Cuba necesita tranquilidad

La perturbación mercantil es suficiente para ocasionar la escasez y, si se prolonga mucho, el hambre

El huracán que se nos viene encima la ha de convertir en habrienta mendiga

La isla de Cuba como todos los pueblos cultos, quizás más que todos los pueblos, necesita la más profunda tranquilidad. Sus condiciones económicas y sociales la reclaman al mismo tiempo, y, desde el momento en que falta, se coloca en una posición altamente comprometida y decaen su bienestar y su riqueza.

País singularmente productor y exportador de sus producciones agrícolas, es también en grande escala importador y consumidor de los productos extranjeros.

Si falta la tranquilidad, disminuye la producción y se entorpecen las transacciones comerciales; y como a esto se une que la isla de Cuba no puede consumir todo lo que produce y necesita absolutamente traer de fuera, la perturbación mercantil es suficiente para ocasionar la escasez y, si se prolonga mucho, el hambre.

Si a los habitantes de cuba se les dijera «va a sobrevenir uno de esos huracanes que destruyen todo cuanto encuentran a su paso» (…) todos los habitantes se estremecerían, viendo consumada su ruina con gran calamidad.

La tea que ha incendiado el caserío del Dátil y la ciudad de Bayamo y la mano que ha firmado, en la mencionada ciudad, el decreto del 27 de diciembre son las señales del huracán que se viene encima, y que ha de convertir en hambrienta mendiga a la reina de las Antillas.

Si esa tea sigue haciendo su oficio, si esa mano continúa firmando decretos que puedan tener cumplimiento, los huracanes de San Thomas y los terremotos del Perú serán ligeros contratiempos en comparación de las inmensas calamidades que se irán acumulando sobre la tierra que pisamos.

DLM, 21 de enero de 1869

Hispanista revivido.