¿Para esto se ha derramado tanta sangre y se ha desintegrado la nación?

¿Qué dirían Julio Antonio Mella y Rubén Martínez Villena de los apresurados remiendos a una Habana en ruinas, como una novia pordiosera que se maquilla para hincar la rodilla ante la máxima figura del Imperio?

Jorge Riopedre

Al fin Cuba vuelve a ser lo que el actual régimen cubano asegura que siempre fue: una colonia de Estados Unidos. Después de una larga espera tenemos de nuevo nuestro hombre en La Habana, el interlocutor tan deseado por Washington en Hispanoamérica para neutralizar a Venezuela, negociar la paz en Colombia y tranquilizar a esos chicos populistas tan proclives al arrebato con una buena dosis política de sanax. ¿Acaso no influye o controla Cuba gobiernos e instituciones regionales tras un fino trabajo de años captando adeptos y entrenando grupos de presión que al cabo ha fructificado con la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA), y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC)?

Es un grave error eso de pensar que Estados Unidos lo está dando todo a cambio de nada; realmente resultó más conveniente esperar por la fruta podrida que por la fruta madura.

¿Qué dirían Julio Antonio Mella y Rubén Martínez Villena de los apresurados remiendos a una Habana en ruinas, como una novia pordiosera que se maquilla para hincar la rodilla ante la máxima figura del Imperio? ¿Alcanzaría la inspiración al poeta Nicolás Guillén para escribir una nueva canción, esta vez dedicada a “Obama, Capitán”? ¿Para esto se ha derramado tanta sangre y se ha desintegrado la nación?

Desde José Martí hasta el comienzo del medioevo cubano el vórtice de la debacle siempre fue el temor de la anexión de Cuba a Estados Unidos. El tiburón se traga la sardina, he vivido en el monstruo y le conozco las entrañas, primero se hundirá Cuba en el mar antes que los yanquis se apoderen de ella. Basura, basura, chicharrones y café con leche, choteo, subversión y relajo. Ahora resulta que son los mismos cubanos en tropel los que se anexionan de facto a Estados Unidos, porque aseguran con pleno conocimiento de causa que aquello no lo arregla nadie; ni el inquilino de la Casa Blanca ni el médico chino. Cuba ha vuelto al redil y nuestro hombre en La Habana ha recibido a cambio un certificado oficial que lo confirma como propietario de la isla.

Deja un comentario