Portugal cambió el mundo cuando demostró que la Iglesia se equivocaba afirmando que de un hemisferio de la tierra al otro no se podía pasar porque entre ambos estaba la zona tórrida.

Cuando Portugal, desoyendo lo que pregonaban los, según, infalibles santos padres vaticanos cuando afirmaban que de un hemisferio de la tierra al otro no se podía pasar porque entre ambos estaba la zona tórrida que no permitía ninguna forma de vida, y los lusitanos, año tras año, expedición tras expedición venciendo los miedos de los hombres a los mares de la cuesta arriba, doblaron el africano atlántico Cabo Bojador hacia el mediodía y demostraron, contraviniendo al clero, que nunca se lo perdonaría, todo lo contrario.

Cuando el actual octogenario poeta lusitano Manuel Alegre, a pesar de la propaganda  de medio centenar de emisoras de radio; a pesar del poder de alineación de una poderosa cadena de televisión nacional; a pesar de poseer más de trescientos periódicos entre digitales y de papel; a pesar de que se edita y se vende en sus numerosas librerías aquello que al clero vaticano edita y le interesa; a pesar de la profunda derecha que dejó Salazar y su fascismo; a pesar, el poeta dijo que quería de nuevo el astrolabio y el cuadrante, la vela al viento, y doblar el cabo de la vida que significó el Bojador y el de Buena Esperanza para todos nosotros.

Cuando Europa olvidó que Portugal fue el primer territorio en este continente que se irguió como Estado organizado, mucho antes, por poner un ejemplo, que Castilla y Aragón, y que hubo que copiar de los lusitanos como se arbitra la estructura administrativa para organizar un estado de los llamados ahora modernos.

Cuando Portugal sin rey ni autonomías que lo puedan llevar económicamente a la banca rota, tiene en su contra un papa vaticano: tiene un cobrador de impuestos, impuestos a la pura fuerza ante los claveles, vestido de blanco, que ahora mismo por estos días está de visita de cobranza en la Lusitania a pasar la factura por el “timo de la estampita de Fátima” que, como se predica con el ejemplo, los “milagros” no alcanzaron a los dos zagalicos que murieron, según se dice, de enfermedad antes de alcanzar los doce años, y eso que se les había aparecido la virgen anticomunista que bajó del cielo a advertir lo malo que era la revolución del 17 del Octubre ruso que pretendía acabar con el hambre lusa.

Cuando Portugal nos enseñó, con arrojo y valentía de su gente, abrigados por grandes reyes, que lo primero era el pueblo y erradicar, por aquel entonces, el hambre de las gentes, y como se podía navegar con la estrella polar, su reglamento y sus correcciones; con el sol y su declinación diaria; que las naves no ardían en la zona tórrida, mientras Europa se quitaba los palominos de año en año por limpiarse a base de piedras.

Cuando Portugal, aunque Francia ha insistido en ello, demostró que su nombre no proviene por ser “Puerto de Galos”, sino que el reino de Portugal, la República Portuguesa de ahora, propiedad terrenal actual repartida entre el Vaticano y algunos pocos portugueses, tuvo una personalidad y un adelanto en la ciencia aprovechando a tope los conocimientos del islam y del judaísmo, que llevaron a que los papas le tuvieran, y le tienen una especial ojeriza, y  cada vez que han podido históricamente hacerle daño, se lo han hecho y se lo hacen ahora asfixiándolo.

Cuando a Portugal le debíamos los de ahora que gentes suyas como Vasco de Gama, como Cristóbal Colón, como Bartolomé Díaz, como Magallanes, como los Corterreal, como los Rui Falero, como la Escuela de los Matemáticos, como Juan de Barros, como Díaz de Solís, como, como….nos enseñaran no solo el arte de navegar, sino que la postura tan democrática portuguesa de no querer intervenir en las llamadas Cruzadas contra el infiel, lo sigue pagando ante el gobierno de los viejos del vaticano que no se lo perdonan.

Cuando Portugal puede, perfectamente, sorprender con gente de talla suficiente como hacer la única habida en el mundo, hermosa Revolución de los Claveles, mientras de un modo ladino lo van hipotecando; y sorprende que todavía haya portugueses, que entre tanta falsa moralina, sacan la cabeza, como Manuel Alegre de Melo Duarte y ventilan aire puro dando un ejemplo a Europa, que a la beata Europa democristiana, no le interesa.

Cuando Portugal con “tres Felipes” españoles sucesivos, el Segundo, el Tercero y el Cuarto, que apretaron por imposición papal todo lo que pudieron para que Portugal pasase a ser una provincia más de esta España obediente al Vaticano y no lo lograron.

Cuando en Portugal, su decisión mayoritaria popular actual es de progreso, y desde fuera se encargan de cañonearlo todo lo que pueden para que nunca saque los pies del plato, y los portugueses, juntico con los españoles, seamos las fuerzas vivas a limpiar los retretes comunitarios Franco-Alemanes.

Cuando de Portugal aprendimos a comer con cuchillo y tenedor, a astillar buques, a tejer velas, a sacar la meridiana, a navegar con ciencia, y cuando nos guiaba ejemplarmente oponiéndose a participar en las llamada cruzadas contra el islam y el infiel, y fue realmente, un reino crisol de ciencia y cultura.

Y cuando vivimos frontera con frontera con Portugal y cada día nos cuentan algo sobre Usa y Venezuela, y mucha gente de la que se está “preparando” en España, junto a la portuguesa, para servir a Europa, no sabe nada sobre Portugal.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.

4 COMENTARIOS

  1. Juan Eladio Palmis Sánchez: Tu firma es perfectamente prescindible en tus publicaciones. Tu acusada pesonalidad de agudísimo escritor historiador, amenísimo, se evidencia hasta en los resquicios de tu alfabeto. Gracias.

    • Tu aliento, María del Águila, viniendo de una mujer de tu intelecto, es el mejor pago a las muchas horas, que tu conoces perfectamente, de la soledad del teclado. Gracias María.

  2. VOLAR SOBRE EL MAR

    Ser gaviota, golondrina
    o alción,
    y volar, volar;
    volar más que navegar
    sobre una mar
    que todo,
    menos a las aves
    y al sol
    lo moja.

    La mar
    lo moja todo
    de sal y agua,
    de agua y sal,
    y te cala,
    y te entra
    y nunca sale
    por más años
    que no la veas
    por donde a diario
    pasas.
    Porque la mar
    es de dentro,
    está dentro,
    como lo está
    tu gente
    y tu casa.

    Pero si uno volara
    sin mojarse,
    la mar sería
    un lugar de paso,
    como ese puerto
    vivido
    que se quedó lejano
    en el olvido durmiendo
    sin voz ni voto
    menos encontrado
    y más perdido.

    Por eso,
    cuando vuelva al mar
    en el próximo sueño
    que me envuelva,
    voy a navegar
    volando,
    secando
    sales y aguas
    que me van mojando.
    Y los temores,
    las ausencias,
    y el potro
    que salta de ola en ola,
    hecho barco de sueño,
    navío
    o carabela,
    laúd,
    místico,
    carraca,
    o simplemente
    falúa de vela humilde,
    por el mar donde vuele
    en mi mar de sueños,
    tendrá las aguas pareja
    con el color
    de aquellos ojos
    que tropecé
    un día,
    cuando la vida
    era un sueño
    y la mar
    el día despierto,
    y si algo te mojaba
    por fuera o por dentro,
    no era la mar,
    sino la soledad del puerto.

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