Cuba. La República de militares y estudiantes. De Machado a Batista. Apuntes históricos de 1933 a 1952.

París, 26 de mayo de 2016.

Querida Ofelia:

Después de publicar su excelente libro Cuba. La República de Generales y Doctores. Apuntes históricos de Estrada Palma a Machado: 1902-1933”, sobre el cual ya te escribí, ahora Robert A. Solera publica el fruto de una larga y profunda investigación histórica de gran calidad en su nuevo libro: “Cuba. La República de militares y estudiantes. De Machado a Batista. Apuntes históricos de 1933 a 1952.”

En la contraportada aparece el siguiente párrafo:

“Robert A. Solera cultiva en este libro lo que los franceses llaman la petite histoire (la pequeña historia) cuando utiliza historias contadas con detalles por actores y testigos. Sus protagonistas se presentan con objetividad y sin prejuicios sobre sus motivos. La pequeña historia de Robert A. Solera nos remonta al período que abarca la historia de Cuba desde el fin del Machadato hasta el comienzo del Batistato, donde se enfrentan militares y estudiantes dentro de un supuesto marco de justicia y democracia consagrado en las constituciones cubanas.”

Pero hay mucho más. El autor nos describe con lujo de detalles sucesos que ocurrieron en Cuba en ese periodo, sobre los cuales, debido a la desinformación, censura o autocensura de los “historiadores” del régimen de los Castro, no solamente el cubano de a pie ignora. Testimonios, documentos, entrevistas, discursos de personalidades de la época, artículos de la prensa seria no solo cubana, forman la gigantesca base informativa de este gran libro que nos ofrece Solera.

La corrupción política, la violencia, las pandillas, el bonche estudiantil, la inmigración de haitianos y jamaiquinos, el Golpe de Estado del 4 de septiembre de 1953, el asalto al Hotel Nacional en octubre de 1933, los combates en el Castillo de Atarés en el 1933 con la posterior masacre de prisioneros, el papel del Sr. embajador de los EE.UU. Sumner Welles, así como los de Grau San Martín y Sergio Carbó, etc. Todo nos es narrado de una forma amena y casi cinematográfica, pues nos hace ver los acontecimientos.

En sus palabras introductorias a este magnífico libro, el autor escribe:

“Muchos se preguntarán por mi insistencia en reseñar la historia, no muy lejana, de Cuba que una y otra vez da un traspié y luego se levanta  del polvo. La explicación es muy sencilla: busco mostrar nuestras raíces que son y fueron el origen y desarrollo de nuestras actuales desventuras.

El filósofo y escritor de origen español George de Santayana Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana y Borrás (Madrid, Diciembre 16, 1863 – Roma, Septiembre 26, 1952), quien se consideraba americano aunque nunca renunció a su ciudadanía española lo definió como : “Los que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo“. “Those who cannot remember thepast are condemned to repeat it’:’

Apoyado firmemente en esta conocida cita indago, una y otra vez, en los textos históricos más conocidos sobre Cuba y —en muchos que no lo son tanto— ayudado por mi conocimiento del inglés (pues mucho de lo menos conocido de la historia cubana, en especial para los propios cubanos, ha sido escrito en ese idioma).

Hago énfasis en las vivencias de cubanos que fueron testigos de parte de esa historia y que por su edad y formación guardan en sus memorias lo que los franceses llaman “La Petite Histoire” que en gran medida los historiadores más reconocidos ignoran o descartan y que no obstante, son muchas veces la chispa inicial de hechos que éstos si consideran importantes para incluirnos en sus relatos.

Lamentablemente la historia la escriben los vencedores y éstos la manipulan a su antojo para narrarla ajustada a sus intereses, a sus ideas políticas y sus ambiciones y por tanto es ‘políticamente correcta’ y no buscan los intríngulis de la verdadera historia.

Algunos me han comentado que esta historia -la que les descubro-“no es la que me enseñaban cuando yo era estudiante” pues de los diversos retazos que les muestro se percibe algo sospechoso que al parecer los “historiadores” les ocultaban; un análisis desapasionado de nuestro pasado sin edulcoraciones para suavizar las acciones de muchos de nuestros antecesores.

Esto es especialmente importante para los cubanos -naturales o de origen cubano- que por las circunstancias originarias de su condición de exiliados o descendientes de ellos no han podido beber en las fuentes naturales de esa historia. También para los compatriotas que ‘conocen’ la historia de Cuba, viciada o incompleta según se la han retratado los que hoy -desgraciadamente- ostentan el poder político y económico en Cuba.

Si logro con este libro despejar el panorama histórico de Cuba me doy por más que satisfecho.

El lector, tras leer lo expuesto por los diversos escritores que se utilizan como fuentes de referencia y las entrevistas a varios de los actores y testigos tiene la palabra para formarse una opinión propia y sin afectaciones.”

