assunta

Pila bautismal de La Cattedrale dell’Assunta, Savona.

París, 29 de enero de 2016.

Querida Ofelia :

El lunes 21 de diciembre tomamos el avión en el Aeropuerto de Orly en París hacia Génova y de allí un cómodo autocar nos condujo hasta el puerto de Savona, donde pudimos subir al Costa Mediterránea, para comenzar nuestro Crucero de Navidad: “Toile sur fond bleu”. El resto de mi familia fue en coche desde Francia hasta el puerto Savona. Llegamos con el cielo nublado y teníamos + 9°c.

En esa bella ciudad hemos estado varias veces. Comenzaré por escribir un poco sobre la historia de la ciudad: Savona es, sobre todo, una ciudad rica en historia y actividades ligadas al puerto.

Cristóbal Colón pasó también por aquí. A la altura de Savona, rodeada de huertos, también existe una “Casa de Colón”, una de las tantas dispersas por la Liguria, visto que son muchas las ciudades que se jactan del honor de haber dado nacimiento y residencia al gran navegador.

El primer monumento que acoge a quién llega desde el mar es la torre de León Pancaldo, dedicada al célebre marinero que en el 1519 acompañara a Magallanes en la primera circunnavegación del mundo y que, en et curso de la aventura, escribió un diario, que durante siglos, condujo a barcos y veleros entre mares y océanos nunca antes explorados. La Torre, durante un tiempo denominada “Torre de la Quarda” hace de centinela al puerto y a la ciudad desde hace más de 600 años.

A poca distancia de la Torre “símbolo de Savona”, se alza la fortaleza del Priamar, donde entre historia y leyenda, se establece la primera comunidad aliada de Cartago contra Roma, descrita ya como “Savo Oppidum Alpinum” por et historiador latino Tito Livio en el 205 a.C.

La importancia de Savona decreció rápidamente en et momento en que Roma fundó la ciudad Vada Sabatia, la actual Vado, que poco después de las invasiones bárbaras se convirtió en un importante asentamiento bizantino.
Savona fue destruida en el 643 por las tropas de Rotari, rey y caudillo lombardo.

Durante los siglos IX y X, se convirtió en capital de la Marca Aleramica y, sucesivamente, una libre comunidad aumentando notablemente su importancia marítima y comercial y desarrollando sobre todo su tráfico con Francia, España y África del Norte.

La ascensión al pontificado del savonés Sixto IV (1471-1484) y sucesivamente del nieto Julio II (1503-1513) permitió a Savona asomarse a lo alto de la política internacional, y de vivir el periodo más intenso de toda su historia, conocida como “Renacimiento Roveresco”. Se crearon numerosas construcciones que cambiarían el rostro de la ciudad y la gran generosidad de los Papas de Rovere, manteniendo los rasgos característicos de la Roma monumental, que también quedaron reflejados en Savona.

Sixto IV, en los años en que hizo construir la Capilla Sixtina de Roma, quiso que en Savona fuese construido un edificio para albergar el mausoleo de sus padres. Fue realizada así la Capilla Sixtina de Savona, edificada por trabajadores lombardos entre 1481-83.

El crecimiento de la emergente Savona sufrió una brutal quiebra en el 1528 con la conquista definitiva por parte de Génova: el puerto fue enterrado, la ciudad saqueada varias veces y parcialmente destruida. Pocos años después, los genoveses arrasaron la maravillosa catedral y el área religiosa que se encontraba sobre el peñón de Priamar para construir la homónima fortaleza. La fortaleza de Priamar, hasta aquel momento símbolo de sumisión a los antiguos conquistadores ha sido reestructurada y transformada en centro de acontecimientos sociales y culturales de la ciudad.
Después de casi tres siglos de dominio y crisis encuentran alivio con la llegada de Napoleón bajo la ocupación napoleónica primero y la piamontesa después, la ciudad desarrolló una fase de renacimiento económico basada en el puerto y la industria.

