Cuba, expectativas y realidad

El tamaño de la economía cubana es aproximadamente la mitad de la de Andalucía. Las empresas españolas están en mejor posición para invertir que las de Estados Unidos.

 

Rogelio Velasco

DESDE que el pasado mes de diciembre, los gobiernos de Cuba y EEUU acordaron el restablecimiento de relaciones diplomáticas después de medio siglo, se ha despertado un gran interés en el ámbito político y, especialmente, en las consecuencias económicas que pueda deparar la apertura de la economía caribeña al mundo.

Las enormes ineficiencias acumuladas por la antigua Unión Soviética provocaron la caída del muro de Berlín. En el caso cubano, años después de que Moscú dejara de prestar ayuda por sus propios problemas económicos internos, el régimen de Castro encontró en Venezuela su nuevo patrocinador.

Mientras que el barril de petróleo se mantuvo por encima de los 100 dólares, el Gobierno chavista dispuso de recursos para comprar deuda pública o exportar petróleo a precios subvencionados a Argentina, Bolivia y, especialmente, a Cuba.

Pero la caída en picado del precio del crudo, desde el pasado año, ha obligado al régimen de Caracas a reducir sustancialmente el comercio exterior con La Habana. El pasado año sufrió una reducción del 20% y este año llegará al 40%. Si en 2014 Cuba importaba 105.000 barriles diarios, durante 2015 esa cifra solo alcanza los 55.000. El efecto sobre la economía de la reducción de ese sostén, se estima en una contracción de hasta el 7% del PIB cubano durante el 2015.

Desesperado por la situación económica, que no tiene otra perspectiva sino la de empeorar, el régimen cubano se ve obligado a abrirse comercialmente al mundo en un intento por perpetuarse en el poder, aun cuando tenga que renunciar a postulados fundamentales que ha venido defendiendo durante medio siglo.

Las tímidas reformas iniciales de Raúl Castro no han tenido efectos económicos tangibles. El Gobierno se ha visto forzado por las circunstancias a una mayor apertura. Actualmente, es posible ser propietario al 100% de una empresa cubana. Las autorizaciones a la inversión extranjera sufrían muchos obstáculos: no se sabía el tiempo que transcurría entre la solicitud y la concesión de una autorización. Ahora, el Gobierno se compromete en autorizarla o denegarla entre 45 y 60 días. Un gran avance. Además, ofrece garantías de indemnización por expropiación.

Todos los sectores se abren ahora a la inversión extranjera, excepto educación, sanidad y actividades relacionadas con la Defensa. El sector minero es uno de los más atractivos, que permite no solo la modernización del mismo, sino orientar la actividad hacia la exportación lo que permitiría a la economía cubana conseguir unas divisas que resultan fundamentales para su modernización.

Las reservas de níquel se sitúan en el quinto lugar a nivel mundial. Aunque anteriores prospecciones petrolíferas han fracasado, nuevas licencias podrían permitir conseguir alguna producción doméstica.

Las telecomunicaciones se encuentran en la edad de piedra. Además de la falta de recursos y tecnología, el Gobierno nunca ha estado interesado en su desarrollo, porque sabe que internet ayuda a organizar a la gente y podría convertirse en el mayor enemigo político. Sin buenas telecomunicaciones, ningún país puede hoy modernizarse.

Donde claramente una mayor apertura internacional puede beneficiar a la economía, es en el sector turístico. La proximidad a EEUU representa un potencial enorme para una economía pequeña como la cubana. La posibilidad de tener el 100% del capital de los hoteles, será un gran estímulo a la inversión extranjera.

Pero hoteles aislados con pésimas carreteras para llegar, con pobres telecomunicaciones o agua y alcantarillado de mala calidad, no podrán prosperar.

¿Cómo puede aprovechar la economía española la apertura en Cuba? En primer lugar, hay que decir que el tamaño de la economía cubana es de unos 70.000 millones de dólares. Esto es aproximadamente la mitad de la economía andaluza. Ése es el dato oficial; en términos de capacidad de consumo, la mayoría de los empleados por cuenta ajena perciben un salario mensual de 20 dólares. Considerado en su conjunto, resulta un mercado muy reducido para productos y servicios de gran consumo.

Dadas las escasas restricciones que la legislación española impone a la inversión en Cuba comparada con las de EEUU, las empresas españolas se encuentran en mejor posición. No creo que exista mucho interés por parte empresas españolas en invertir en minería. Si hay, sin embargo, posibilidades en infraestructuras y telecomunicaciones.

El problema que se presenta es la financiación de esas inversiones. El Gobierno cubano necesita acceso a los mercados internacionales de capitales e ingresar en los organismos multilaterales (Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, CAF, etc.). Esto va a llevar tiempo. La financiación privada puede aportar recursos pero, en general, van a ser insuficientes para cubrir grandes proyectos de inversión.

Mientras tanto, las posibilidades más claras se encuentran en el sector turístico. De los 17 operadores extranjeros, 13 son españoles. Las cadenas Meliá e Iberostar gestionan más de la mitad de los hoteles de la isla. Al ser inversiones relativamente pequeñas y contar con gran experiencia en la gestión, las cadenas hoteleras españolas van a expandirse aún más.

La economía cubana necesita recursos para financiar el crecimiento. Un mayor volumen de divisas proveniente del turismo norteamericano y también de las remesas de las familias cubanas que viven en EEUU, pueden contribuir de manera significativa a esta rareza. Pero al final, el crecimiento económico va a depender de la capacidad que muestren los cubanos de trabajar asumiendo responsabilidades individuales, ofrecer productos que demande el mercado y, especialmente, que sean exportables, para poder superar todas las ineficiencias asociadas al actual sistema económico.

Hispanista revivido.