Por supuesto que la enseñanza activa ha de ser también divertida

Además de la actividad en todo el proceso, del movimiento, de mayor participación, de búsqueda del conocimiento en espacios más amplios que el aula y en contenidos de distintas procedencias, de mayor libertad para el profesor y el alumno, de mayor creatividad, etc., la enseñanza activa ha de motivar, entretener, hacer reír y gozar, provocar cambios de actividad…


Pero en España, con muy poca experiencia en enseñanza activa, salvo en el período de la II República, con una legislación poco protectora, con una formación del profesorado demasiado académica y un amplio panorama social gastronómico y festivo, se ha confundido la actividad escolar con la diversión escolar.


Recién comenzado el curso nos encontramos con la festividad del 12 de octubre, día de la Hispanidad, en pocos colegios se aprovechará la ocasión para ensalzar los valores de la unidad, de la solidaridad con el resto de pueblos iberófonos, para lograr un mejor conocimiento de la realidad actual y de la gesta del Descubrimiento; por contra, pocos días después, con quince días de adelanto, los colegios comenzarán los preparativos, dedicando horas y horas escolares, no extraescolares, de esa fiesta importada, ridícula e insulsa que es Haloway.


También desaprovecharemos el día de la Constitución para descender de su contenido nacional a su aplicación social en la vida diaria del pueblo o del barrio.


En Navidad, nos preocupará más el traje de pastorcito que las penalidades en sus desplazamientos de la Virgen y San José, de las condiciones insanas del parto y el peligro para la madre y el niño, de que ese episodio se repite diariamente entre las madres de todo el mundo empobrecido…


San Antón, la Candelaria, el Carnaval, Semana Santa, las ferias del pueblo, las de todas las vírgenes, no servirán para ejemplarizar conductas, para criticar hechos históricos o sociales, sino para diseñar y confeccionar disfraces impropios de una sociedad del conocimiento que obliga a estudiar la realidad con más profundidad crítica y científica y abandonar la superstición, al menos en el Sistema Educativo, para que las futuras generaciones distingan con claridad entre ciencia y mito.


Claro que mito, imaginación y diversión son necesarios en la escuela y en la sociedad, pero no con dedicación total.


Un fin de curso, por ejemplo, en Primaria, no debe consistir en un banquete y un concierto de rock, sino en exposiciones de los trabajos realizados durante el curso, dramatizaciones, coros, danzas infantiles, audiciones de música clásica de Falla, Albéniz, Rodrigo…, y otras muchas actividades adaptadas a la edad.


El mito, imprescindible en las sociedades primitivas para conseguir la convivencia y el agrupamiento, debe ser solo motivo de estudio y de reflexión para la sociedad del conocimiento.

Partido Ibérico (íber)

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