París, 4 de octubre de 2015.

Querida Ofelia:

Como te prometí ayer, te envío la segunda parte del testimonio de Miguelito sobre su trayectoria de joven camajuanense a guerrillero en el Escambray.

“Al día siguiente Leonardo Bombino nos reunió y nos explicó que de allí en adelante unos prácticos nos llevarían de tramo en tramo hasta el campamento de Menoyo, que él llevaba mucho tiempo alzado y que iría a Las Piedra de Chicho, que estaban por al lado de Fomento, a ver a su familia. Entonces Echemendía nos explicó que él bajaría al llano a averiguar por su hermano que había bajado y no se sabía nada de él, por lo tanto hasta allí llegarían ellos. Por la tardecitas tratamos de pasar al otro lado del río Agabama y no pudimos cruzar lo pues estaba muy crecido y hacía un ruido muy grande. Tuvimos que aplazar el cruce ese día y seguía lloviendo.

Al otro día Moreno nos dijo el único modo de pasar el río era por el puente de Las Margaritas. Aquel puente era uno para el ferrocarril que une a Fomento con Trinidad. Lo fuimos a observar y notamos que el puente era muy largo y estrecho, no tenía baranda y el agua casi llegaba a la altura del puente. Había llovido mucho en esos días. Acordamos que al atardecer pasaríamos el puente. Llegó la hora y nos tocó elegir quiénes serían los primeros en pasar. Nos tocó al hermano del Vaquerito y a mí ser los primeros. Cuando llegamos al comienzo del puente el ruido del río era ensordecedor y Rodríguez dijo: ‘yo no paso por ahí’. Entonces Bombino le dijo: ‘si tú no pasas este puente te bajo de la loma’. Acto seguido lo desarmó y le dijo: ‘te vas conmigo’. Y así fue. Al yo ver aquello me dije: ‘adelante’, y les dije al resto: ‘cuando yo llegue al otro lado fíjense en aquella lomita, yo les diré con el brazo que pueden venir’. Traté de pasar parado, pero me acobardé, porque aquel puente no tenía barandas. Entonces me arrodillé y me puse de la manera que el raíl de línea quedara entre mis piernas. Acostado fui pasando de palo en palo hasta llegar a la otra orilla. Me subí a la lomita y le avise a los otros que el camino estaba limpio.

Cuando pasaron todos, nos dirigimos a una casa que estaba frente al puente y allí nos dijeron: ‘ustedes tuvieron suerte hace como una hora allí mismo en esa lomita estaban los soldados y se retiraron hacía Güinía de Miranda, tengan cuidado porque esto está minado de soldados’.
Moreno que sería nuestro práctico nos llevaría hasta la próxima parada, siempre caminando de noche. Moreno nos dijo: ‘apúrense que tengo que regresar’, y nos llevó para la finca de los hermanos Laras llamada La Gloria. Allí pasamos un día y nos atendieron de maravilla. Volvimos a comer caliente y Julito Laras por la noche nos trasladó al crucero del Algarrobo. Allí había una tiendecita, donde nos dijeron que era peligroso estar, pues había un camino vecinal que unía al Condado a Güinía de Miranda y el ejército se podía aparecer en cualquier momento en camiones o en Jeeps. Por lo que nos escondimos en unos matorrales que había cerca. Al día siguiente nos enseñaron un camino y nos dijeron: ‘sigan por ese camino y llegaran a Dos Arroyos y allí se encontraran en casa de la familia de Manolito Naranjo y con Rolando Cúbela y un grupos de rebeldes’. Sin práctico cogimos el camino y llegamos a Dos Arroyos, donde fuimos recibidos por Rolando Cubela.

Allí en la casa de Dos Arroyos vivía la familia Naranjo, unos guajiros muy amables. Nos dieron comida y nos llevaron para un ranchito para que durmiéramos. Allí pude enterarme de que Rolando Cubela estaba allí porque se encontraba enfermo y lo habían mandado después del combate de Charco Azul. Con él se encontraban tres o cuatro guerrilleros para su protección. Cubela dormía en la casa particular de la familia Naranjo. Como a las cinco de la mañana, yo siento que me despiertan con un rifle apuntando a mi cabeza y al abrir los ojos veo a unos barbudos que nos estaban apuntando con sus armas. Todos estábamos sorprendidos y a la vez asustados. Entonces uno que no hablaba muy bien el español nos preguntó: ‘¿Quién ser ustedes?’ Le dimos nuestros nombres y le dijimos que éramos nuevos guerrilleros, que Bombino y Echemendía nos habían traído desde El Cacahual. Entonces un americano nos preguntó –‘¿Conocer alguno de los alzado aquí’. Yo le dije: ‘Si’. Él replicó: ‘¿quién?’. Le contesté: ‘Ramiro Lorenzo Camajuaní’. Me miró, y en ese momento uno de nosotros, Roberto Cancio, fue reconocido por uno de los guerrilleros del americano. Él se llamaba Roberto Sorí (Fundador del Frente del Escambray), el cual dijo a Willian Morgan- así se llamaba el americano-, ‘no hay problemas, éste es mi amigo de Sancti Spiritus’ y el americano nos dijo: ‘siempre hay que poner vigilancia, ustedes no poner vigía, muy malo eso’- y nos dio un guía para que partiéramos al encuentro con Gutiérrez Menoyo.

