Cuando Churchill predijo el futuro de Cuba en 1895

El joven inglés constató con sus propios ojos como los ‘rebeldes impedían el acceso a los víveres de la población reconcentrada en las ciudades con el fin de aumentar la mortandad de los civiles.

  • La victoria rebelde ofrecería muy poco beneficio para el mundo en general y para Cuba en particular” (…) “Aunque la administración española es mala, el gobierno cubano podría ser peor, igual de corrupto, mas caprichoso, y mucho menos estable. Por todo ello sin duda las revoluciones serían periódicas, la propiedad insegura y la igualdad desconocida.

 

En 1895, recién conseguido su primer despacho de oficial y con tan sólo 21 años de edad, Churchill se las arregló para ser destinado a Cuba en calidad de observador militar y periodista, pero parece ser que el impetuoso inglés también tomó parte en los combates hombro a hombro con los íberos.

En sus informes y artículos acerca de la experiencia cubana se aprecia, por una parte, los típicos prejuicios etnocéntricos expuestos con la ingenuidad propias de esa edad y, por la otra, un pragmatismo que le permite valorar adecuadamente el escenario de la guerra, sobre todo en lo concerniente a la situación real de los isleños insurrectos que les impediría ganar la contienda por su propia cuenta.

El futuro Nobel de Literatura escribe en sus informes: “… A la mañana siguiente se encontraban en Sancti Spíritu, por aquel entonces un lugar insalubre. La columna del General Valdéz era batida por la fiebre amarilla y por otras enfermedades tropicales. Al día siguiente de marcha llegaron al pueblo de Iguará, sitiada por los insurgentes para evitar que entraran suministros a la población.

Condecorado por su participación en acciones de guerra

El 29 de noviembre llegaron noticias de que 4.000 insurgentes bajo el mando del General Máximo Gómez estaban acampados a pocos kilómetros al este de Iguará, y a las 5 de la mañana del 30 de noviembre de 1895 el General Valdéz emprendió la marcha con la intención de entablar combate con los insurgentes. Todavía estaba la niebla de la mañana cuando la columna española se vio envuelta en el fuego enemigo”.

Mientras que en misiva desde el lugar de los hechos Churchill escribe a su madre: “El General, es un hombre muy valiente, vestido con su uniforme blanco en su caballo gris, gritando órdenes a lo largo de la línea de tiro española, con las balas pasándole muy cerca. Él iba al frente de la infantería en el avance que permitió ganar 500 yardas al enemigo. Tuvimos mucha suerte de no perder muchos más hombres de los que perdimos, pero esto se debió a que los rebeldes no tenían ángulo de tiro. El General me recomendó para la Cruz Roja (una condecoración que se daba a los oficiales españoles), y al bajar del tren al día siguiente me encontré al Mariscal Martínez Campos y a toda su camarilla, que me felicitaron y comunicaron que la condecoración llegaría en breve”. Curiosamente, tanto Churchill como Ferrara desarrollaron su aventura militar cubana mayormente en la misma geografía: Las inquietas Villas.

Un cronista lúcido

Posteriormente Churchill escribiría en el Saturday Review del 7 de marzo de 1896: “Es imposible que ellos ganen una simple batalla o conquisten una ciudad. Su ejército consiste en su mayoría en mulatos indisciplinados”. Y es que lo apreciado por el británico en las fuerzas mambisas parece que no le hacía precisamente optimista respecto a que, una vez arribadas al poder, ofrecieran una alternativa mejor para la isla que la emanada de la metrópoli española. Así, el 15 de febrero de 1896 asegura en el mismo Saturday Review: “La victoria rebelde ofrecería muy poco beneficio para el mundo en general y para Cuba en particular” (…) “Aunque la administración española es mala, el gobierno cubano podría ser peor, igual de corrupto, mas caprichoso, y mucho menos estable. Por todo ello sin duda las revoluciones serían periódicas, la propiedad insegura y la igualdad desconocida”. Bueno, la verdad es que las palabras del futuro primer ministro inglés denotan una suerte de don profético; a los hechos de la historia posterior nos remitimos.

Más o menos por esa misma fecha de los artículos en el Saturday Review, escribe a su amigo Bourke Cockran: “Espero que los Estados Unidos no fuercen a España a dejar Cuba, a menos que estén preparados para aceptar la responsabilidad de los resultados de dicha acción. Si a los Estados Unidos les importa tomar Cuba, lo cual sería un golpe muy fuerte para España, debería de ser de la mejor manera posible para el mundo y para la isla. Pero mantengo que sería algo monstruoso si lo único que van a hacer es crear otra República sudamericana, que aunque degradada e irresponsable es apoyada en sus acciones por los estadounidenses, sin mantener ningún tipo de control sobre su comportamiento”. Luego, en Churchill apreciamos una dialéctica decantación en que parece apostar siempre por el mal menor, a favor de los intereses de una isla que, por extrañas sincronías, parece haber estado en el centro de muchos de sus juveniles desvelos.

No obstante, con esa sabiduría suya para pactar con la sombra, cuando Estados Unidos entró en la guerra contra España, en 1898, las simpatías de Churchill estuvieron de parte de los estadounidenses y, sobre todo, de los cubanos, pues coherente con su pensamiento expresado dos años atrás, vislumbró la oportunidad de crear un gobierno fuerte y estable para Cuba: “América puede dar a los cubanos la paz”, asegura en una entrevista al Morning Post del 15 de Julio de 1898, “y quizás la prosperidad volverá. La anexión norteamericana es lo que debemos apoyar todos en este momento, aunque quizá no debamos apoyarlo mucho tiempo.”

 

Polítologo español, Hispanista.