Los acontecimientos de Mazzini en la primera parte del 1800 y una vivaz e intensa concentración obrera entre la segunda mitad del 1800 y el principio del 1900 distinguieron a Savona por su tradición democrática.
Fue en el 1927 cuando Savona fue reconocida como “capital” de provincia.
Savona es hoy en día el centro más importante de la Costa de la Liguria de Poniente.
Algunas de las ciudades más bonitas e importantes a poca distancia de Savona son Alassio, Loano, Varazze y Albissola, famosa por la elaboración de cerámicas.

Aprovechamos la tarde para hacer una bella excursión. Partimos hacia Finalborgo, que se considera uno de los burgos más bonitos de Italia. Tiene su origen en la Edad Media, aunque recientes estudios sitúan la fecha de su fundación unos siglos antes. Dando un paseo por las calles de la ciudad vieja, saboreamos el antiguo ambiente, aún intacto, creado por el imponente castillo de San Juan, que se alza majestuoso en defensa de la ciudad, junto con otros destacados testimonios artísticos, como la basílica de San Blas, el convento de Santa Catalina y las numerosas construcciones renacentistas. A continuación, desde Finalborgo nos dirigiremos a Noli, otra perla de la Costa de Liguria. Esta preciosa ciudad de origen medieval fue la cuna de hábiles mercaderes y audaces navegantes, lo que la llevó a convertirse en una República Marinera independiente. Como colofón de la excursión, hicimos una pausa gastronómica en el restaurante II Portico de Feglino, donde vimos cómo se preparan dos de los productos más importantes de la gastronomía ligur: la farinata (torta a base de harina de garbanzos) y el pesto. La degustación de estas especialidades fue el último y sabroso recuerdo de nuestra excursión por el territorio de Savona.

Después de haber hecho el simulacro de evacuación, el barco zarpó con destino al Mediterráneo Occidental, a Barcelona. Continuaríamos nuestro crucero por: Valencia, Palma de Mallorca, Palermo, Nápoles y regresaríamos a Savona.

Esa noche, como todas las demás, cenamos en el bello Ristorante degli Argentieri. Tuvimos la sorpresa de que nos sirvieron un plato típico de Liguria, esa hermosa región donde la tierra se encuentra con el mar, también en la cocina.

El sol caliente se refleja en los olivos y, al fondo, más allá de las retamas en flor, et mar con sus reflejos luminosos se extiende hasta et infinito. En la escabrosa tierra de Liguria, los aromas de tomillo, romero y albahaca se combinan con et incienso de los pinos marítimos y la salobridad de la resaca. En la cocina de esta tierra, muchas veces la huerta y la pesca se dan la mano.
Llegan a la mesa esos intensos aromas de guisos y sofritos que salen de las sartenes incandescentes y se desvanecen en una olorosa nube.

La riqueza de la huerta toma forma en mil especialidades distintas, desde la cima alla genovese (ternera rellena) con mahonesa a la albahaca hasta el zemino, una sopa de garbanzos y acelgas, pasando por la tarta de Pascua, rellena de verduras y huevo. De todos modos, cuando el mar se combina con la sencillez de la tierra, nacen los platos más delicados e inolvidables, como la buridda de sepia y guisantes.

La buridda es un plato suave y equilibrado que huele a primavera y se considera parte de la categoría de las sopas de pescado conocidas en numerosas regiones italianas y en la Provenza, pero en este caso se trata de una versión particular e inimitable, elaborada con sepia como único pescado.

Después de la cena, asistimos al “Party con noi” en el Atrio Maschera d’Argento y a continuación, como cada noche en el Teatro Osiris a un espectáculo. Ese día fue “Magic Martin”.
Mañana te contaré sobre el día pasado en Barcelona.

Un gran abrazo desde la espléndida Ciudad Luz, con gran cariño y simpatía,

Félix José Hernández.

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