Después de pasar ese día en Dos Arroyos, partimos como a las 7 de la noche y pasamos por el Valle de Jibacoa y por la finca del Filipino. Era un área muy bien cuidada y una casa fuera de serie en esa comarca. Creo que era la mejor casa del Escambray. Allí nos ofrecieron café. Se podía ver que eran personas pudientes. Nos trataron muy bien y después de estar como una hora y media nos trasladamos para la zona de Guanayara. Llegamos amaneciendo al tope del valle y nos dirigimos a la casa de Cheo Reyes. Vivía con una preciosa familia y eran de los grandes colaboradores con que contaban los guerrilleros por esa zona. A la vez eran los únicos con quienes contaban para subsistir los alzados, ya que no recibían ayuda ni del D.R. ni M. 26 de Julio. Al llegar nos quedamos afuera de la casa como era nuestra costumbre. Después que pasamos del Entronque del Algarrobo, las casas tenían alrededor muchas matas de café y un tramo ancho de las casas estaba limpio. Nos refugiamos entre las matas y entonces vimos que un hombre flaco como de 25 años desarmado y con una enguatada blanca se nos acercó y nos invitó para que fuéramos para el patio de la casa. Regresó a la casa, nos trajo café y nos dijo: ‘esperen muchachos que ahorita les traemos desayuno’. Por primera vez íbamos a desayunar, después de un mes de estar alzados. Entonces se nos acercó un rebelde y nos dijo: ‘¿Ustedes saben quién es ese que le dio el café?’ No le contestamos. Nos dijo: ‘él es Eloy Gutiérrez Menoyo’. Fue así como conocimos al jefe de los alzados. Pasamos ese día en la casa de Cheo, entrábamos y salíamos como si fuéramos de la familia. Yo le pregunté a Menoyo por Ramiro Lorenzo y me informó que estaba con Jesús Carrera por el Circuito Sur en una misión. Al atardecer Menoyo en persona nos dijo: ‘prepárense que nos vamos’. Nosotros éramos once cuando salimos del Cacahual y cuando llegamos a Guanayara quedábamos ocho. Uno no resistió la vida allí pues aquello no era fácil para nosotros. Además Bombino y Echemendía se habían ido cerca de Fomento para operar por allá.

Nos unimos a Menoyo y empezamos a caminar por la primera vez de día. Bajamos por el camino que era de tierra y bien ancho. Por él podían transitar hasta camiones. Cogimos un terraplén que era como una carretera y bajamos al río Guanayara, después subimos unas loma al otro lado y nos fuimos hasta otra casa. Llegamos al río Guanayara y nos instalamos en una casa que estaba enfrente del río. Allí estuvimos todo ese día, era la casa de Ventura Hernández. Allí vi por primera vez a Julito López Martínez. También estaban otros guerrilleros de los que luego conocimos sus nombres y apodos y recordamos con cariño. Ellos eran: Joaquín Milanés (El Magnífico) de La Habana, Tin Tín Argüelles de La Habana, Juan Abrahante (El Mejicano) de La Habana, Miguel el flaco de Placetas, Juancito Martínez de Placetas, El Cuchillero de Placetas y otros más, unos veinte.

En el mes de mayo la tiranía empezó su ofensiva en la Sierra Maestra con diez mil soldados y a su vez en la Sierra del Escambray con tres mil, la mayoría estaban concentrados en el hospital de Topes de Collantes, el Salto de Hanabanilla y Manicaragua. El primer encuentro tuvo lugar en Charco Azul y el segundo en el valle de Guanayara. Allí lograron sorprender a los guerrilleros de William Morgan, que después de una fatigosa campaña por los alrededores de Topes de Collantes, estaban durmiendo cerca de la casa de Cheo Reyes. Al amanecer los soldados al mando del teniente Antonio Regueira – éste era el único oficial que tenía la costumbre de mover su tropa en la oscuridad de la noche- atacaron. Al amanecer escuchamos los tiros del enfrentamiento de la guerrilla de Willian Morgan con los soldados que fueron sorprendidos en la casa de Cheo Reyes. Eloy se puso en guardia y nos replegó por todo el macizo de esas lomas en espera de noticias de lo sucedido. Los soldados pudieron sorprender a la guerrilla de Morgan. Trabaron combate con el centinela que en ese momento era Edmundo Amado, el cual resultó herido de gravedad.

