Cortar la cabeza, ni machacarla, será jamás una cura razonable para aliviar el dolor de cabeza: hay otras opciones

Osmel Ramírez Álvarez

Foto: Angenita Jansen

HAVANA TIMES — Un refrán muy conocido nos advierte: “cuando el río suena es porque piedras trae”. Desde que en diciembre pasado se debatió en la Asamblea Nacional el problema de los altos precios de los productos agrícolas, todos los dedos apuntan hacia un culpable: los intermediarios.

Raúl se comprometió públicamente a bajarlos y al otro día ya la capital padecía desabastecimientos. Por temor a los decomisos, que antes de la apertura cuentapropista eran muy frecuentes, muchos intermediarios no se atrevieron a operar. Mercados vacíos, clientes desesperados y productos en riesgo de descomposición retenidos en las fincas, ese fue el resultado inmediato de aquel sensible compromiso.

Desde entonces no hay día que no toquen el tema por todos los medios de comunicación. Entrevistan a campesinos, dirigentes del sector o clientes descontentos. Todos, casualmente, culpan a los intermediarios. Es lógico que estos últimos estén muy asustados y quietecitos, esperando el “golpe”.

Está probado que el Estado es incapaz de mantener un suministro estable de los productos del agro. ACOPIO, que es la empresa o la entidad encargada, jamás ha sido eficiente y no ha desaparecido porque aquí las empresas nunca quiebran. Solo los abastecedores privados lo han logrado en los últimos años, a pesar de no contar con las ventajas legales y logísticas que posee ACOPIO.

El Estado estableció para el mercado no estatal los precios libres de acuerdo a la oferta y la demanda. La ley regula que solo puede comercializarse por esta vía el excedente productivo no comprometido con ACOPIO. Es decir, el 30%.

Foto: radiohc.cu

Claro que en la práctica no sucede así. Las entidades estatales casi nunca cumplen sus compromisos contractuales con los campesinos y no tienen fuerza moral para exigir la entrega, o les falla el transporte. Entonces se invierten las cifras y el sector privado, siempre listo para obtener ganancias, termina comercializando un volumen mucho mayor.

Pero, ¿Acaso es cierto que los altos precios se deben a la labor especulativa de los intermediarios?

En parte sí, pero no es la razón principal. La especulación es un mal generalizado en la sociedad cubana y en todos lados se debe a la misma causa: -la insuficiente oferta.

Con los productos del agro pasa lo mismo que con los de primera necesidad que se venden en CUC en las Shopping. Como la oferta siempre es menor que la demanda, genera especulación. Una persona con dinero y habilidades mercantiles siente deseos de aprovechar las fallas del Estado para obtener ganancias a costa del pueblo. Es una manera de vivir, de resolver, de luchar, como se dice aquí, aunque resulte injusto y abusivo.

Foto: Angenita Jansen

La causa principal de la especulación y de los altos precios agrícolas está en la producción insuficiente; la producción insuficiente se debe a la ineficiencia del modelo económico cubano; y la ineficiencia del modelo económico cubano se debe al exceso de planificación y centralización. Es el socialismo ortodoxo que todavía impera en nuestro país, a pesar de los “cambios”. Estos son puro barniz.

Un campesino ve encarecida su producción porque casi todos los insumos los compra en el mercado negro. Allí hay de todo y es robado. Este comercio ilegal se incentiva por la incapacidad estatal para comercializar sin que medien un sinnúmero de trabas y regulaciones que solo promueven la corrupción.

Por otro lado, la gran mayoría de los suministros que el país compra o produce van dirigidos al sector estatal, que con más tierras y recursos, produce menos que el particular. Gran parte de su privilegiado abastecimiento termina en el mercado negro, porque los salarios son tan bajos que los trabajadores deben completarlo robando.

El cuadro es deprimente y los intermediarios son capitalistas ávidos de ganancias, no hacedores de caridad. No lo dudan en aprovechar las oportunidades y el pueblo es quien sufre las consecuencias con los altos precios. Por supuesto que sería muy bien acogida alguna medida estatal que ayude a disminuir el margen de ganancia o establezca precios límites. Pero solo sería una atenuante, jamás una solución.

Foto: Angenita Jansen

La especulación es una consecuencia de la disfuncionalidad del modelo económico cubano, no una causa. Si queremos resolver el problema y ayudar al pueblo de verdad debemos enfrentar la última, no la primera.

Los intermediarios cumplen una función social de suma importancia. Mientras ACOPIO desestimula la producción con su ineficiencia, ellos la estimulan con su eficaz comercialización y rápido pago en efectivo. Si pudiesen crecer competitivamente y crear infraestructura, seguramente se incrementaría la producción agrícola cubana y tendríamos precios más justos.

Lincharlos y tomarlos como chivo expiatorio de un modelo económico que no funciona es una injusticia y un error muy peligroso para la “mesa cubana”. El pueblo, atosigado por la miseria, puede hasta apoyar una medida drástica; pero cabe recordar la experiencia funesta que causó, por esta misma razón, la eliminación del mercado libre campesino en los 80.

Cortar la cabeza, ni machacarla, será jamás una cura razonable para aliviar el dolor de cabeza: hay otras opciones.

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