Se trata de una película épica

La primera de la cinematografía nacional que refleja la intervención del Ejército estadounidense en la guerra que libraba Cuba contra España en 1898

 

 

De Havanatimes

Para la escritura del texto, Sánchez realizó un profundo proceso de investigación que incluyó varias visitas a la hemeroteca de la Biblioteca Nacional José Martí. Al respecto comentó:

“Esta no fue una película por encargo. El guion salió de lo más profundo de mis fantasmas y de mi imaginación. De hecho, el personaje de Simón está inspirado en mi bisabuelo, quien fue coronel en la Guerra de Independencia y se llamaba Simeón. Mi bisabuela también se llamaba Ma’Julia, como la señora de la película. Me pareció oportuno hacerles ese homenaje”.

Sánchez está consciente de que el inicio del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos, el 17 de diciembre de 2014, le aportó un elemento nuevo a la película que este año concursará en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano:

“Me gusta mucho la historia de mi país y me interesaba, en especial, ese momento complicado para Cuba donde estaban involucrados los sentimientos de unos niños, casi adolescentes, manipulados por los adultos. Pienso que la política es la que mueve al mundo. Creo que la guerra que se nos viene encima es de símbolos y esa batalla hay que librarla también desde la cultura”, advierte Jorge Luis Sánchez.

Cualquier película de época siempre representa un desafío, sobre todo cuando se realiza en Cuba, donde no se cuenta con los grandes presupuestos que demanda ese tipo de producciones audiovisuales.

Desde la etapa de preproducción se tuvo como premisa mantener la mayor fidelidad posible a la época. La dirección de arte fue fundamental a la hora de asumir las construcciones escenográficas tan grandes y que no se vieran falsas en pantalla. Esas funciones recayeron sobre los hombros de Nanette García y Maykel González, respectivamente.

También fue necesario confeccionar un gran volumen de vestuario, al ser primera vez que se representaban a los ejércitos mambí, español y estadounidense y sus buffalo soldier (soldados negros) en una película cubana. Para la elaboración de las insignias de los diferentes ejércitos, así como de los sombreros, armas y otros implementos fue vital el apoyo del Fondo Cubano de Bienes Culturales.

Otro reto fue para Juan Manuel Ceruto crear la banda sonora:

“Aunque es la tercera película en la que trabajo con Jorge Luis Sánchez, esta ha sido la más difícil para mí. Casi cuando estaba finalizada fue que hice la música, porque tenía dudas sobre cómo enfrentar la línea melódica. La música de Cuba libre es más bien sinfónica, basada en la sección de cuerdas, pero sin grandes complicaciones”.

Tanto el diseño sonoro como de fotografía y puesta en escena está pensado a partir de un concepto de parte de la aridez y transita hacia un concepto más vivo, en la medida que evoluciona la trama.

Los personajes, al decir de su director, resumen conductas de personas reales. Por eso no podían equivocarse a la hora de realizar el casting, tanto de los niños, como de los protagonistas adultos.

Como en toda obra de arte se produce una recreación de la realidad, siempre buscando la verosimilitud. En ese sentido, Sánchez apostó por el actor noruego Jo Adrian Haaving para darle vida a un coronel del Ejército estadounidense. Haaving aceptó sin reparos la invitación:

“De inmediato empecé a estudiar el inglés estadounidense. Conocí a Jorge Luis Sánchez en La Habana y sentí que podíamos trabajar juntos. Un filme de esa naturaleza es un privilegio que no se nos presenta con frecuencia.

“Pedí que me suministraran materiales históricos, libros y fotos para estudiarlas. Para mí fue una suerte estar varias semanas en Cuba y los Estados Unidos para estudiar bien el personaje. Traté de concentrarme en el acento estadounidense e irlandés”.

Amén de algunos problemas que pueda presentar el guion, desde el punto de vista dramatúrgico y que no se pudieron solucionar durante la puesta en escena del filme, sin duda, uno de los grandes logros de la película es el nivel de interpretación alcanzado por todos los actores, desde los niños (Christian Sánchez, Alejandro Guerrero y Otto Bucholz); el joven Adael Rosales, quien daba sus primeros pasos en el cine; hasta las grandes estrellas cubanas como Isabel Santos, Manuel Porto, Georgina Almanza y Serafín García, entre otros.

“Amo la sobriedad en la actuación”, confesó el director de El Benny, “por eso trabajo con Isabel Santos, que es una de las mejores actrices cubanas a la hora de dar grandes sentimientos con mucha contención. Esta fue la segunda película en la que trabajamos juntos. Creo que dirigirla es un poco complicado, porque cada vez que ella se enfrenta a un filme lo hace como si fuera la primera vez y eso te sube mucho la parada como director”.

Lo que más agradecen todos los actores que participaron en Cuba libre es la posibilidad de hacer cine con rigor, con exigencias, pero, sobre todo, por el compromiso que entraña reflejar en la cinematografía nacional una parte de la historia patria que aún no ha sido profundamente abordada en los manuales y en las clases de la materia que se imparten en las escuelas de la Isla.

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