La firme declaración del Rey Felipe ayer, reclamando la acción del ejecutivo para poner fin a la sedición catalana ha despertado viejos demonios en la antigua provincia española. El desafío secesionista se vive como un remake de la guerra civil desencadenada por los independentistas cubanos a finales del siglo pasado, que como se recordará, terminó con la intervención de los Estados Unidos, y la pérdida de Cuba para todos los españoles.

Para muestra un botón:

 


Los medios de prensa en la isla se han hecho eco de la leyenda nacionalista catalana, y no han dudado en presentar los disturbios como justos. De la misma manera, han defendido el “derecho a decidir” de los habitantes de una de las provincias españolas que cuenta con más autonomía, y a la que por el proteccionismo acordado por Madrid, se debe, básicamente, el fin de la soberanía de España en América.

En la isla esperan en enero la visita del rey de España y del jefe del ejecutivo Mariano Rajoy; sin embargo, no se ha observado enlos medios cubanos ningún texto objetivo que explique honradamente lo que está ocurriendo en Cataluña esta semana.

Resalta esta actitud de la nomenclatura hacia uno de los socios comerciales más fieles que ha tenido el régimen de La Habana en los último sesenta años, y la actitud servil de su canciller hacia los Estados Unidos, cuando reclamara ayer, casi de rodillas, una revisión de la política norteamerican hacia la isla.

Ahora sólo bastara que su canciller saliera al lado de Maduro afirmando: “No queremos a un represor como Felipe VI paseando por La Habana”, para ponerle la tapa al pomo.

 

 

 El canciller de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, denunció este martes la decisión del departamento de Estado norteamericano de despedir a 15 diplomáticos cubanos en Washington.

En conferencia de prensa, el jefe de la diplomacia cubana protestó contra esa medida; así como contra el pretexto utilizado para justificarla al afirmarse que el gobierno cubano no adoptó todas las posturas adecuadas para prevenir los ataques.

Rodríguez Parrilla instó nuevamente a no politizar el asunto, a tener una mayor cooperación entre ambos países y a no tomar iniciativas apresuradas pues, a su juicio, podría provocar una escaldad indeseada y hacer retroceder las relaciones bilaterales.

El titular subrayó que hasta el momento, no existen evidencias de causas y origen de las afecciones de salud reportadas por los diplomáticos norteamericanos y sus familiares.

Durante la comparecencia, el funcionario cubano rememoró las conversaciones celebradas en Washington con el secretario de Estado, Rex Tillerson donde la mayor isla de las Antillas expuso su posición y el curso de la investigación por parte del Ejecutivo cubano.

Bruno también puntualizó que el presidente cubano, Raúl Castro, en conversación con el encargado de negocios de Estados Unidos en La Habana solicitó más información, sin embargo los datos suministrados carecían de detalles y resultaron insuficientes.

A su vez, anunció que los expertos cubanos concluyeron que el principal obstáculo para esclarecer los hechos ha sido la falta de información y su entrega tardía.

Reiteró que Cuba cumple con todo rigor y seriedad sus obligaciones emanadas de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961, en lo referido a la protección de la integridad de los agentes diplomáticos y los locales de la misión.

En este sentido, enfatizó que las autoridades de la nación caribeña jamás han permitido ni permitirán que el territorio sea utilizado para cualquier acción en contra de funcionarios diplomáticos acreditados ni sus familiares.

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