De Miguel Tacón a Alicia Alonso, 179 años de historia

Fue rebautizado esta semana con el nombre de  “Alicia Alonso”

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El Gran Teatro de La Habana es la sede del Ballet Nacional de Cuba, es una de las principales instituciones culturales de la capital cubana y arquitectónicamente uno de los íconos de la ciudad. El actual edificio fue levantado para acoger la sede del Centro Gallego de La Habana y fue el recinto donde se tocó por primera vez la marcha del Himno gallego.

Historia

En el gran Teatro de La Habana, se cantó por primera vez el himno gallego.
En 1834 gobernador general Miguel Tacón y Rosique encargó la construcción de un teatro que tendría una mayor capacidad que el existente, el Teatro Principal al lado de la Alameda de Paula. Encargado de la construcción del nuevo teatro llamado Teatro Tacón fue Francisco Marty Torrens.

En 1906 la Sociedad de Beneficiencia de Naturales de Galicia compró el teatro primigenio, que sería demolido, y la manzana entera en la cual estaba ubicado, por 525.000 pesos. Entre 1907 y 1915 se construyó el edificio actual, con un costo de 1.800.000 pesos, para albergar la sede del Centro Gallego de La Habana. El arquitecto, seleccionado en un concurso fue el belga Paul Belau; la firma constructora Purdy & Henderson.2

El complejo nuevo comprendió no solo el teatro sino también dos salones de baile, un casino, salones de juegos, oficinas, caja de ahorros, tesorería, restaurantes, y cafés. El estilo es descrito como renacimiento español o francés, también con elementos del barroco.2 Desde 2013 se encuentra cerrado al público a razón de una restauración capital, que está previsto concluya a finales de 2015. 3

Instalaciones

La sala principal llamada Federico García Lorca tiene una capacidad para 1.500 personas y es sede del Ballet Nacional de Cuba, además de albergar las temporadas de ópera ofrecidas por el Teatro Lírico Nacional. Cuenta con otras salas más pequeñas como la Sala Lecuona, y espacios como el Café Adagio, donde se ofrecen recitales de música de cámara.

Francisco Marty y Torrens, un tío con suerte

Francisco Marty y Torrens, catalán, era en La Habana de 1834 una lumbrera para los negocios. Un tío con suerte y bien enchufado. Pescadero, promotor de construcciones, especulador inmobiliario, cazador de piratas, civil con grados de Alférez de Fragata otorgados por Fernando VII y uno de los hombres más acaudalados de Cuba.

Su memoria persiste en las construcciones de La Habana y en los almacenes de su puerto. Pero, sobre todo en el teatro que él levantara bajo la capitanía general de Don Miguel de Tacón, inaugurado con un baile de máscaras el 28 de febrero de 1836. Se llamó, por supuesto, Teatro Tacón y hoy, bajo el nombre de Gran Teatro de La Habana es la sede del Ballet Nacional y de la Ópera de Cuba.

El interior de ese hermoso edificio estaba sujeto al plan de los mejores coliseos de Europa, y con una estructura, capacidad y elegancia muy semejantes a los del Teatro Real de Madrid, y del Liceo de Barcelona. En su tiempo, fue el más importante de América y considerado el tercero del mundo.

La Habana se convirtió en sede lírica privilegiada a partir de 1838. Los grandes hacendados y comerciantes adquieren palcos para aplaudir, no las partituras de Donizetti, Bellini y Verdi, sino a las grandes divas que cobran cifras fabulosas por encabezar los elencos. Por la escena cubana pasaron, en esa época, los cantantes más notables del mundo: Adelina Patti, Fortunata Tedesco, Jenny Lind , Marieta Gazzaniga, Ana de Lagrange, Enrico Tamberlik y otros famosos

Pancho Marty, por supuesto, estaba pensando en otra cosa. La fama del Teatro Tacón se extendió y el Liceo de La Habana lo quiso en sus manos. El Liceo era dirigido por Don Ramón Pintó, también catalán, quien más tarde fuera ejecutado por conspirar por la independencia de España. Pintó tenía la encomienda de los ilustres socios del Liceo de adquirirlo a toda costa y en eso sí estaba pensando Pancho.

La venta fue una transacción rápida y con un margen de utilidades que haría palidecer a Correa, Bigote de Gato y a Julián Muñoz. ¡Aquél sí era un hombre de negocios! El Tacón costó 200.000 pesos fuertes y Don Pancho lo vendió a su coterráneo en nada más y nada menos que en 700.000.

 

Hispanista revivido.