Los golpes de estado contra la monarquía, si eres pobre en un país que la imbecilidad, caso de Cuba, que la hijaputada, caso de Cuba, que la unión mundial de comemieldas, caso de Cuba, están confabulados para que el pueblo, la gente cubana lo pase putas, un rey habanero pobre en un país que han hecho pobre por el gusto que lo sea, tu mandato real, tu reinado siempre lleva sobrevolando tiñosos que no suelen tener que esperar mucho para ser tus herederos al trono.

Al escritor polifacético del resurgimiento actual cubano Pedro Juan Rodríguez, lo leí hace unos pocos años; y aún pudiendo haber entrado en google para ver su aspecto y figura, me guardé mucho de hacerlo, porque quería tenerlo archivado en mi nube del modo y manera físico a como yo me lo había imaginado leyendo lo que escribe.

Una adaptación de su novela El Rey de La Habana, y un coloquio posterior con la presencia física del propio Pedro Juan, aún antes de que anunciaran su nombre, me figuré que aquel personaje zumbón, era mi admirado escritor cubano, con el que guardaba la esperanza de toparme con él en cualquier revuelta del camino.

España, la madre patria imperial que le encanta ceder sus obligaciones patrias, hacer concesiones a otros países para que sean ellos los que tengan que potenciar, aunque solo sea regalando libros usados, ayudando a las jóvenes repúblicas de la América Morena, cuando se topa con una feliz excepción, afortunadamente cada vez más gente, como el citado Pedro Juan Gutiérrez, hace un análisis político de docilidad, no de calidad de lengua y escritura, y mientras existan los todos terreno Vargas Llosa les hará un lado en la cama española y un asiento en la lumbre que calienta a unos pocos en España de sectas y camadas.

Vargas y un par de escritores famosos y conocidos en el galpón español, personalmente no han conseguido, tras cuatro o cinco  intentos que he hecho de leerlos, hacerme entrar en sus renglones; según una actitud mía que es totalmente ajena a mi voluntad, y que, por tanto, está claro que es muy personal y privada. Como personal y privado es el embrujo, el imán que me produjo la lectura primera de El Rey de La Habana que, a pesar de que el papel era nuevo, sin manosear, cuando acabé la novela de un tirón, recuerdo que tuve que ir a lavarme las manos porque toda la suciedad de la Habana reflejada se escapaba por los renglones y me dejó la sensación de que tenía las manos sucias.

Pero al margen de gustos privados y particulares, lo que sí resulta sangrante es que a este lado de la mar se le suele dar cobijo, amparo y propaganda de admiración a gente que lo mismo podían ser generales de intendencia que creadores. Mientras que intelectuales creadores de la talla y  pluralidad artística de Pedro Juan Rodríguez, cuesta sacarlos cuando se lanza la red para aprender cosas, para llenarse de cosas que acompañan la vida.

Un hombre inteligente es un hombre inteligente; un hombre preocupado, obedece a un patrón de preocupación que nunca suele gustar al resto de la manada en la que pasta lo mismo da que sea en Cuba como en España. Y España está muy preocupada remendando la red para que no se le escape nadie del copo. Y para confeccionar redes del estilo actual español valen los todo terreno de los Vargas Llosa, por poner un ejemplo; pero en modo alguno  los Pedro Juan Rodríguez.

Yo tengo la difícil esperanza que España en algún momento de su presente y futuro deje las concesiones a idiomas extranjeros, y premie con nomenclaturas nacionales de reconocimiento a gentes que como Pedro Juan Rodríguez, a mi entender, engrandecen la lengua española. Una lengua que basado en el uso de ella por largos años me ha llevado a confeccionar más de catorce mil poemas, algunos de los cuales suelen acompañar estos escritos del Diario de La Marina, y sumar ensayos, novelas y narrativa corta, en número que supera más del medio centenar. Sintiéndome, por tanto, con bagaje de uso para poder reclamar, que es a gente como Pedro Juan Rodríguez a la que hay que otorgarle premios nacionales de habla española, por ser notarios fidedignos de la imbecilidad humana que se quiere lavar a base de champú y agua sucia.

Lo recomiendo como escritor porque no usa ningún tipo de maquillaje, y cuando tiene que decir humano, antes hace una pausa, se saca la pinga y se pone a orinar.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.

1 COMENTARIO

  1. NACIENDO AQUÍ
    Si yo nací aquí,
    Cuba no lo entiendo,
    Habana,
    no lo comprendo.
    Un poema,
    un recuerdo
    puede valer
    hasta como pose,
    por algo exótico,
    cálido,
    distante,
    Caribe y tu Cuba;
    pero si nací en España,
    si estoy de regreso
    y me encanta
    el almendro,
    el bancal de naranjos,
    el olivar,
    el limonero,
    la rambla de la tierra
    seca,
    que se retuerce por serlo,
    por ser seca
    y como mujer pública
    retoza en apariencia
    de gusto
    cuando la siembran,
    no entiendo
    el por qué cada día
    me duermo con Cuba
    dentro,
    y no quiero que a mi lado
    nadie hable mal,
    aunque sean cosas
    políticas
    de ella.
    De verdad
    que estoy confundido
    porque naciendo aquí
    siento tanto
    aquello.

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