¿Cuba es todavía una nación?

La ‘cubanidad’ que ayer defendimos con machetes y, hoy con actos de repudio, es un invento que urge reconsiderar

Uno de los períodos más estudiados, pero paradójicamente menos conocidos de la historia de Cuba, es el de la primera guerra civil de 1868. La razón es bastante sencilla: los historiadores republicanos y luego, los que pusieron sus plumas al servicio de la dictadura, coinciden en situar en aquel momento el surgimiento de la “cubanidad”.

Desde entonces, ambos bandos pretenden hacernos creer que, por obra y gracia del Espíritu Santo, los habitantes de aquella desgraciada isla son un pueblo distinto del español. Basta echar una ojeada a las biografías de nuestros próceres para concluir que eran españoles por los 4 costados, una regla que siguió vigente hasta la segunda contienda civil del 98, pues su principal organizador, San José Martí, también lo era.

La noción de identidad es demasiado compleja, tanto que es imposible encontrar una definición satisfactoria. Esa es la razón por la cual, los arquitectos de la nación se perdieron en alocadas consideraciones para torcer los sucesos, con el fin de acomodarlos lo mejor posible a la leyenda nacional.

Con frecuencia circula en la red un artículo con una serie de preguntas “identitarias” que solo un cubano sabría responder con exactitud. Lo curioso es que los redactores van añadiendo algo nuevo en cada versión; pero me he dado cuenta de que ya no soy capaz de responderlas todas. ¡En apenas 20 años!

Como me sigo considerando cubano, a pesar de todo lo que pueda pensar Randy Alonso, la conclusión es obvia: la cubanidad que ayer defendimos con machetes y, hoy con actos de repudio, es un invento que urge reconsiderar.

Un historiador es un ser humano. Significa que las conclusiones a las que llega tras el estudio de las fuentes dependen de los hechos, pero también de sus convicciones personales. Para los españoles de Cuba se trataba (siempre se trató), de justificar el ideal de independencia sin que pareciera un cochino negocio más.

Hoy, cuando la mutación y el afianzamiento del castrismo parecen ineluctables, tal vez valga la pena recordar que los cubanos siguen siendo españoles y que la Reunificación con la “Madre Patria” puede ser también una opción.

Pero los hechos que nos cuentan los académicos son recientes. Hoy gracias a la numerización de las bibliotecas, la vulgarización y el aumento del nivel intelectual de las masas, los historiadores vocacionales pueden acceder a las fuentes primarias para revisar la historia; sobre todo, cuando esas manipulaciones han conducido la Isla al callejón sin salida donde se encuentra actualmente. Conocer el pasado no sirve para predecir el futuro, pero sí para comprender el presente.

Un ejemplo: ¿se levantaron en armas los españoles de Cuba para dar la libertad a sus esclavos? No, para nada. Y la prueba es que, a pesar de los discursos, 148 años después, el problema negro aún no ha sido solucionado. Este tema, medular, es uno de los tantos que merece sinceridad y una nueva perspectiva; aunque no sea, ni de cerca, el más importante de los que debemos entre todos resolver.

Recientemente, un grupo de puertorriqueños expuso ante el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, las razones por las cuales Puerto Rico debía “regresar a casa”, o sea a España. Todas valen también para Cuba.

La construcción de la nación y de la identidad que le acompañaba funcionó perfectamente hasta 1959. Sin embargo, según Juan Orlando Pérez, Cuba es una nación fallida, prisionera de sus demonios y de la geografía. Hoy, cuando la mutación y el afianzamiento del castrismo parecen ineluctables, tal vez valga la pena recordar que los cubanos siguen siendo españoles y que la Reunificación con la “Madre Patria” puede ser también una opción.

Hispanista revivido.