, la crisis habitacional y la falta de horizontes y perspectivas de vida que condicionan la vocación migratoria de los cubanos en edad fértil, constituyen las causas fundamentales del estancamiento demográfico, implica una irresponsabilidad tan grande como la de no crear las condiciones de transformación y desarrollo socioeconómico que coadyuven a eliminar esas causas.

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De más está reiterar que esas nuevas condiciones pasan por asumir modelos alternativos que se alejen de las estructuras del estatismo hegemonista y destructor que ha prevalecido en Cuba por más de medio siglo.

Porque muchos son los retos que enfrentará Cuba en un inminente proceso de reconstrucción democrática, junto a la recapitalización de un desmoronado país, la complejísima restauración de las culturas cívicas, comercial y sindical y la tan necesaria recuperación de los valores éticos, son muchos los traumas sociales que heredaremos del castrismo.

A las enormes cotas de desigualdad y corrupción que corroe nuestro país se une esa creciente masa de madres solteras que deben cargar sobre sus hombros el peso de la economía familiar, la formación de los hijos y muchas veces la atención de las personas mayores, sin contar con mecanismos estatales de respaldo material. Otro tanto sucede con las personas de la tercera edad, muchos de los cuales después de haber trabajado durante décadas ven cómo el monto ridículo de sus pensiones casi nada puede hacer para garantizarles una vejez materialmente decorosa. Muchos son los jubilados cubanos que deben gastar alto por ciento de sus exiguas pensiones en comprar las medicinas que necesitan.

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Cuando vemos el triste y recurrente espectáculo de ancianos vendiendo cualquier cosa en la vía pública, no pensamos cuánto han trabajado para, al final del camino, tener que seguir luchando por su subsistencia, no pensamos cuantos de nosotros dentro de pocos años  tendremos esa edad y estaremos expuestos a iguales desamparos.

No parece interesarle a los gobernantes cubanos  brindar respuestas y diseñar soluciones para los problemas que a mediano plazo generara el envejecimiento poblacional que ya estamos viviendo. Desde ya urge preguntarse: ¿Quién trabajará para sustentar esa enorme masa de pensionados que causara notable desproporción en nuestro panorama socioeconómico y laboral?

¿Con cuántas personas capaces contará cada familia para atender a sus ancianos, teniendo además que proveer el sustento material que garantice una vida digna para toda la prole?

Resulta necesario crear espacios e instituciones adecuadas y formar en una proporción útil personas capaces de atender con cariño, sensibilidad y profesionalismo a los ancianos que deban ser acogidos por el sector público para brindarles una vejez confortable y decorosa.

Resulta lamentable apreciar como en la actualidad muchos comedores populares para personas mayores necesitadas y hogares de ancianos estatales continúan siendo imperio de la corrupción y la desidia.

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El Estado debe brindar mayor espacio y respaldo a las iglesias y otras entidades independientes que mucho pueden aportar a la hora de brindar las mejores condiciones de vida a los ancianos que lo necesiten.

Sin embargo solo la tan anhelada redefinición de los fundamentos estructurales de la muy maltrecha economía cubana puede generar los recursos y las nuevas condiciones para acomodar los equilibrios y balances que saquen a los ancianos cubanos de la lista de los desamparados de la sociedad. Resulta además imponderable adoptar mecanismos que con subsidios y respaldos efectivos facilite la vida cotidiana de los cubanos de la tercera edad.

A pesar de que los gobernantes cubanos se preocupan tanto por ayudar a los necesitados de todo el planeta y por apuntalar su imagen de benefactor supremo, los cubanos que nos vamos acercando a la tercera edad solo apreciamos en el horizonte inmediato una existencia muy difícil y mientras más años de vida menos esperanzas.

montesinos3788@gmail.com

Acerca del Autor

Leonardo Calvo Cardenas

Leonardo Calvo Cardenas

Leonardo Calvo Cárdenas. La Habana, 1963. Vicecoordinador Nacional del Comité Ciudadanos por la Integración Racial (CIR). Representante en Cuba de la revista Islas. Licenciado en Historia Contemporánea en la Universidad de La Habana. En 1987 comienza a trabajar como especialista principal en el Museo de Ciudad de La Habana, de donde fue expulsado en diciembre de 1991 Desde 1996 ha sido columnista y colaborador de varias publicaciones, entre las que destacan las revistas digitales Nueva Frontera, Consenso, Noticias Consenso, Encuentro en la Red, Primavera de Cuba.

Hispanista revivido.