Como a las 6 de la tarde, Cheo Reyes mandó uno de los que vivían en su casa con la noticia de lo sucedido y le informó a Eloy que tenían un guerrillero herido de gravedad y que necesitaba ayuda médica. Con nosotros se encontraba Julito López que era enfermero y se ofreció para ir a curar a Edmundo Amaro que así se llamaba el herido. Recogió sus cosas de enfermero y pidió un voluntario. Se ofrecieron dos y entonces Julito me dijo: ‘Miguelito tú ven conmigo’. Julito y yo nos habíamos conocido en el Central Fe, cuando Cuza Carrera me había pedido que buscara a un enfermero para el Escambray y yo puse a Julito y Cuza en contacto. Así fue como Julito se alzó.

Tan pronto estuvimos listos para empezar la marcha hacia los alrededores del Tope de Guanayara; serían como las siete de la noche y ya estaba muy oscuro. El camino estaba fangoso en esos días pues había llovido mucho. Por donde único se encontró pasar el río Guanayara fue por un camino que estaba por donde se iba a la casa de Cheo Reyes. El lugar lo estaban arreglando para construir un puente por donde único se podía cruzar ese río por esa zona. Nosotros caminamos hasta llegar por dicho paso al otro lado. Había unos tubos para dicha obra. Entonces Julito, como estaba tan oscuro, sacó una linterna para ver por dónde cruzar el río que era muy peligroso pues estaba crecido y con una corriente muy rápida. Después de buscar, tuvimos que llegar al único lugar que estaba al frente de esos tubos como a cien metros de nosotros. Julito ordenó pasar de uno en fondo y bien pegados para que la corriente del río no nos arrastrara. El primero era Julito López con la linterna encendida, después Hirán Rojas, le seguía Miguel García y de último Bencomo. Antes de pasar el río nos remangamos los pantalones y cuando lo cruzamos hacía la parte de la casa de Cheo Reyes nos detuvimos. Estaríamos como a cien pies de los tubos de concreto que estaban allí depositados cuando cruzamos el río con el agua hasta la cintura, pero cuando llegamos a la orilla donde estaban los tubos, sonaron una ráfagas de ametralladoras. Julito López cayó muerto al instante, Irán Rojas cayó sobre mí haciéndome caer. Irán gritó que estaba herido. Los soldados siguieron disparando y yo desde el suelo grité: ‘¡Al río!’ Me fui arrastrando y me dejé llevar por la corriente. A unos cien metros salí del agua y me arrastré hasta una lomita que ladeaba el río, desde allí divisé la luz de un bohío y me acerqué.

En el bohío había mucha gente. En ese instante me acordé de la contraseña, que era ‘chinga’. El otro tenía que decir ‘veinte’. Pero ese mismo día Eloy producto del combate en casa de Cheo Reyes, había cambiado la contraseña por ‘rana’ y el otro te tenía que decir ‘toro’. Como estaba seguro de que el americano no lo sabía, me levanté y dije: ‘chinga veinte, rana toro’. El americano dijo: ‘no tiren’. Entonces le conté lo sucedido y él me dijo que ellos traían al herido, que por supuesto no creímos que pudiera salvarse. Pero gracias a la gran dedicación del Dr. Armando Fleites, Edmundo Amado se salvó y actualmente se encuentra en la República Dominicana vivito y coleando… ¡Después de haber recibido una ráfaga de una ametralladora calibre 45!

Después de la muerte de Julito yo me quedé con la guerrilla del americano y él puso una emboscada en el cementerio de Las Cien Rosas. Dejó como jefe de la guerrilla a Evelio Martínez, que era uno de los fundadores del Frente del Escambay,.Evelio era de Santa Clara y primo de Edel Montiel, también fundador en el Escambray. Allí estuvimos como una semana y no sucedió nada. Un día se apareció Eloy Gutiérrez Menoyo y me dijo: ‘Mira Camajuaní me hace falta que realices un trabajo y no le digas a nadie de ésto, te voy a mandar a la armería, allí está Camacho al frente de todo. Yo necesito saber lo que él está haciendo ahí y después tú me lo informas a mí personalmente’. y llamo a Roger Redondo y le dijo: ‘lleva a Miguelito hacia la armería y lo dejas por allá’. Miguel García Delgado.

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz con gran cariño y simpatía,

Félix José Hernández.

Foto: El Escambray, Cuba.

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