Considero que Solera al haber consultado una inmensa bibliografía, sí logra despejar el panorama histórico de esos años en Cuba, debido a la cantidad y calidad  de información que ofrece al lector sobre: El Gobierno de los Cien Días (10.09.1933-15.01.1934), las torturas con Palmacristi (aceite de ricino) – lo cual hace involuntariamente reír al pensar en su aplicación al Sr. Miguel A. Quevedo, director de la revista Bohemia-, la caída de Machado el 12.08.1933; el papel de Antonio Guiteras en las huelgas y la violencia política, así como su muerte en el Morrillo, junto al río Canímar; el secuestro de Falla Bonet, al cual durante mi infancia villaclareña se consideraba como un gran filántropo; las relaciones entre Fulgencio Batista y el entonces embajador estadounidense Mr. Caffery, la participación de cubanos en la Guerra Civil Española (1936-1939), el atentado a Orestes Ferrara, la muerte de Jesús Menéndez; la tristísima historia del buque Saint Louis, cargado de familia judías que huían de la represión nazi en Alemania y que tuvo que regresar a Europa, al impedir el gobierno de Federico Laredo Brú que desembarcara en La Habana, etc.

Antes de continuar con los temas que más me han llamado la atención a lo largo de la lectura de este libro, quiero decirte  que él  te engancha, pues es tan interesante, que cuando lo comienzas a leer se te pega, no lo puedes abandonar.

En aquella Cuba todo no era negro, ni gris ni blanco, había muchos matices. Solera nos explica los enormes progresos sociales de la Constitución de 1940 como: el descanso retribuido de un mes por once de trabajo, las 44 horas de trabajo semanales pagadas 48, etc. También nos enteramos del apoyo de los comunistas, entre ellos Juan Marinello y Carlos Rafael Rodríguez a Fulgencio Batista, así como el intento de ese partido político de prohibir la enseñanza católica en las escuelas.

Algo para mí nuevo fue el encarcelamiento por parte de Batista de 341 japoneses, 114 alemanes y 13 italianos que residían en Cuba durante la Segunda Guerra Mundial. Las mujeres fueron enviadas a Triscornia y los hombres al Castillo del Príncipe y posteriormente (hasta el 1946) a la prisión de Isla de Pinos. Con muchos detalles el autor nos describe la historia del fusilamiento del espía alemán en Cuba.

Uno de los documentos más interesantes es la carta que publicó la revista Bohemia el 5 de junio de 1949.  Había sido escrita cuatro días antes por Eduardo R. Chibás, en el Castillo del Príncipe en San Cristóbal de La Habana, donde se encontraba preso.

Hay también historias rocambolescas como la del robo del diamante del Capitolio, la desaparición de la Campana de la Demajagua, la invasión de Cayo Confites, etc.

Robert A. Solera estudió la enseñanza Primaria y Bachillerato en el Colegio de Belén, Marianao, La Habana, Cuba. También Derecho Administrativo en la Universidad de La Habana y luego, exiliado, en la Universidad de Costa Rica, en San José.

Periodista de profesión, fue Editor de Mesa en El Nuevo Herald, periódico de Miami, EE.UU. Asimismo, traductor al español del men­cionado diario y de la revista Newsweek.

En el Fort Lauderdale College, de Miami, y Ft. Lauderdale, fue profesor de English as a Second Language (ESL), enseñó Business Administration, y fue Dean en el campus de Hialeah del mismo Co­llege; en Cuba trabajó como Underwriter de Incendios en la  American International Insurance Company. Luego en el Fondo de Estabilización  de la Moneda, del Banco Nacional de Cuba. También en el Banco Cubano para la Exportación (Bancex), luego transformado en Ministerio de Comercio Exterior; en el periódico Combate órgano del Directorio Revolucionario Estudiantil “13 de Marzo” (DRE). En el Ministerio de Comunicaciones desempeñó el cargo de Jefe del Servicio Postal Internacional y de Traducciones; en el Ministerio de Educación, en la Dirección de Enseñanza Tecnológica, fungió como Responsable Nacional de Graduados de Escuelas e Institutos Tecnológicos; en el Ministerio de Transportes para la Dirección General de Autoridades Portuarias y en el Departamento de Reclamaciones de la empresa Terminales Mambisas del propio Ministerio.

En la República de Costa Rica laboró para la Dirección de Electrificación, en el Departamento de Relaciones Públicas; y en la Oficina de Servicios Verticales, encargada de las Centrales Telefónicas  privadas del Instituto Costarricense de Electricidad.

Es autor de Cuba: Viaje al Pasado con la Editora Universal de Miami; Cuba en el Recuerdo, de la Editorial Término, en Cincinnati, así como de Cuba, en el Jardín de mis Recuerdos, de la propia editorial; y la República de Generales y Doctores de la Editorial El Barco Ebrio, en España.

Cuba. La República de militares y estudiantes. De Machado a Batista. Apuntes históricos de 1933 a 1952. © Robert A. Solera, 2015. solera@cubaenelmundo.com Alexandria Library. Publishing House. Miami. U.S.A. www.alexlib.com Portada: Kiko Arocha. ISBN: 978-1519724465

Te enviaré este excelente  libro por la vía que suelo hacerlo. Te ruego que después que lo leas, lo hagas circular entre familiares y amigos, como de costumbre.

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz con gran cariño y simpatía,

Félix José Hernández.